Opinión
¿Cómo no lo evitamos? Preguntas históricas alrededor de Trump

Las preguntas que surgen alrededor de la figura de Trump se parecen demasiado a las que surgieron entre las cenizas de los horrores de las II Guerra Mundial.
Trump discurso IA 24 de julio
Donald Trump durante un discurso el pasado 24 de julio.
10 ene 2026 06:00

Cada vez que se habla de la II Guerra Mundial, del fascismo del siglo XX y sus horrores lo primero que suele suceder es que alguien pregunta inocentemente: ¿cómo no lo evitamos?, ¿cómo es que nadie lo vio venir? 

Pues tristemente, ahora mismo nos encontramos en ese momento sobre el que preguntarán dentro de muchas décadas. Pero en esta ocasión, el horror no viene de Europa, sino de Estados Unidos, y se llama Donald Trump.

Hace diez años cuando ganó por primera vez las elecciones presidenciales todo el mundo se lo tomó a broma, lo tacharon de loco que grita en la plaza del pueblo, un lapsus en la democracia estadounidense que no tendría consecuencias. Cuando hace un año ganó por segunda vez y empezó su mandato diciendo que el Golfo de México pasaría a llamarse el Golfo de Estados Unidos, que quería anexionarse Groenlandia, que el multilateralismo no sirve para nada y que iba siendo hora de que EEUU volviese a dominar el mundo, todos lo tomamos a risa también, que menudas idas de olla, que no le dejarían hacer nada de eso.

Esta semana hemos visto cómo esa misma persona ha dirigido una operación militar para entrar en suelo extranjero y secuestrar al presidente de esa nación bajo una falsa acusación de narcotráfico —digo falsa porque los mismos tribunales de EEUU acaban de rectificar los crímenes de los que se acusa a Maduro—, llevando a cabo bombardeos y disparos en un país que no es el suyo. 

Después del ataque a Venezuela, Donald Trump salió ante la prensa a reconocer sin vergüenza alguna que lo que quieren es el petróleo, y no contento con asumir su piratería sin tapujos, a continuación, atacó verbalmente a otros dirigentes internacionales como son los presidentes de Colombia, México, Brasil y Cuba. Acusando a algunos de ellos de ser narcotraficantes también. Qué casualidad que todos de gobiernos anti-imperialistas y de izquierdas.

Estamos en un mundo y en un momento histórico en el que el devenir de nuestra civilización lo está marcando un hombre que decide cada mañana a quien se le antoja atacar, y contra quien dirigir sus bulos. 

Ahora mismo nos encontramos en ese momento sobre el que preguntarán dentro de muchas décadas. Pero en esta ocasión, el horror no viene de Europa, sino de Estados Unidos, y se llama Donald Trump

Bulos que han servido para fortalecer su imagen, para validar sus intervenciones, incluso fuera de su país, y que han alcanzado el punto de ser considerados por muchas personas la auténtica verdad.

Ahí está la respuesta a la pregunta histórica de cómo lo permitimos.

Muy sencillo, durante décadas se ha permitido —y se sigue permitiendo— que los discursos de odio, de bulos y falacias se desarrollasen como si fueran mínimamente válidos, escudados bajo el amparo del derecho a la libertad de expresión. Pues lo siento, pero no existe tal derecho cuando lo que estás expresando es una mentira deliberada y con un propósito dañino, y que atenta radicalmente contra otros derechos fundamentales.

Hay quien pensará que exagero ante lo sucedido la última semana, pero no es solo por eso por lo que escribo este artículo, es por todas las amenazas a la humanidad que lleva perpetrando esta persona desde hace años. Recordemos algunas.

Ha validado que un grupo de ultras fascistas ocupasen el Congreso de EEUU cuando no salió reelegido la primera vez, ha dotado de poder casi ilimitado a una sección de la policía que se encarga de perseguir, secuestrar e incluso llegando a matar a ciudadanos que no encajan con el perfil racial de norteamericano, bajo la premisa de ser “inmigrantes ilegales”. Este argumento de anteponer la seguridad nacional a cualquier otro valor o derecho es lo que le ha permitido también intervenir militarmente en países extranjeros, bombardear embarcaciones de otras nacionalidades y reclamar territorio europeo, como es Groenlandia. Además de suprimir otros derechos en su propia nación, incluido el de la libre información al censurar un gran número de libros e interviniendo en la emisión de determinados programas de televisión.

No olvidemos que dio el visto bueno al genocidio en Gaza, permitiéndose el lujo de decir que EEUU ocuparía partes de esas tierras para hacer un resort.

No es tarde, y se puede actuar todavía: corrige a tu entorno cuando replique discursos que provienen de Trump o sus altavoces ideológicos para validar y legitimar actuaciones claramente contrarias a los derechos humanos; manifiéstate, denuncia públicamente y reclama unas instituciones y gobernantes más valientes, que sean capaces de hacer frente al horror que está creciendo al otro lado del charco.

Será tarde cuando las botas negras de los soldados norteamericanos pisen suelo danés, cuando sus armas tomen por la fuerza un territorio europeo, cuando la violencia y la barbarie termine por erigirse ante nosotros.

Y entonces de nada nos servirá preguntarnos: ¿cómo no lo evitamos?, ¿cómo nadie lo vio venir?

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