Córcega
Córcega inicia su “Procés”

Tras haber arrasado en las elecciones territoriales del pasado domingo, los nacionalistas corsos piden a París la concesión de un estatuto de autonomía.

Pè a Corsica
Pè a Corsica es la coalición soberanista que ganaba las elecciones territoriales en Córcega el 10 de diciembre.
@EnricQuart
12 dic 2017 10:18

De la lucha armada clandestina a arrasar en elecciones democráticas. Los nacionalistas corsos se han convertido en una fuerza casi hegemónica en esta isla francesa del Mediterráneo en apenas tres años. Después de haber tomado por primera vez las riendas del Gobierno regional de Córcega en diciembre de 2015, la coalición soberanista Pè a Corsica (Por Córcega) obtuvo una holgada mayoría absoluta el pasado domingo en la segunda vuelta de las elecciones territoriales corsas.

Con el 56,5% de los votos escrutados, esta lista formada por autonomistas e independentistas logró 41 de los 63 diputados que compondrán la nueva colectividad territorial única de Córcega. Una victoria aplastante que legitima a los nacionalistas corsos para reclamar a París la concesión de un estatuto de autonomía.

“Los corsos han reiterado de manera masiva su confianza hacia nuestra mayoría. París no podrá continuar demasiado tiempo negando la democracia. Si lo hace, nos veremos obligados a impulsar movilizaciones populares en Córcega y hacer un tour por las capitales europeas para denunciar la actitud de Francia”, declaró este domingo por la noche el líder independentista Jean-Guy Talamoni.

Actual presidente de la Asamblea regional corsa, Talamoni ha formado con el autonomista Gilles Simeoni, el actual presidente del Gobierno regional, el popular tándem que dirige esta isla desde 2015. “El Gobierno francés actuaría como un loco si no se diera cuenta de que la cuestión corsa se puede arreglar a través de un acuerdo entre dirigentes”, aseguraba Simeoni, el cabeza de lista de Pè a Corsica, este lunes en una entrevista en el diario Libération.

A pesar de su reciente éxito electoral, Gilles Simeoni, 50 años, no viene de ninguna parte. Es el hijo de Edmund Simeoni, el instigador de la revuelta armada (con escopetas de caza) de Aleria y el impulsor a mediados de los setenta del grupo violento Acción Regionalista Corsa. La biografía de Simeoni hijo ha estado marcada por sus vínculos con el terrorismo corso. Como abogado, defendió a Yvan Colonna, condenado por el asesinato del prefecto Claude Erignac en 1998. Este fue uno de los atentados más sonados del Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC), la "ETA local" que dejó un reguero de 50 muertos tras varias décadas de lucha armada.

Después de que el FLNC anunciara su adiós a las armas en 2014, el nacionalismo corso no ha dejado de progresar. En las municipales de ese año, Simeoni desalojó del Ayuntamiento de Bastia a Émile Zuccarelli, uno de los barones de la política local que dirigía la segunda ciudad de la isla desde el año 2000. Un año después consiguió hacerse con el Ejecutivo regional gracias a la alianza que su partido Femu a Corsica tejió con los independentistas de Corsica Libera, liderados por Talamoni. Entonces, se impusieron con el 35% de los votos, mientras que dos años después han logrado hasta el 56% de los sufragios.

Representantes de la “nueva política”

A pesar de una elevada abstención del 48%, esta victoria holgada ratifica la hegemonía del nacionalismo en Córcega. “Durante los últimos cuarenta años, la corriente nacionalista ha terminado introduciéndose en toda la sociedad corsa: ha sabido captar y traducir varias expectativas, como la defensa de la lengua local, la cultura, la protección del litoral y el estatus de residente”, explica en Libération el politólogo Jérôme Fourquet, que ha publicado recientemente La Nouvelle question corse: nationalisme, clanisme, immigration ("La nueva cuestión corsa: nacionalismo, clanes, inmigración").

El auge del nacionalismo en esta isla de 320.000 habitantes también se ha visto beneficiado por el derrumbamiento de las fuerzas tradicionales francesas, que en Córcega estaban vinculadas a clanes familiares. Aunque pasó desapercibida en la prensa parisina, la victoria de los nacionalista corsos en 2015 resultó el primer síntoma evidente del declive del bipartidismo en Francia. Mientras que en el héxagono los representantes de la “nueva política” son el presidente francés Emmanuel Macron y el izquierdista Jean-Luc Mélenchon con su movimiento la Francia Insumisa, las ansias de regeneración han beneficiado a los nacionalistas en Córcega.

De hecho, la lista Pè a Corsica ha seducido a los votantes de izquierdas con un programa relativamente progresista, que defiende el sector público y la lucha contra la especulación inmobiliaria. Ausente el Partido Socialista, la única candidatura de izquierdas que se presentó en las territoriales fue la de L’avenir, la Corse en Commun!, que solo obtuvo el 5,68% de los sufragios en la primera vuelta. Formada por militantes comunistas y de Ensemble!, esta coalición no había recibido el aval de la dirección central de la izquierda mélenchonista. “El dégagisme (nueva política) en Córcega, son los nacionalistas los que lo encarnan. Y se trata de un dégagisme positivo, ya que sobrepasa la situación actual y genera un optimismo federalizador”, ha defendido Mélenchon en su blog.

Después de la contundente victoria del domingo, los autonomistas corsos gobernarán con comodidad la nueva colectividad territorial única, que empezará a funcionar de manera oficial a partir del 1 de enero. Según estableció la reforma regional francesa de 2015, este organismo será el resultado de la unión de los dos antiguos departamentos corsos (el equivalente de las provincias) con el Gobierno regional. Una administración territorial unificada que tendrá un presupuesto de mil millones de euros —una cifra considerable para una región francesa— y dispondrá de una cierta autonomía en políticas turísticas, culturales o agrícolas.

Con estas competencias, los dirigentes autonomistas tendrán que intentar paliar la precariedad social en Córcega, cuya tasa del paro es del 11,5%. Uno de cada cinco corsos vive por debajo del umbral de la pobreza. El PIB y el salario medio de la isla son los más bajos de Francia. Al mismo tiempo, las desigualdades entre los corsos no dejan de aumentar, como lo demuestra el hecho de que durante los últimos tres años se ha multiplicado por diez el número de personas que pagan el Impuesto sobre la Fortuna (ISF), destinado a los ricos con un patrimonio superior a un millón de euros.

El silencio de Macron

“Sabemos que nos espera un trabajo enorme. Pero siempre buscaremos el consenso para avanzar en nuestros asuntos”, declaró Simeoni tras el anuncio de su victoria. Durante estas últimas semanas, los nacionalistas han pedido insistentemente al Gobierno francés que negocie la concesión de un estatuto de autonomía, que concedería poder legislativo al Gobierno regional de la isla. Además, los responsables de Pè a Corsica piden la cooficialidad de la lengua corsa, el acercamiento de los llamados “presos políticos”, la mención de Córcega en la Constitución francesa y la creación de un estatus de residente en la isla que obligue a vivir en Córcega para ser propietario de una vivienda, una medida destinada a frenar la especulación inmobiliaria. Todas estas propuestas generan un gran consenso entre los corsos.

Aunque Macron prometió durante la campaña presidencial que “tendría en cuenta las especificidades corsas”, este ha preferido, de momento, guardar silencio ante las invitaciones al diálogo de los dirigentes autonomistas. Tras el anuncio de los resultados de la segunda vuelta de las territoriales, el primer ministro francés, Édouard Philippe, realizó la llamada protocolaria para felicitar a Simeoni y explicó que estaba dispuesto a reunirse con él en París.

“El Gobierno considera que Córcega puede ser el terreno de aplicación privilegiada de un pacto girondino deseado por el presidente de la República y desea la adaptación de las normas a las especificidades insulares”, aseguraron este lunes fuentes del Ejecutivo galo. Si resulta factible que Macron conceda un poco más de autonomía a Córcega, difícilmente aceptará la cooficialidad de la lengua corsa y el acercamiento de los “presos políticos”. “No hay presos políticos y en Francia no hay más que una lengua oficial”, defendió el ex primer ministro socialista Manuel Valls en su última visita a la isla, en julio del 2016.

“La República francesa continúa siendo esencialmente centralistas y el Gobierno francés difícilmente hará grandes concesiones a Córcega, ya que tiene mucho que perder y poco que ganar respecto a la opinión pública”, explica André Fazi, politólogo de la Universidad de Corte, en el centro de la isla. De hecho, la prensa parisina interpreta la petición de una mayor autonomía como el primer paso hacia la independencia y compara insistentemente el nacionalismo corso con el independentismo catalán.

En el caso de Córcega, sin embargo, la independencia no se encuentra sobre la mesa. “No nos encontramos en un proceso de independencia que estaría actualmente condenando al fracaso, ya que Córcega no ha alcanzado los niveles económicos e institucionales suficientes”, ha reconocido Talamoni. Formada por montañas escarpadas en el interior y pueblos turísticos en el litoral, la economía de esta isla solo representa el 0,4% del PIB francés.

“Las fuerzas de la oposición utilizan la situación convulsa en Catalunya para criticar el Gobierno de Simeoni. Sus referencias a la crisis catalana han sido constantes durante la campaña de las territoriales”, explica el historiador Antoine-Marie Graziani. Aunque sus reivindicaciones sean más modestas, el “Procés” corso se confrontará probablemente con la misma dificultad con la que se ha topado el catalán: la intransigencia del gobierno central.

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