Jaume Matas: la caída al infierno del presidente todopoderoso

El 5 de julio de 2007, Jaume Matas abandonaba la presidencia del Govern balear. Diez años después, su historia es la de sus procesos abiertos por corrupción.


publicado
2017-07-04 14:13:00

Diez años. Es el tiempo que ha transcurrido desde que, el 5 de julio de 2007, Jaume Matas cesara como presidente del Govern balear tras perder la mayoría absoluta de la que había gozado durante cuatro años.

A lo largo de esa legislatura, el ex dirigente del PP quiso volcarse en la recuperación de la economía de las islas y en la proyección de numerosas macroinfraestructuras, pero los sobrecostes que éstas acarrearon y el elevado tren de vida del que disfrutó mientras era máximo mandatario acabaron poniéndole en el punto de mira de la justicia. Hoy, con tres condenas a sus espaldas (dos de ellas firmes), aún tiene otros siete juicios por delante. 

Antes de ese mandato, Matas ya había recorrido un tramo de la que sería su trayectoria política. Director general de Presupuestos entre 1989 y 1996, conseller de Economía a partir de ese año y presidente del Ejecutivo autonómico desde 1996 a 1999, fue nombrado en el año 2000 ministro de Medio Ambiente en el segundo mandato de José María Aznar hasta que en 2003 volvió a concurrir a las elecciones autonómicas como candidato a la Presidencia balear. Fue entonces cuando comenzó todo.

Negocios urbanísticos, construcciones megalómanas, autopistas por doquier… la segunda legislatura de Matas fue fructífera en proyectos que estuvieron rodeados de polémica por su alto coste y su fuerte impacto ambiental, mientras, a su vez, el también presidente del PP balear tejía una red de influencias entre hoteleros y grandes empresarios.

Entre las infraestructuras que se pusieron en marcha bajo su mandato destaca una por encima de todas las demás, el velódromo Palma Arena, cuyo coste, inicialmente estimado en 47 millones de euros, acabó superando los cien. Matas quería transformar Baleares con proyectos cuya impronta perdurase en el tiempo y para ello intentó reducir al máximo los tiempos, sin detenerse a pensar en posibles fallos y deficiencias, costase lo que costase.

Más de 220 deficiencias

Fue lo que sucedió con el mausoleo deportivo. Un informe técnico llegó a detectar más de 220 defectos y carencias en la construcción del velódromo, la gestión de cuyas obras fue encargada a una fundación, el Illesport, que nunca llegó a reunirse para tomar decisiones sobre los trabajos. Aquéllas eran directamente adoptadas por Matas y así las transmitía al órgano público. Los patronos de la fundación no celebraron jamás ningún encuentro, a pesar de que, para dar apariencia de legalidad, fueron redactadas 22 actas falsas de supuestas reuniones nunca celebradas.

Los hechos han sido el principal foco de investigación del conocido como caso Palma Arena, impulsado en 2009 por el juez José Castro, que llegó a relacionar el sobrecoste del velódromo con el enriquecimiento ilícito de Matas. Ese año, la Fiscalía puso la lupa sobre los elevados dispendios en efectivo (sobre todo en muebles y artículos de lujo) del ex dirigente y de su mujer, Maite Areal, quienes residían en Estados Unidos desde que Matas perdió los comicios de 2007.

Otro de los focos que llamaron la atención de los investigadores fue el palacete que el matrimonio había adquirido en pleno casco antiguo de Palma de Mallorca, por el que el ex presidente abonó 980.000 euros a pesar de estar tasado en 2,4 millones. La reforma del mismo, según diversos proveedores que trabajaron en ella, fue costeada mediante el pago de más de 300.000 euros en metálico. ¿De dónde había salido ese dinero?

La Fiscalía asegura no haber podido esclarecerlo y hace apenas dos meses solicitó el archivo de las pesquisas sobre las ganancias de Matas. El juez Castro se vio obligado a sobreseerlas –la Ley así le emplaza siempre que las acusaciones lo soliciten–, aseverando que no hay indicios claros de que el matrimonio blanquease fondos de origen ilegal en la adquisición del palacete, pero sí dejando patente que existe un incremento patrimonial “no justificado” cuyo origen no ha sido aclarado.

El caso Palma Arena no sólo se ha centrado en la suntuosa vida de Matas y Areal. Castro lo dividió en hasta 28 piezas separadas: varias de ellas han sido archivadas, otras tantas ya han sido juzgadas y una decena se encuentra pendiente de juicio.

Condenado en tres ocasiones
Desde que comenzó a ser investigado, Matas ha sido condenado en hasta tres ocasiones: cumplió nueve meses en la cárcel de Segovia –fue el primer expresidente autonómico y segundo exministro en ingresar en prisión– por un delito de tráfico de influencias por auspiciar el pago con fondos públicos al articulista que le ensalzaba en sus columnas, y fue condenado después, por cohecho, al pago de una multa de 9.000 euros y al comiso de 42.111 euros, que fue la cantidad que percibió como dádiva mediante la contratación simulada de su esposa por un hotelero de Mallorca. Ambas sentencias son firmes.

La última de sus condenas es la del caso Nóos: el pasado mes de febrero, el ex ministro fue sentenciado a tres años y ocho meses de cárcel por el desvío de fondos del Gobierno balear a favor de la entidad liderada por Iñaki Urdangarin y su ex socio Diego Torres. Esta semana, la Fiscalía del Tribunal Supremo ha reclamado que la pena le sea incrementada en un año más.

Pero su recorrido judicial no termina ahí, ya que se espera que se prolongue durante un tiempo en el que está previsto que Matas se siente en el banquillo, al menos, en hasta siete ocasiones más. Precisamente, el próximo lunes tendrá lugar su próximo juicio con la presencia, además, de otro protagonista relevante: el arquitecto Santiago Calatrava.

En concreto, la Fiscalía Anticorrupción reclama un año y tres meses de cárcel para el exmandatario del PP por amparar la contratación irregular del ingeniero valenciano para elaborar el anteproyecto de un palacio de la Ópera que nunca llegó a ser construido. El arquitecto, eso sí, percibió 1,2 millones de euros de las arcas públicas y, según Castro, el único objetivo de Matas con este proyecto fue “favorecer sus propios intereses”, puesto que lo hizo público apenas unos meses antes de las elecciones de mayo de 2007. La maqueta del fallido edificio acabó en un almacén y el anuncio de la Ópera de nada le sirvió para hacerse con la mayoría absoluta.

Over, la empresa que financió al PP

Ya el próximo año, Matas será juzgado junto a su ex conseller de Interior y ex delegado del Gobierno en Baleares, José María Rodríguez, por supuestamente desviar fondos públicos al favorecimiento de la empresa Over Marketing, que había financiado en negro las campañas electorales del PP en 2003 y 2007. También se encuentra acusado el propietario de Over, Daniel Mercado, quien confesó que, antes de los comicios de 2003, pactó con Matas cobrar la campaña con dinero opaco al fisco. El Ministerio Público reclama cinco años de prisión tanto para Matas como para Rodríguez.

También en relación con Over, el ex ministro será enjuiciado por adjudicar a esta empresa, por un total de 109.138 euros fraccionados en contratos menores, la realización de una campaña de publicidad para la digitalización de la Administración de la que, sin embargo, no ha sido hallado ningún informe. En el marco de estas pesquisas fueron incautados varios correos que contenían comunicaciones con Over sobre la anterior campaña antes de que ésta fuese adjudicada. Matas se enfrenta, por estos hechos, a una petición de cárcel de dos años.

Dos de los juicios que también tiene pendientes están relacionados con la contratación de los arquitectos que se encargaron de dirigir las obras del Palma Arena. La Fiscalía pide dos años de prisión para el exdirigente balear por ordenar la contratación a dedo al primer arquitecto del velódromo, Ralph Schürmann, por 9,4 millones de euros, mientras que reclama otros dos años por actuar del mismo modo con quienes sustituyeron a Schürmann, Luis y Jaime Garcia-Ruiz, que acabaron percibiendo hasta 8,5 millones de euros en honorarios.

La lista continúa. Matas también deberá desfilar ante el tribunal por el pago de 350.000 euros a la empresa Nimbus, otra de las mercantiles próximas al PP que se encargó de diseñar las campañas electorales del partido –y está acusada también de cobrar parte de estos trabajos en negro–. Los fondos iban dirigidos a patrocinar el Mundial de Ciclismo en Pista que debía celebrarse en el Palma Arena en 2007. La acusación pública solicita un año y medio de prisión para Matas.

Finalmente, Castro abrió el pasado mes de junio el séptimo juicio contra el ex ministro de los que tiene pendientes. También en relación con Nimbus, a la que se le habría adjudicado de forma irregular la campaña publicitaria del Mundial por un total de 870.000 euros, un expediente, además, tramitado en cuatro días y con un fin de semana de por medio.

Un hospital en entredicho

La construcción del hospital de referencia de Baleares, conocido como Son Espases, se suma al número de casos abiertos contra Matas. Durante dos años, Castro ha investigado los pormenores que rodearon a la adjudicación de las obras de la infraestructura sanitaria a una de las filiales de Florentino Pérez, Dragados, por 635 millones de euros. El proceso, plagado de supuestas irregularidades, ha llevado al juez a abrir las puertas del banquillo al ex presidente balear por estos hechos, que están pendientes de que la Fiscalía determine su petición de pena y, por consiguiente, si definitivamente envía a juicio al ex dirigente ‘popular’.

Es el legado que dejó Matas tras su paso por el Consolat de la Mar –sede de la Presidencia del Govern–. “Queda claro que ha venido a burlarse de los simples mortales”, manifestó Castro en un auto dictado en marzo de 2010, tras tomar declaración al ex presidente durante más de 16 horas. Era la primera vez que ambos se veían las caras y, pese a las justificaciones que ofreció Matas sobre su enriquecimiento –atribuyéndolo a una herencia familiar, desvinculándose además de las ilegalidades detectadas en la construcción del Palma Arena–, de nada sirvieron para que el juez continuara adelante y durante varios años con sus investigaciones. Ahora, el nombre de sus faraónicos proyectos sólo resuena en los tribunales.

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