Opinión
Ayudar no siempre ayuda
Propuse este tema al equipo de El Salto con la intención de escribir un artículo titulado En contra del voluntariado por culpa del hartazgo que me provoca que ciertos festivales del cine subvencionados con dinero público pidan voluntarios para llevar a cabo su tarea.
A mi enfado se le sumaba la cantidad de gente que escribe gratis para medios como Zenda o mismamente en Substack, haciendo que el valor del trabajo de los profesionales se devalúe. Parece un gesto altruista, pero en realidad se trata de un sabotaje esquirol.
Hablé con varias fuentes sobre este tema, el primero Andrés, que es historiador, músico y profesor de percusión en el grupo Latexo, de Santiago de Compostela. Su argumento principal fue que él no quiere vivir en un mundo donde todo se mueva por dinero. Además de sus labores como profesor de percusión, Andrés ha montado unos talleres en varias cárceles gallegas, de manera voluntaria, donde él se ocupa de los gastos de los viajes porque entiende que esa actividad lo merece.
Me parece que deberían ser los centros penitenciarios los que afrontaran esos gastos junto con los salarios de los profesores, pero no es así. Sin embargo, aunque no tengan un precio para la institución, Andrés y sus compañeros creen firmemente en el valor de esos talleres.
En mi campo de trabajo no solo está la prensa, sino también el comisariado, la crítica de arte o visitas guiadas a exposiciones a cambio de dinero. Le comento a Andrés que hay gente que desempeña ese mismo trabajo de manera voluntaria, tal vez por aburrimiento o por el consejo de un psicólogo, y me responde que tienen el mismo derecho que yo a realizar dicha actividad. Me pregunto entonces si esa gente tendrá la nevera llena porque en la mía ya solo queda medio limón seco y dos yogures.
Por otra parte, cuando veo instituciones tan económicamente poderosas como el Centro Botín pidiendo voluntarios para sus actividades me hierve la sangre.
Cuando estudiaba el máster de Crítica y Museología en la USC en 2010, la dirección entendió como prácticas un voluntariado “forzoso” durante la Feria Internacional de Arte Contemporáneo Espacio Atlántico,en Vigo,dirigida por David Barro, que era también profesor de dicho máster y que actualmente es el director del museo Es Baluard en Mallorca. Los gastos del viaje corrían por nuestra cuenta con la promesa de un reembolso posterior, cosa que no ocurrió jamás. A pesar de ser personas formadas, la dirección decidió coger a las chicas más monas de mi clase para ponerles ropa de azafata y que se dedicasen a hacer de floreros. A los demás, al parecer no tan agraciados como para realizar la labor de azafatos, nos pusieron a meter libros dentro de totebags para entregar a los participantes.
En mi caso me escaqueé olímpicamente para ir a hablar con los galeristas en los stands y ver cómo funcionaba una feria. Al protestar por cómo se habían aprovechado de mis compañeros, fui “invitada” a no volver a la feria, pese a que ya había adquirido compromisos dentro de un stand, que era lo que realmente me podía servir para el futuro. Una vez más, un empresario se estaba lucrando del entusiasmo de unos alumnos por introducirse en el circuito del arte.
También he conversado con Isla, un payaso y profesor de circo que me ha hablado de sus experiencias como voluntario en festivales. Al principio de su carrera, participó en algunos donde no le cubrían ni los gastos del viaje y allí se encontró con que otros voluntarios de mayor fama eran tratados de manera VIP mientras que los que mayor esfuerzo hacían para trabajar gratis eran los menos recompensados.
Aun así, esto no frenó sus ganas de ayudar, así que también trabajó como voluntario en el Sáhara donde, pese a la escasez de recursos, fue tratado con dignidad y la recompensa fue comprobar con enorme satisfacción la buena acogida del público infantil. En Galicia, estuvo en primera línea de voluntariado con el desastre del Prestige y cuando se mudó a Valencia también ayudó en el de la dana. Entiendo que en este tipo de urgencias es básico que la gente arrime el hombro, ya que ningún Estado está preparado para crisis de este alcance. No debería de ser así, pero por desgracia lo es.
También he estado en conversación con Marta, profesora de Filosofía que reside en un pueblo de Ourense y que ha participado en brigadas antiincendios de manera voluntaria y gastándose su propio dinero en material para la extinción.
Aquí ya no es que el Estado no esté preparado, sino que la Xunta no hace bien su labor dentro de la prevención de incendios y deja a los vecinos solos contra un problema que amenaza sus hogares. Es normal que la gente defienda sus casas y las de sus vecinos, pero no es justo porque los impuestos están para que profesionales sean los que lleven a cabo estas labores.
¿Cómo voy a posicionarme contra el voluntariado con todos estos casos donde este esfuerzo es tan necesario? No puedo, lo que sí denuncio son los casos en que empresas y empresarios se nutren de la buena voluntad de la gente para ahorrar en gastos.
Equiparar el sacrificio de quien no se puede permitir un gasto personal con el esfuerzo de un grupo que decide trabajar sin cobrar es un error de perspectiva; lo primero es una limitación impuesta, lo segundo es una elección colectiva. Y siempre que exista labor de voluntariado tiene que tratarse de que todas las personas trabajen de manera no remunerada, que nadie saque tajada del esfuerzo de otros que están trabajando gratis.
El voluntariado es un arma de doble filo por culpa de esos listillos que se aprovechan de la buena voluntad de la gente. La picaresca lleva siglos ligada a la idiosincrasia de este país y es la peor plaga, tanto en el ámbito social y cultural como en el empresarial y político.
También, muchas veces, esta buena voluntad no incluye un pensamiento crítico que te haga reflexionar sobre si eso que a ti te entretiene le está quitando el pan a otros que podrían estar cobrando por ese trabajo porque se han formado para ello y es a lo que se dedican para sobrevivir, porque, al parecer, a vivir solo se dedican unos pocos.
Ayudar no siempre ayuda, pero gracias a todos los que ayudan cuando hace verdaderamente falta.
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