Culturas
Las vidas de una Gata

El mensaje de Ana Isabel García Llorente, más conocida como Gata Cattana —rapera— o Ana Sforza —poetisa—, continúa vigente y resuena con fuerza dos años después de su muerte. La nueva publicación de su poemario La escala de Mohs (Aguilar, 2019) y el crowdfunding para financiar la película documental ETERNA lo demuestran.

Gata Cattana
Gata Cattana, antes de un concierto que ofreció organizado por Diagonal, en 2015.

publicado
2019-03-06 09:45

Gata Cattana (Córdoba, 1991 - Madrid, 2017) era un grito consciente y argumentado, “un canto a la rebeldía y a la justicia”, tal y como lo definió ella. Un cuestionamiento al progreso, una denuncia social, un repaso a la Historia y una invocación a la igualdad: “Creo que su obra es como un puñetazo en lo alto de la mesa”, resume su madre, Ana Llorente. Lo conjuga así porque que hayan pasado dos años desde su marcha no ha supuesto su ausencia. La artista sigue presente como Ana Isabel García Llorente, como Gata Cattana y como Ana Sforza, según quién la conociera y en qué contexto. Sus amigos, su familia y su ejército —“10.000 oyentes bien usados”, describió en su tema “Desértico”— no la han permitido irse.

Ana Isabel García Llorente nació en un pequeño pueblo de Córdoba, Aldamuz, algo que influyó en su obra: “Vengo de un pueblo de 3.000 habitantes, no puedo hablar de bambas y cosas así porque no es como me he criado. Yo puedo hablar de Historia, de lo que he estudiado y de la riqueza que traigo dentro; de lo que soy”, explicaba en una entrevista.

Su madre destaca su pasión por la lectura y las ganas de aprender que demostró desde que era niña: “Ella quería vivir en el mundo en el que estaba, era una persona con muchísimas inquietudes”, resalta. Eso la llevó también, cuenta, a estudiar Ciencias Políticas en Granada.

Después se mudó a Madrid. Fue en la capital donde se le abrió un abanico de posibilidades en el mundo del rap, un género con el que había empezado a experimentar en el instituto. “Madrid fue la puerta grande, un lugar donde coincidió con gente que le aportó mucho y donde ella pudo expresarse con más libertad, tanto por ser más mayor como por dirigirse un público más amplio —explica Ana Llorente—, aunque la verdad es que ella ha sido bastante libre siempre”.

Precisamente la claridad en los mensajes de Gata Cattana y su fuerte carácter reivindicativo y de compromiso social es lo que, a día de hoy, más se destaca de la artista: “No daba mítines políticos, pero sabía cómo denunciar aquello que estaba mal de forma muy respetuosa”, defiende la madre de la artista. “Y proponía un mensaje de esperanza, un ‘ahora que sabemos lo que está mal, vamos a empezar a construir’”, añade.

Porque Ana, Gata Cattana, vivía en el mundo: “Sabía que la juventud es el futuro y que la mujer es el futuro, por eso cuando sus padres le decíamos ‘¡Ana, qué poco sabes de la vida! Cuando seas mayor te enterarás de cómo funcionan las cosas’, siempre nos contestaba: ‘Somos jóvenes, pero no somos idiotas’”. Sobre eso versa “Todo lo demás, no”, inédito en la nueva edición de su poemario La escala de Mohs (Aguilar, 2019) —que será presentado hoy en la Fnac de Callao, Madrid— y que es un canto, efectivamente, a la rebeldía y a la justicia.



Gata Cattana solía decir que, en su caso, existe un límite muy difuso entre lo que es cada cosa, porque no concebía el rap sin poesía: “Si Góngora y Quevedo hubiesen vivido ahora, habrían sido raperos”, defendía. Sin embargo, sí reconocía que su poesía era más íntima, definiendo a su yo poetisa Ana Sforza como una chica sensible “que defiende las causas que cree justas” y a su yo rapera Gata Cattana como “la guerra”. Una guerra en la que portaba como estandartes el feminismo, la crítica, la libertad y el compromiso; en la que podía, al mismo tiempo, invocar a mujeres referentes de los siglos antes de Cristo hasta su actualidad, mostrar sus conocimientos geopolíticos e históricos, permitir adivinar sus sensibilidades e invitar a cuestionarse la individualidad: “Mis temas son para gente activa: tienes que estar puesto en la actualidad, tener una base o por lo menos curiosidad”, adelantó la artista.


Aunque es más conocida por su faceta como rapera, en pocas semanas su recién editado poemario ha alcanzado la segunda edición. Pasó lo mismo con La Escala de Mohs que publicó la editorial Arcesis en 2016: “Vino a presentar el libro con solo diez ejemplares porque en un mes y medio había vendido casi toda la tirada”, narra Ana Llorente, que recuerda que ni su primer poemario ni sus discos tuvieron apenas promoción. “Ella ya estaba arriba, todo el mundo la estaba buscando”, asegura, “su disco se quedó huérfano, sin nadie lo peleara, y al final ha ganado un premio MIN por sí solo”.

Habla de Banzai (2017), el álbum en el que Gata Cattana estaba inmersa desde hacía meses y que tuvo que ver la luz como trabajo póstumo. Aunque los esfuerzos de la familia y de los amigos por recordar a la artista y difundir su obra han sido más que notables, Ana Llorente lo tiene claro: “El mérito es suyo, si lo que ella hubiese hecho hubiera sido mediocre, la gente se habría cansado —dice—, ella solo necesitaba más tiempo, todo lo demás lo tenía. Si no se ha ido es porque sus letras, su música, su poesía, su voz y ella lo valían”.

Sin embargo, más allá de eso, el esfuerzo de su entorno por no dejarla ir es evidente: la familia y los amigos de Gata Cattana se han encargado de mantener activas su página web y redes sociales, celebrar dos ediciones de concursos de poesía y microrrelatos y montar una exposición con el nombre de la artista. Sin obviar a quienes han inmortalizado su imagen y sus versos a través del arte, con vivos colores en graffitis a pie de calle o referencias en temas musicales, para que siga “viviendo en los mundos en los que estaba”.


También para que la vida y la obra de Gata Cattana —y con ella su mensaje— llegue a más gente, su amigo y director de cine Juan Manuel Sayalonga ha lanzado un crowdfunding para financiar la película documental ETERNA. “No dio tiempo a que Ana se mostrara como lo que era ella, así que el documental me pareció una muy buena idea”, explica Ana Llorente. “Se cumplen dos años desde que Gata Cattana emprendiese un viaje. No sabemos qué pudo llevarse en su maleta, pero sí todo lo que dejó en casa: luces y semillas que hacen de este desierto una selva”, versa la descripción del crowdfunding.

“El mundo se merecía mucho más de ella”, concluye su madre.

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