Lo que sostiene una huelga cuando todo juega en contra

En las protestas laborales no siempre gana quien más razones tiene, sino quien mejor se organiza. A partir de cuatro cierres de Walmart en China, este artículo muestra qué hace que un conflicto laboral aguante en el tiempo o se venga abajo enseguida.
China Walmart

Muchas veces, cuando pensamos en organización sindical solemos imaginar contextos donde existen sindicatos legalmente reconocidos, negociación colectiva o al menos cierto margen para la acción pública. China es casi el extremo contrario: el Estado controla la organización sindical oficial, las estructuras independientes están prohibidas y muchas protestas laborales duran solo unas horas o unos pocos días antes de disolverse.

Precisamente por eso resulta interesante que existan estudios que intentan entender por qué, incluso en ese contexto, algunas protestas sí consiguen sostenerse. El artículo Overcoming collective action problems facing Chinese workers, de Chunyun Li y Mingwei Liu, analiza cuatro conflictos laborales en tiendas Walmart en 2014 para responder a una pregunta muy concreta que también nos puede servir en nuestras latitudes: Si las condiciones son adversas para todos, ¿por qué algunas protestas duran semanas o meses y otras desaparecen en cuestión de horas?

Su respuesta es sorprendentemente sencilla y útil, y es que la duración de una protesta depende en gran medida de si existen representantes legítimos dentro del centro de trabajo y redes de apoyo externas capaces de reforzar la organización.

Cuatro protestas parecidas, resultados muy distintos

Los autores comparan cuatro protestas provocadas por cierres de tiendas Walmart en distintas ciudades. Las plantillas eran similares: trabajadoras mayoritariamente mujeres, con varios años de antigüedad y fuerte arraigo en sus comunidades locales. El detonante también era el mismo, cierres de las tiendas con ofertas de indemnización o traslado. Sin embargo, la duración de las protestas fue muy distinta.

En dos ciudades las movilizaciones fueron muy breves: una duró cuatro días (Ma’anshan) y otra apenas un día (Xinxiang). Fueron estallidos típicos con indignación inicial, acciones inmediatas, pero sin estructura organizativa capaz de sostener el conflicto.

En cambio, en otras dos ciudades la protesta sí logró mantenerse: una durante tres semanas (Guangzhou) y otra durante más de tres meses (Changde). La comparación entre estos cuatro casos permite ver qué factores marcaron la diferencia.

Representantes con experiencia en el centro de trabajo

La primera diferencia importante es la existencia de representantes formalmente elegidos por los propios trabajadores. En las protestas que duraron más tiempo (Changde y Guangzhou), los trabajadores eligieron portavoces para coordinar demandas, negociar con la empresa y organizar la participación. En las que se disolvieron rápidamente (Ma’anshan y Xinxiang), estos representantes no llegaron a consolidarse.

Esto no es un detalle organizativo menor, sino que cumple varias funciones decisivas. Primero, reduce el problema clásico de toda protesta, que es la tentación individual de no participar y dejar que otros asuman los riesgos. Cuando hay personas visibles tirando del proceso, asumiendo el liderazgo pero también poniendo sus cuerpos y sus individualidades en riesgo, y esas personas generan confianza con el resto y no asumen todas las tareas sino que buscan activamente la implicación del grupo es más fácil que el resto se anime a participar y a implicarse también.

Para reforzar la presión social y el grado de implicación de las trabajadoras, las representantes del centro de trabajo recogieron firmas y huellas dactilares en cartas de autorización, un gesto que en la cultura china simboliza un compromiso solemne con la palabra dada. Además, reunieron un pequeño fondo común entre las personas participantes, de modo que la implicación no fuera solo simbólica o política, sino también material, al tener una inversión económica en la protesta.

En el caso más duradero (Changde), además, los representantes tenían experiencia previa en negociación colectiva y conocimiento del funcionamiento interno de la empresa. Así, se adelantaron al cierre de la tienda y llevaron a cabo una ocupación de la misma.  69 trabajadoras mantuvieron la ocupación durante más de dos meses, turnándose para custodiar la mercancía, lo que les daba una baza negociadora muy concreta y fácil de explicar al conjunto del grupo: el valor de la mercancía era mayor que la compensación que reclamaban. La ocupación, además, no solo servía como instrumento de presión material, sino también como espacio de politización y cohesión, ya que permitía a las líderes sindicales dirigirse con frecuencia al grupo, sosteniendo la moral, la esperanza y la solidaridad colectiva.

Por último, dado que las agencias gubernamentales suelen intervenir en las protestas laborales con fines de control social, las representantes del centro de trabajo que logran sortear, desactivar o persuadir a los funcionarios implicados se sitúan en una posición mucho más favorable para sostener la esperanza, la resistencia y la capacidad de aguante del grupo movilizado. 

No basta con tener representantes, importa lo que saben hacer.

Redes de apoyo externas

El segundo elemento clave fue la existencia de activistas externos capaces de reforzar la protesta. En China, estas figuras pueden ser abogados laboralistas, miembros de ONGs, académicos o militantes con experiencia organizativa. No sustituyen a los trabajadores, pero ayudan a sostener el proceso, y su intervención cumple varias funciones muy concretas. 

Por un lado, aportan asesoramiento legal y táctico, lo que permite transformar una protesta espontánea en una secuencia organizada, desde elegir representantes, formular demandas comunes, solicitar negociación colectiva, y mantener presión sobre la empresa.

Por otro lado, refuerzan la sensación de que la protesta puede servir para algo. Cuando los trabajadores perciben que no están solos, aumenta la disposición a resistir.

Y finalmente, pueden ampliar el espacio político del conflicto mediante la búsqueda de apoyos, difusión de información o introduciendo interlocutores adicionales en la negociación.

Además, según los autores, la eficacia del apoyo de activistas externos a una protesta concreta depende de tres factores principales: que lleguen a conocer la existencia del conflicto, que se encuentren geográfica u organizativamente próximos al lugar de la protesta, y que dentro del centro de trabajo existan activistas con suficiente capacidad para poner en práctica la orientación, los consejos o las estrategias propuestas desde fuera. 

En los casos más breves (Xinxiang), este apoyo prácticamente no existió. En el otro conflicto breve (Ma’anshan) hubo cierto apoyo a distancia, pero sin capacidad real para sostener la organización.

La diferencia entre resistir tres semanas o tres meses

Los dos factores anteriores estuvieron presentes en las dos protestas que lograron mantenerse (Changde y Guangzhou), pero no con la misma intensidad.

En el conflicto más largo (Changde) coincidieron representantes con experiencia organizativa previa y una red amplia de apoyo externo formada por abogados, académicos y activistas coordinados entre sí. Esa combinación permitió construir una estrategia reconocible basada en elegir portavoces, agrupar demandas, coordinar acciones y mantener la presión durante meses.

En el conflicto que duró tres semanas (Guangzhou) también hubo representantes y apoyo externo, pero con menos experiencia, menos recursos y menos capacidad para sostener la negociación frente a la empresa y las autoridades. Con el tiempo, la sensación de que la protesta no avanzaba debilitó la participación. La diferencia no fue la represión ni el contexto político, sino la capacidad organizativa disponible.

Una lección que no vale solo para China

El interés de este estudio no está en las particularidades del sistema laboral chino, que son muy específicas. Incluso en un contexto donde no existen sindicatos independientes legales y donde la represión es frecuente, las protestas que consiguen sostenerse comparten dos rasgos: la existencia de representantes legítimos dentro del centro de trabajo y la existencia de redes externas capaces de reforzar su capacidad estratégica.

Estos dos elementos ayudan a resolver problemas clásicos de toda acción colectiva, es decir, quién asume el riesgo de empezar y por qué merece la pena seguir. Por eso su importancia no se limita a China, sino que son condiciones que aparecen una y otra vez en conflictos laborales, sindicales y sociales en muchos lugares distintos. Cuando existen, las protestas tienden a durar más. Cuando faltan, incluso conflictos con motivos muy fuertes suelen disolverse rápidamente.

En contextos muy diferentes, la pregunta organizativa sigue siendo la misma: quién coordina desde dentro y quién sostiene desde fuera.

Sobre este blog
En las luchas sociales en la que vivimos, la desorganización es sinónimo de fracaso. Y, el fracaso, es sinónimo de pérdida de derechos. De calidad de vida. De dignidad. Este blog explora, a través de las experiencias y reflexiones de distintos colectivos y sindicatos, alternativas a la mera canalización del descontento social y distintas metodologías para organizar realmente a las personas y construir poder popular. Sigue nuestro canal de Telegram: https://t.me/cuadernosdetrabajo
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