23 de noviembre del mes de enero. Año 2075.
Hoy, en el colegio, después de las tres horas de Huerto, hemos dado Historia y después Valores. La que más me gusta es Historia, porque nos hablan de un pasado que me cuesta imaginar, pero que coincide con lo que me cuenta mi abuela. Y es que, este pueblucho, como lo llama ella, es todo lo que conozco. No sé muy bien qué hay más allá porque después de la Gran Crisis de Hidrocarburos los mapas están llenos de dragones. En los mapas se dibujan dragones cuando no se sabe qué o quiénes hay más allá. Y este pueblo, si lo ves dibujado en el mapa, está rodeado de dragones. Las AI, Avanzadillas Investigadoras, o los fisgones, como los llama mi abuela, hace tiempo que no salen porque se decidió que era inútil si no podíamos comerciar con esos pueblos tan alejados.
Estoy escuchando a mi madre entrar en casa. Voy a terminar ya, que esta libreta y este lápiz los robé cogí prestados el otro día mientras la profesora estaba distraída y me puede caer una buena bronca si descubren que estoy gastando material fungible (el más valioso) para escribir este diario mío.
7 de enero del mes de abril. Año 2075.
Creo que es bueno que presente a mi familia y que también hable un poco del pueblo. Yo nací aquí, y tengo once años. Me gusta leer, escribir y jugar al fútbol. En este pueblo se conocieron mi padre y mi madre. Mi abuela llegó con mi madre. Es la persona más mayor que conozco, creo que tiene cien años, pero ella nunca me dice su edad. Es a ella a quien le pregunto qué día es hoy y siempre se inventa una fecha porque dice que da igual qué día sea, que eso ya tiene que dar igual, que no seamos «cagadías».
En el colegio hay tres cursos diferentes. Yo estoy en el nivel de los mayores, el año que viene pasaré al instituto. Mis mejores amigas son Nuri, Olga y Perla. Una vez no fuimos a clase para ir a jugar al río. Allí nos hicimos amigas de verdad porque tuvimos que atrevernos a no ir a clase y después a mentir.
Dicen que el pueblo es pequeño, pero a mí me parece enorme. Desde un apunta a otra tardo media hora andando. Pasa cerca un río y está rodeado de campo y tenemos muchos huertos. En el pueblo vivimos 1.743 personas. Yo fui la 1.700. Mi número favorito es el siete.
14 de abril del mes de septiembre. Año 2075.
Una niña y su padre han llegado hoy al pueblo. Según mi abuela, esto no pasaba desde hacía muchos años. Ha sido todo un acontecimiento. Hemos interrumpido hasta las clases, cuando hemos visto llegar a dos personas caminando, agarradas de la mano.
La niña tiene la cara rara y casi no habla. Es medio china, yo creo. He escuchado a mi padre y a mi madre decir que vienen porque aquí somos menos iños que en otros colegios y así la niña puede aprender mejor. Todo el mundo estaba un poco asustado al principio, pero el hombre nos ha asegurado que no ha pasado nada malo de donde ellos vienen.
11 de septiembre del mes de marzo. Año 2075.
Mi abuela se ha puesto mala. Tose mucho y le cuesta respirar. Hoy he querido quedarme en casa para cuidarla, pero me ha mandado al colegio ella misma, diciendo, mientras no paraba de toser, que no fuera vaga. Ahora estoy asustada un poco enfadada.
Mi padre me dice que no me preocupe, que tenemos una buena médica y una buena farmacéutica. Tenemos, además, dos aulas universitarias: de farmacia y de medicina. Yo quiero ser médica de mayor.
8 de marzo del mes de julio. Año 2075.
La niña tiene síndrome de Down. Creo que se escribe así. Es de mi edad y en clase hemos decidido que yo voy a ser su mentora. Clara, se llama, y casi no habla. Solo me mira con sus mofletes gordos y sus ojos chinos y asiente. A veces me saca la lengua gorda que tiene y se ríe.
26 de julio del mes febrero. Año 2075.
Hoy he pasado el día con Clara. Me han dicho que le enseñe el pueblo. Sigue sin decir gran cosa, pero lo entiende todo.
No tenía que haber empezado a enseñarle el pueblo por la granja, porque le gustan mucho los animales y no he podido sacarla de allí hasta que no se me ha ocurrido hablarle del río. En cuanto le he hablado de los peces y del agua ha salido corriendo en dirección hacia donde yo señalaba… Qué risa.
Después hemos ido al consultorio médico y a la iglesia y al frontón y al polideportivo, que también es la Casa del Pueblo, porque es donde todos los mayores de dieciséis años votan lo que se quiere hacer aquí, quién trabajará en qué y qué se producirá. Esto último nos lo ha explicado el Coordinador del pueblo a la vez que se lo contaba al padre de Clara, que estaba por allí. También le ha explicado que en el pueblo votamos directamente quién queremos que sea el Coordinador, que no hay partidos políticos porque no hacen falta. Que si alguien lo hace mal se le puede destituir y que el cargo dura dos años, porque en realidad el Coordinador solo tiene que supervisar que lo decidido se lleve a cabo. A Clara no le he explicado que esas reuniones semanales son una mierda un rollo.
Mi abuela empeora.
Tos de tos del mes de la tos. Año 2075.
Hace tiempo que Clara llegó al pueblo. Su padre se integró en la cuadrilla de quienes arreglan lo que se estropea. Los «chapuzasquenodanuna», como los llama mi abuela.
Hoy me he enfadado con Clara. Me ha llamado boba cuando le he explicado que tiene que comer manzana de postre porque aquí es lo que más tenemos. Se la he pelado y todo, aunque ella sabe de sobra: se hace la vaga. Y como le pasa a veces, se ha puesto bruta. Primero no la quería coger y después la ha tirado. Le he dicho a la profe que no quiero ser más su mentora. Clara es tonta y una bruta.
Tos de tos del mes de la fiebre. Año 2075.
Hoy, mi madre, que este mes trabaja haciendo pan (antes era vigilante de seguridad, pero como en el pueblo nunca pasa nada malo, se suspendió ese cargo) me ha llevado con ella para que vaya aprendiendo un oficio. Me he divertido mucho amasando y me he olvidado un poco de que mi abuela está cada vez peor.
Por la tarde he estado jugando al fútbol en el campo con mis mejores amigas. He visto que Clara me llamaba, pero ni la he saludado. Luego me ha sacado la lengua y ha venido a pegarme, pero no me ha cogido. Su padre la ha regañado y se la ha llevado.
No tengo ganas de inventarme fechas. Año 2075
Clara ha desaparecido. Mi padre y mi madre llevan todo el día buscándola. Yo me he quedado con mi abuela. Cuando nos vino a avisar por la mañana, su padre nos explicó que hacía mucho que no hacía algo así, y que tiene miedo porque piensa que ha podido caerse al río. Esto último no lo ha terminado de decir porque se ha tapado la cara con las manos y nos ha dado la espalda. Enseguida mi madre ha ido a buscar al Coordinador y se ha organizado la búsqueda.
Yo, como estaba nerviosa y no sabía qué hacer, le he leído el diario a mi abuela. Ella no ha dicho nada, solo escuchaba tumbada en la cama. Leer el diario me ha tranquilizado. Menos mal que me he dado cuenta y he tachado algunas cosas antes de leérselo.
Hoy. Año 2075.
Mi padre y mi madre volvieron de noche, muy cansados. Habían revisado el río y los alrededores, pero nada. Yo, justo cuando me iba a la cama, pensé que Clara podía estar en la granja, así que me escapé sin que nadie me viera. Me dio miedo ir a la granja de noche, pero fui valiente, salté la valla y la busqué sin hacer ruido, porque como es tan cabezota pensé que si me oía se iba a esconder más. Y allí estaba, dormida junto a los cerdos. La desperté, me miró, me sacó la lengua y nos revolcamos en el suelo un rato, riéndonos juntas. ¡He encontrado a Clara!
27 de agosto de 1985. Año 2075.
Ese día nací yo, tu abuela. Te lo escribo aquí, en tu diario, para que dejes de preguntármelo. «Cagadías», que eres una «cagadías».
Y ahora, para no meterte en un buen lío, lee atentamente: arranca las hojas que has escrito con cuidado y deja el resto del cuaderno tirado, sin que nadie te vea, en la parte del instituto, para que piensen que ha sido alguien mayor que tú quien lo tenía. Ya te daré yo, ahora que estoy mejor, algún cuaderno que tengo escondido para que puedas seguir escribiendo tu diario.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!