Julie Doucet, el cómic como experimentación

Con sus tebeos, la artista Julie Doucet forjó todo un nuevo universo, ahora al alcance de las generaciones más jóvenes.

Julie Doucet comic I
La autora canadiense Julie Doucet en la librería Generación X, en Madrid. Álvaro Minguito

publicado
2018-01-20 07:00:00

Es ciertamente un acontecimiento que toda la obra de una artista del cómic como Julie Doucet (Montreal, 1965) sea editada en nuestro país. Fulgencio Pimentel ha recopilado en dos tomos la producción de la autora canadiense más importante de su generación. De su mundo creativo, la investigadora Ana Merino ha apuntado: “Combina elementos autobiográficos, pero estos van más allá de la realidad y desarrollan universos paralelos donde anhelos existenciales y fabulaciones oníricas se transforman en el lenguaje cotidiano de cada viñeta”.

Influyente como pocos historietistas para toda una generación de lectores y creadores, Doucet surge de la escena postunderground con un espíritu punk indomable. Sus historias nos hablan de una manera de enfrentarse (creativamente) a un mundo hostil; de sus cuestionamientos y servidumbres, así como de un afán de experimentación frustrado, en el tiempo, por el contexto. Julie Doucet forjó todo un nuevo universo, ahora al alcance de las nuevas generaciones.

La primera pregunta, después de todo este tiempo al margen de la esfera pública, no puede ser otra. ¿Qué ha estado haciendo Julie Doucet este siglo XXI?
Muchas cosas. He estado haciendo impresiones, también multitud de collages; he escrito poesía y recientemente me he propuesto volver a pintar, a dibujar. Pero lo que estoy intentando es algo completamente diferente a lo que había hecho hasta el momento. Dibujar como solía hacerlo ya no me interesa. Me he hecho con libros de anatomía para, por así decirlo, romper mi mano, mi dibujo. Quiero forzarme a hacer cosas que antes no hacía. También he llevado a cabo algunas animaciones y he comenzado con la escultura; esculturas abstractas, muy geométricas.

Podría decirse que has decidido abordar un camino más expresivo y experimental que intelectual, ¿o es más bien una mezcla de ambos?
Partamos de que no soy una autora especialmente articulada. Soy compulsiva, por lo que suelo abandonarme a hacer cosas sin pensar demasiado. Eso no quiere decir que no ame las palabras, y adoro leer. Sin embargo, la creación no la abordo desde una perspectiva intelectual; no analizo aquello que estoy haciendo, ni tomo un concepto para después desarrollarlo. Mi estrategia, si puede llamarse así, es más “solo hazlo”. Eso es todo.

Algo parecido me ocurría cuando dibujaba cómics y el subtexto feminista que podía leerse en ellos. No era consciente, simplemente estaba ahí, en la manera de expresarme.

El dibujo era el mensaje, por así decirlo.
Sí, era yo misma y la manera en la que me sentía. Todos aquellos cuestionamientos, todas aquellas emociones las encauzaba con la idea de traducirlas y hacerlas universales por medio del dibujo, de los cómics.

Ha pasado tiempo desde entonces. ¿Qué trabajos, qué autores, qué medios influyen en tu manera de ver el mundo hoy?
Antes de todo, he de confesarte que exponerme demasiado al trabajo de otros me paraliza. Me suele impresionar mucho y el pensamiento que me asalta es: “Oh, no. Lo que yo hago no es suficiente”. Pero, por responder a la pregunta, influye en mi manera de ver el mundo la música experimental, por ejemplo.

¿Y qué te ha impresionado recientemente?
Pues hoy he visitado la exposición de William Kentridge en el Museo Reina Sofía y ha hecho que mi mente explote. Pienso que es muy difícil tener éxito haciendo algo político cuando eres un artista; y él logra hacer algo tan preciso, conmovedor e interesante con su obra, poniendo en escena actores y marionetas... Me ha conmovido hasta el punto de hacerme llorar.

Es muy interesante tu punto de vista, tan poroso, abierto a todo. ¿Cuál es tu perspectiva del mundo del cómic después de tanto tiempo lejos de la opinión pública? ¿Estás leyendo lo que se hace ahora? ¿Qué opinión tienes de la escena actual?
Estoy un poco fuera de todo, pero, comparándolo con cuando abandoné el mundo del cómic, creo que ahora está mucho mejor. Es más abierto que cuando yo me fui. Lo dejé porque me sentía explotada por aquel entonces, no había mucho espacio para la experimentación en el cómic. Ahora está mucho más aceptado que quieras proponer desde la experimentación; puedes hacer cómic con una cierta narrativa, pero no la canónica. Es más interesante, desde luego. Creo que si hiciese cómics ahora, no habría dejado el medio.

¿Crees que la filosofía del fanzine persiste en nuestro presente?
Desde luego. Estos últimos quince años es a lo que me he dedicado: a poner en la calle, mediante suscripción, pequeñas publicaciones. Desde hace dos años lo hago desde mi casa. De lejos, es mi actividad más gratificante.

Sé que te han preguntado sobre este tema en otras ocasiones, pero, dado que los tiempos cambian y también lo hacen las personas, ¿qué piensas sobre el tratamiento de la violencia (simbólica) en la ficción?
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me preguntaron por este tema. Hubo un tiempo en el que me parecía una estrategia interesante, pero ahora pienso que es una manera demasiado fácil de provocar una reacción. Yo utilicé este recurso en mis cómics; en su momento me pareció interesante, pero ha dejado de funcionar para mí.

En estos momentos exploro otras vías más sutiles. No creo que haya que decir las cosas tan in your face, sobre todo en lo que respecta a las imágenes. Tengo la sensación de que hemos abusado de las imágenes, las hemos vaciado de sentido. Para abordar la violencia simbólica, en estos momentos, prefiero las palabras.

Pero las palabras también son imágenes…
Sí, pero las imágenes son más difíciles de subvertir.

¿De ahí la transición del cómic al collage?
Para mí tiene mucho de tomar prestadas imágenes de otras personas, sobre todo palabras cuando leo, porque tengo bastantes dificultades para que surjan imágenes propias; me es difícil imaginar, sobre todo a la hora de escribir. Perdona, no suelo cuestionarme mucho sobre lo que hago; estoy pensando en alto ahora mismo sobre ello.

A propósito de pensar en voz alta, ¿cuál es tu relación con las redes sociales?
No tengo mucha relación con ellas, no me gustan. Encuentro Facebook muy aburrido, y me sorprende la cantidad de información que la gente da de sí misma. Por no mencionar que, cuando publicas una imagen, deja de ser tuya para siempre. Tienes que gestionarla sabiamente.

He utilizado las redes sociales para publicar información sobre mis fanzines. La gente suele darle a “me gusta” profusamente, pero muy pocos los compran. Por otro lado, está el tema de aquello que cree la gente que le hace parecer “interesante”. En ese sentido, creo que las redes sociales son extremadamente reveladoras… y decepcionantes en muchos casos.

Julie Doucet comic II
La autora canadiense Julie Doucet en la librería Generación X, en Madrid. Álvaro Minguito
En tus cómics abordas reiteradamente un tema, el de no saber cómo ser una chica… ¿Persiste esta idea?
En el presente existe una mayor libertad para ser como desees. La incomodidad de no saber ser una chica casa más con la sensación que tenía en los años 80, tras una infancia como tomboy y una adolescencia en la que el maquillaje no me interesaba lo más mínimo. Ocurre, además, que, cuando no te sientes especialmente atractiva, te vuelves muy consciente de ti misma… Pero, tampoco es que haya tenido la sensación de encajar en una sociedad con esas demandas en lo que a ser mujer se refiere.

Lo comentas un poco como frustración. ¿Te has resistido al mandato de cómo ser una chica? ¿De cómo ha de comportarse una mujer?
Digamos que es algo que ya no me importa. Sí es cierto que, si hubiera tenido una mayor libertad para ser; es decir, si hubiese sentido antes que no tenía que complacer a nadie, las cosas podrían haber sido muy distintas. Por otro lado, al menos para las mujeres heterosexuales de mi generación, resulta difícil emparejarse; los hombres, por lo general, suelen tener parejas más jóvenes, lo que hace que el panorama emocional no sea nada sencillo.

¿Qué piensas del interés de las nuevas generaciones por el feminismo? La recuperación de una cierta conciencia riot grrrl, íntimamente relacionada con el fanzine, el “hazlo tú misma”.
Estoy entusiasmada. El feminismo que se trabaja ahora es mucho menos categórico que aquel al que yo estuve expuesta en los años 80 y que no me hacía sentir que perteneciera a ello. Ocurrió por aquel entonces que acudí a una librería feminista con mis fanzines y los rechazaron porque consideraron que eran violentos, que se hacía una apología de la violencia contra las mujeres. Para mí fue una prueba más de que aquello no iba conmigo. Me alegro mucho de esta nueva generación de feministas; creo que sus puntos de vista más abiertos e inclusivos sí me representan.

¿Y qué piensas de que haya más mujeres haciendo cómics?
Es maravilloso. La falta de compañeras fue la razón por la que dejé los cómics. Estaba cansada de estar siempre rodeada por hombres. Cuando comencé a dibujar estaba muy cómoda con ello, conocía muy pocas mujeres en el mundo del cómic, y, al mismo tiempo, compartía muchos de los gustos de mis compañeros. Hasta que llegó un momento en que desconecté de todo aquello, el ambiente nerdy propio de los tíos dejó de interesarme.

Pero has vuelto a dibujar…
Poco a poco, pero no es cómic lo que estoy haciendo, aunque no lo descarto. Simplemente estoy viendo dónde me lleva el dibujo. Sin más.

Eres consciente de que has sido inspiración para muchas autoras de cómic.
Sí, es algo muy gratificante. Es lo que me hace pensar en que todo lo que he hecho tiene valor. Lo que me empuja a seguir adelante. Cada vez que una autora joven se acerca y me dice que mi trabajo la inspira, para mí es algo maravilloso y difícil de creer. Me conmueve.
Julie Doucet comic III
La editorial Fulgencio Pimentel ha recopilado toda la obra de Julie Doucet en dos volúmenes.
Las dos antologías editadas en España por Fulgencio Pimentel acercan tu obra a las nuevas generaciones. Son historia del cómic, vaya.
Para mí es un gran regalo ver todo mi trabajo recopilado en dos libros. Es un trabajo enorme, increíble, que agradezco muchísimo.

En tus cómics, la ciudad juega un papel importante.
Sí, pero la ciudad, en sí misma, el concepto de ciudad, no ha influido tanto en mi trabajo como las oportunidades de conocer a otras personas que ofrece lo urbano. Las experiencias con los otros son las que nutren esas historias. Los cómics son emanaciones de mí misma. Cierto que el ambiente, la ciudad, está ahí, desde luego, pero mis historias nacen del detalle, de las pequeñas cosas que se hacen grandes en tu propio universo. El tiempo y los espacios en los que fueron concebidas mis historietas están ahí, siempre han tenido una estética muy ochentera, pero la inspiración no viene tanto del afuera como de mis propias contradicciones internas, de las relaciones con otras personas y de cómo me afectaban.

Hablando de relaciones, del ambiente de artistas en el que te has movido y te mueves, tengo curiosidad por el concepto de autor y por cómo os organizáis, cómo hacéis frente a la precariedad del creativo en Canadá.
Entre los artistas canadienses no hay un sentimiento de colectivo o de unión. No existe la idea de unirse para ser más fuertes. Hay que entender que, en Canadá, tenemos una visión distinta de la economía y de la sociedad de la que conocéis de nuestros vecinos estadounidenses, más inermes ante el sistema. Dándole vueltas, la razón por la que los autores de cómic, los artistas, no se organizan en Canadá se puede deber a que el Gobierno invierte económicamente en la escena artística. Especialmente en Quebec, donde la política cultural es muy fuerte en este sentido y, por lo tanto, la precariedad no es tal.

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