De Studio Ghibli a Your Name: el anime busca su sitio en la cartelera española

¿La gente prefiere ver Emoji: la película antes que una cinta con reconocimiento en todo Asia? Your Name ha cambiado el paradigma del anime japonés. Denostado por las salas y por el público, empieza ahora a colarse entre las opciones del consumidor. 

Escena de Your Name
Escena de Your Name
es autor de los libros El viaje de Chihiro. Nada de lo que sucede se olvida jamás y Mi vecino Miyazaki.

publicado
2017-10-19 10:30:00

Algo está cambiando en la distribución de cine de animación japonesa en España, pero aún queda mucho camino por recorrer. El éxito de Your Name ha abierto la puerta a nuevos estrenos, y a un cambio sustancial en el modelo y la gestión de estos lanzamientos.

El 7 de abril de 2017 se estrenaba en cines españoles una película llamada Your Name, dirigida por un tal Makoto Shinkai. No era un estreno al uso: solo iba a proyectarse durante ese fin de semana en un número limitado de salas (69) frente a los estrenos “grandes” tradicionales que se proyectan durante la semana entera en un número de salas que oscila entre las 300 y las 400.

Esos tres días le sirvieron a Your Name para alcanzar el 10ª lugar en la taquilla, todo un éxito porque esta película es de esa animación japonesa muchas veces denostada, toda una rareza en los cines españoles que se llenan de producciones estadounidenses de escasa calidad con ingentes campañas de publicidad –recordemos, por ejemplo, la nefasta The Emoji Movie, estrenada pocos meses después en casi 400 salas–.

La cinta de Makoto Shinkai no es –ni mucho menos– el primer anime que pisa los cines de nuestro país, pero sí es la que ha cambiado un poco el concepto de estrenar películas de animación japonesa en salas comerciales, gracias principalmente al compromiso de la distribuidora Selecta Visión, impulsora de la mayoría de estos estrenos, a los que poco a poco se suman otras compañías.Your Name logró en total 328.000 euros gracias a los casi 54.000 espectadores que acudieron a verla. Son cifras muy lejanas a los blockbuster americanos, pero un rayo de esperanza para una subcultura que pretende dejar de estar oculta para sacar la cabeza y conseguir el reconocimiento que empieza a merecer en consonancia con la calidad audiovisual que atesoran muchas de sus obras, menospreciadas sistemáticamente por pertenecer a una técnica –la animación– y a un país –Japón–, una combinación siempre acompañada del recelo y de los estigmas que aún se arrastran desde los años 90 como animación rara, barata, violenta y sexualizada. Your Name no es nada de eso y, no olvidemos, venía de batir récords de recaudación aupados especialmente por el mercado asiático, como es obvio. 

Antes, una franquicia mítica también demostró un fuerte poder de convocatoria que cimentó la idea de que había sitio para el anime en nuestros cines. Hablo de Dragon Ball, cuya película Battle of Gods alcanzó los 347.000 euros recaudados y fue vista por 56.491 espectadores en el año 2014. En 2015 se repitió experiencia con La resurrección de F, que tuvo destacables datos con 211.000 euros y 33.547 espectadores.

El anime ha sido, hasta hace poco, sinónimo de salas vacías

Desde hace varios años ya se estaba viendo que el anime tenía tirón –más allá de las franquicias Pokémon, Doraemon o Shin-chan, que venían impulsadas por la televisión–, pero no ante un público muy mayoritario: una película de animación japonesa podía llenar cines, pero no con la pauta marcada de estrenar un viernes y mantenerse en cartel hasta el viernes siguiente en tres o cuatro horarios distintos al día. Pocos cines apostaban por eso, porque era sinónimo de salas vacías y, finalmente, de no confianza por parte del exhibidor. Muchos seguían prefiriendo proyectar películas de Disney estrenadas muchos meses antes, que un nuevo largometraje anime.

Las películas del reconocido Studio Ghibli abrieron el camino y fueron las únicas que, por sí mismas, encontraron –no sin dificultades– un hueco en las carteleras españolas desde el premio Óscar logrado por El viaje de Chihiro, de Hayao Miyazaki. Este film recaudó en España unos notables 1.100.000 euros, con 241.465 espectadores. Hablamos del año 2002, antes ya se había hecho un intento amplio con el estreno de La Princesa Mononoke en el año 1999, que se saldó con 604.000 euros recaudados y 159.253 espectadores.A pesar de que luego vinieron otras –casi siempre de Hayao Miyazaki– con estrenos relativamente amplios –alrededor de las 150 salas– como El castillo ambulante (612.000 euros y 122.000 espectadores en el año 2006), Ponyo en el acantilado (504.000 euros y 91.024 espectadores en el año 2009), Arrietty y el mundo de los diminutos (391.000 euros y 65.140 espectadores en el año 2011), el declive de las cifras y el cambio de distribución terminaron hundiendo la propuesta, que aún así ha seguido llegando a nuestros cines hasta la fecha con El viento se levanta (367.000 euros y 60.019 espectadores en el año 2014), El recuerdo de Marnie (51.000 euros y 8.365 espectadores) y El cuento de la Princesa Kaguya (53.000 euros y 9.098 espectadores en el año 2016), las dos últimas con una gestión muy discutible por parte de Vértigo Films, que las estrenó a la vez obstaculizándose mutuamente, y desapareciendo de las carteleras en apenas cuatro días al coincidir con días festivos y tener cifras de asistencia muy pobres, también derivadas de sus desastrosos horarios.Los estrenos técnicos y limitados pero suficientemente repartidos son los que han abierto una nueva vía. Primero fueron tímidas incursiones de películas que aparecían una semana en cines pequeños, o pases especiales en cadenas de cines concretas. Esto hizo ver que había un negocio incipiente: películas de gran popularidad en Japón llenaban cines españoles en pases limitados, pero no era posible trasladar ese éxito a los pases “normales” de los cines comerciales.

¿Cuál era la solución? El punto intermedio: llegar a los cines comerciales, a las grandes carteleras, pero de manera limitada para concentrar su público potencial y, en función del éxito, ampliar las sesiones. Esta es la tendencia actual, la que está permitiendo ver en pantalla grande en muchas ciudades españolas algunos de los éxitos del anime que antes solo nos podíamos conformar con ver en nuestra casa en las ediciones Blu-ray / DVD que nos llegaban con bastante retraso respecto a su estreno original.

Así, en 2016 pudimos ver por primera vez en la gran pantalla una película de Mamoru Hosoda –El niño y la bestia–, director que venía precedido de películas anime muy populares que nunca habían alcanzado el estreno en cines en España, como La chica que saltaba a través del tiempo, Summer Wars o Wolf Children, todas ellas éxitos en el mercado del cine en casa.

Ahora vemos en salas lo que antes solo podíamos ver en el DVD de nuestra casa

Cabría preguntarse también el porqué sigue habiendo tanto prejuicio hacia el anime. Cuando una película anime está en unos multicines en igualdad de condiciones con otras de grandes compañías estadounidenses, ante la duda, el espectador medio va a la estadounidense casi en el 100% de los casos. El marketing tiene mucho que ver, pero también el desconocimiento. Películas que son absolutos éxitos en Japón y a las que avala la crítica –nominaciones al Óscar incluidas–, pasan totalmente desapercibidas –cuando no son unos fracasos de taquilla, directamente–. A la película japonesa solo va el que la conoce previamente, el beneficio de la duda nunca cae de su lado para el espectador casual, y eso sigue siendo un gran problema que los cambios generacionales van limando poco a poco, pero del que aún queda mucho camino por recorrer para que, al menos, la balanza se equilibre un poco.