24 jun 2026 06:00

El arroyo fluye con sabiduría y serpentea el territorio. Todas las tentativas de detener su cauce han quedado anecdóticamente guardadas entre las voces del pueblo. Ela disfruta metiendo sus pies en la orilla del río, junto a los pececillos. Tararea una melodía sin letra, que lleva cantándole desde que era más niña su madre, mientras remueve las piedras que han quedado atrapadas alrededor de un surco. Nunca le ha dado miedo el río, se siente en casa. Porque como dice agü, “nuestra casa es todo lo que nos rodea”. En la calma del riachuelo Ela descubre la inspiración que necesita, la semana que viene se celebra en el pueblo la mascarada del equinoccio, una fiesta popular que celebra el paso de una estación a otra pero sin cortar la raíz del movimiento del tiempo. Ela acude al río en busca de ideas para su máscara. Recordó lo mucho que le gusta disfrazarse de otros animales, porque aunque no pueda ser igual que ellos, al menos, siente la fuerza de todas las criaturas. El año pasado fabricó una máscara de hojas y cascabullos de bellotas de la que se siente bastante orgullosa. Este año se la dejará a una amiga algo más pequeña que ella porque compartir es la esencia para que a nadie le falte nada.

Mientras busca en el río piensa que luego va a ir a ver a la agü y así se asegura de que los esquejes estén creciendo bien en el patio, cada mes plantan nueva flora, Ela tiene conocimientos de botánica desde que es muy pequeña, es una de las ventajas de estar siempre en contacto con la naturaleza. Le encanta el pueblo, el olor a los olivos, los huertos infinitos, las carreras por las calles empinadas…Su madre le había contado que cuando ella era niña vivían en la ciudad y no conocía a sus vecinas ni podía salir a la calle a jugar. Y había días en que una nube gris de contaminación era lo único que podía ver por la ventana. Ela respira profundo para aliviarse del agobio que le genera imaginar que su madre tuvo que pasar por aquello de pequeña. Para ella es inconcebible estar alejada del bosque, de las casitas, las huellas de los animales y del río.

Empieza a caminar de vuelta al pueblo cuando ya ha recogido todos los materiales que cree que puede necesitar y pasa por la antigua cantera, su madre le ha contado historias de cómo años atrás los territorios eran expoliados para obtener su riqueza y empobrecer a las comunidades, eso cambió cuando la gente comenzó a “despertar”, está bastante segura de que ya no debe de quedar mucha gente que priorice lo económico sobre los bienes de la tierra porque ahora las comunidades se gestionan con trueques adaptados y la única moneda que hay es comunitaria y nadie tiene más que nadie, simplemente canjea cosas que puedan ser necesarias en otras temporadas. En una de las entradas del pueblo se puede leer aún una pancarta en la que se ve “Decrecer es crecer con la raíz”.

Cuando llega a casa de su abuela no puede evitar preguntarle por el tema, como ella no lo vivió siempre le gusta que se lo cuenten para sentirse conectada con el pasado y hacer las cosas bien en su presente, en definitiva, aprendizaje.

“Hace varios años los pueblos fueron cuidados de nuevo, se llenaron de familias y grupos con intenciones de desarrollo constructivas y ahí tuviste la suerte de nacer, Ela querida. Antes todo eran incendios, usos indebidos de la tierra, contaminación…muerte, eso no era sostenible y la gente empezó a organizarse en pequeñas comunidades cercanas, se compartieron conocimientos, se agilizó la pedagogía por el cuidado y apoyo mutuo y el decrecimiento comenzó, poco a poco, pero el retorno a las zonas rurales fue lo que nos salvó. Muchas cosas cambiaron y no fue fácil pero ahora el horizonte es esperanzador y justo”

Ve como una lágrima asoma en el ojo izquierdo de agü y la abraza fuerte. Ela sabe que el mundo llegó a un punto límite y también es consciente de que aún queda mucho por hacer pero se siente conectada con las personas cuando piensa en cómo debió de ser este gran cambio.

Al salir corriendo de casa de su abuela para llegar a la merienda del parque empieza a saludar a todas las vecinas y vecinos, corre, corre por las calles del pueblo mientras escucha música que sale desde una ventana, a una pareja teniendo la ropa mientras tararean, ve a sus compañeras del Aprenditorium pintando unos botes de vidrio con flores para meter las velas para la mascarada, ve las colonias de gatos echados en la sombra mientras la observan correr, y por fin ve su casa al final de la calle, con su madre saliendo por la puerta con la cesta para la merienda, y su hermano poniendo a punto la bici.

Y corre, y corre porque llega a casa, el mundo es casa y el pueblo es infinito.

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...