Ecologismo
Correspondencia
Carta 1 - Carme a Isa (València, 18 de junio de 2025)
Estimada filla,
Hoy cumples cinco años. Felicidades. Me ha costado encontrarte un regalo que no fuese de plástico, fabricado a miles de kilómetros y a saber en qué condiciones. Al final, te bordé una mochila para el curso que viene. Dijiste que parecía de guerrera. Que razón tienes, aunque aún no lo sepas, eres una guerrera. Todas lo somos.
Llevo tiempo pensando en escribirte cartas, aunque se me hace difícil describirte nuestro mundo. Sin embargo, creo que es importante dejar un rastro escrito de este tiempo tan convulso.
Ha sido un año difícil. Seguimos inmersos en guerras y estamos presenciando un genocidio. Quiero que sepas que somos muchas intentando hacer algo, pero todo se queda pequeño. Aquí en Valencia también hemos vivido momentos difíciles. ¿Recuerdas cuando no pudiste ir al cole? ¿Y amigas tuyas tuvieron que mudarse a casa de sus abuelos? Con la DANA del pasado octubre, muchas casas se inundaron, las calles parecían ríos, y murieron muchas personas. Tenemos miedo porque sabemos que cada vez serán más frecuentes, más violentas. También pasamos por un apagón. Nos quedamos sin luz varias horas. Tú creías que era un juego, pero fue un aviso: de la insostenibilidad del sistema, de nuestra fragilidad y nuestra dependencia. El calor también está siendo insoportable. Pero, lo que más me duele no es solo el clima. Es ver cómo el miedo, el odio y el racismo siguen creciendo, como crecen las temperaturas. Deberías estar creciendo en un mundo más libre y más humano, pero la humanidad no está en su mejor momento.
No quiero ponerte triste. Solo quiero que lo sepas. Además, no todo está perdido. Hay personas valientes que siguen luchando contra el asfalto, liberando animales, arriesgando su vida por compartir la verdad... Algunas están cerca de ti. Otras llegarán.
Y aunque la tierra tiemble, mientras tú estés aquí, habrá una razón para seguir luchando.
Con amor,
Mamà
Carta 2 - Carme a Isa (València, 10 de mayo de 2030)
Isa,
Hoy hemos dormido con las ventanas abiertas. Hace un calor que quema. Llevamos dos semanas con 44 grados. En el cole os han reducido el horario, pero en casa tampoco se puede estar. El aire acondicionado ya no hace mucho efecto, cada día la luz está más cara y no sabemos cuando será la siguiente vez que se vaya.
Anoche, en la asamblea del barrio, se planteó por primera vez algo que llevábamos tiempo evitando: irnos. Algunas familias ya lo han hecho. Al norte: Asturias, Galicia, País Vasco o incluso Francia. No es que allí no haya problemas, pero por lo menos el agua aún no escasea, y los veranos no son tan largos.
Me duele dejar la huerta, la plaza donde aprendiste a andar, a las vecinas de la asamblea. Pero no quiero verte sufrir cada verano. Quiero que crezcas corriendo, saltando. Y no quiero esperar a que la situación empeore más.
Estamos considerando irnos a Okondo, al pueblo de tus bisabuelos. Un pueblo cerca de Bilbao. Nos han dicho que por la zona se ha formato una red de ecoaldeas y que siguen aceptando nuevos miembros. Quizás es tiempo de migrar, como otros llevan mucho tiempo haciendo.
Sigues valenta,
Mamà.
Carta 3 - Carme a Isa (Okondo, 12 de junio de 2031)
Isa,
Ya hace dos semanas que llegamos aquí. El viaje fue largo. No es fácil viajar largas distancias con el precio actual de la gasolina. Aun así, mereció la pena, he podido ver en tu mirada algo que no veía desde hace tiempo: curiosidad.
El verde es intenso, vivo. Aquí la gente se pasa el día en la calle, anda mucho y cultiva en las terrazas y en los alrededores de los caseríos, que se han convertido en espacios comunitarios. Estoy muy feliz. Una chica llamada June, me está enseñando cómo recolectan los frutos del monte: endrinas, castañas, helechos tiernos… Tú juegas con su hija mientras nosotras recolectamos moras y hablamos de remedios naturales.
En la comunidad no utilizan más energía de la que pueden generar, hay turnos de cocina y limpieza y, hay una biblioteca comunitaria donde ya has pedido tres libros, uno de ellos lo querías en euskera para ir practicando.
Aquí se respira más esperanza. No se habla tanto del pasado, sino del presente, de generar cambios, con cada semilla, cada conversación, cada decisión que tomamos juntas.
Quizás hayamos dejado València, pero nunca dejamos de ser de donde venimos.
T’estime,
Mamà.
Carta 4 - Isa a Carme - (Okondo, 12 de marzo de 2075)
Mamà,
Hoy he vuelto a Okondo. Quería visitar a las vecinas y traerles noticias. Cerca de la plaza vieja, ha crecido un roble, justo donde solíamos sentarnos a pelar nueces. Me senté debajo y sentí que estaba contigo. Cerca sigue estando el mural que pintaste con tierra y cal donde escribiste “Van voler soterrar-nos però no sabien que érem llavors”. Me emocioné al verlo.
La comunidad ha crecido mucho. Ahora hay niñas que no saben lo que es el asfalto. Recogen hojas para hacer papel y tararean canciones al viento. Les hablé de ti, de cómo llegamos desde muy lejos y de cómo me contabas historias de la Albufera. Quieren saber más de cómo era València.
Yo también soy madre ahora. Mis hijas crecen en comunidad. Ya saben leer musgos, predecir la lluvia y cada una tiene su cabaña en el bosque, les encanta.
Me encontré con June y se puso a llorar, te echa mucho de menos. Al final me marché con semillas en el bolsillo, unos cuantos dibujos y el corazón lleno de recuerdos.
No me olvido de ti,
Isa.
Carta 5 - Isa a Carme (Izazpi, 4 de octubre de 2082)
Mamà,
Estamos restaurando una vieja vía de tren abandonada, para unir nuestras aldeas a pie o en bicicleta. Tardaremos días o semanas en llegar de un punto a otro, pero por suerte no tenemos prisa.
Aquí ya no usamos dinero, pero seguimos intercambiando hortalizas, tiempo, y objetos. Hace años que no se imprimen calendarios, las estaciones marcan nuestro ritmo de trabajo y nuestro tiempo libre. Nos encanta reunirnos y escuchar a las ancianas, ojalá pudiera oír tu voz en las asambleas. Tomamos las decisiones por consenso, aunque a veces se tarde.
He aprendido a hacer bizcochos de ortigas, a parir en comunidad, a despedirme de los que se van sin tenerle miedo a la muerte y a vivir de verdad.
No todo es perfecto, hay días duros, hay noticias tristes y a veces tenemos que defendernos. Pero nuestros días tienen sentido.
Gracias por resistir y sobre todo por imaginar futuros como este.
T’estime,
Isa
Carta 6 - Isa a Lur (Ecoaldea Izazpi, 22 de septiembre de 2100)
Lur maitia,
Hoy ha llegado la hora de escribirte. Sabes que siempre escribía a tu bisabuela, pero hoy te escribo a ti. Me tiembla el pulso, porque estas manos han tejido mucho y han sembrado vida.
Tú naciste en un mundo en el que ya no se escuchan ambulancias ni el zumbido constante de los coches. Nunca viste centros comerciales, ni creciste sentada frente al televisor. Para ti, la palabra crisis no significa gran cosa. Y eso me alegra. Significa que hemos hecho algo bien.
Ya sabes que no fue siempre así. Antes, el aire estaba sucio, del suelo apenas brotaba nada, no se escuchaban los pájaros, había que pagar por el agua, el trabajo controlaba a las personas y había guerras. Tu bisabuela lloraba por las noches, cuando pensaba que yo estaba dormida, porque no sabía si seguiríamos adelante. Hubo apagones, sequías, hambre, migraciones y personas que intentaron controlarlo todo. Pero también hubo rabia y, mucho amor.
No salvamos el mundo porque el mundo no necesitaba salvarse. Solo empezamos a hacer las cosas diferente. Menos consumo, menos pantallas, menos jerarquías, menos dominación, más huerta, más aire, más círculos, más historias.
Hoy celebramos el equinoccio como cada año: con fuego, bailes y pan de castañas. Tú estás bailando con una corona de hojas secas, que has hecho en clase. Al mirarte veo a todas las mujeres que te precedieron. A tu madre, a la mía, a June, y a todas las demás.
Luchamos para que este momento fuese posible.
Maite zaitut,
Zure amona, Isa
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