Cómic
Sandra Molina Juan: “Es positivo para el cómic atraer público de otros formatos”

Entrevistamos a Sandra Molina Juan, colorista de cómic y una de las firmas más reconocidas en el panorama nacional.

Sandra Molina Juan
Sandra Molina Juan, colorista de cómic Lis Gaibar

publicado
2018-02-10 10:00
Sandra Molina Juan (Novelda, 1995) tenía diecisiete años cuando publicó su primer trabajo en el mundo del cómic y actualmente es una de las firmas más reconocidas en el panorama nacional. Trabaja para la prestigiosa Blizzard, pero también ha participado en proyectos como Tarzán en el planeta de los simios (Dark Horse, 2016) o el cómic de Juego de Tronos (Dynamite, 2014). Sin embargo, su último y más ilusionante hito fue poner color a las viñetas de El Ministerio del Tiempo (Aleta, 2017). Admite sobrevivir en la profesión sin referentes, sin formación artística específica, por cabezonería y con mucho de observación y, sobre todo, de autocrítica.

Toda historia tiene un principio. ¿Eras buena en plástica?
De hecho suspendía la asignatura, aunque es cierto que me encantaba dibujar y seguía haciéndolo. En realidad todo empezó cuando tenía 15 años y un editor vino a mi pueblo a dar una charla. Le mostré orgullosa mis obras, las miró pensativo y cuando me las devolvió me contestó: “Dibujar no sé, pero colorear coloreas bien”. Entonces empecé a investigar qué hacían los demás artistas. El punto de inflexión fue cuando yo tenía 17 años. Decidí que no quería seguir estudiando e invertí un año en practicar el color. Hice muchísimo portfolio e iba enviándolo, hasta que alguien se interesó en mí.

¿Cómo es trabajar para esta industria en un país difícil en cuanto a empleo juvenil y algo hostil para la producción cultural?
Tengo una máxima: no trabajes para España. Yo me dedico al cómic para el mercado internacional, aunque eso no quita que si me ofrecen algo aquí pueda aceptarlo, como sucedió con El Ministerio de Tiempo, que además fue ilusionante. Pero es la excepción, en general es muy difícil vivir de esto aquí porque la cultura es muy diferente. La gente lee poco cómic porque casi no se produce cómic y esto sucede, a su vez, porque apenas se consume. Es un círculo vicioso.

"La transversalidad de las viñetas con la industria audiovisual implica el acercamiento de un público que inicialmente no estaba interesado en este producto"
¿Y cómo se puede salir de ahí?
Ampliando el abanico de posibilidades. El Ministerio del Tiempo me pareció un trabajo importante porque acercaba el cómic a gente que lo había dejado de lado. Todos hemos leído cómics de pequeños, pero después se relega porque tampoco existe mucha oferta. La transversalidad de las viñetas con otras industrias, como la cinematográfica, implica el acercamiento de un público que inicialmente no estaba interesado en este producto. Tenemos el ejemplo de El Rubius, un youtuber que ha convertido su cómic en el más vendido en España y que está haciendo que se vuelva a ver este tipo de ejemplares en la librerías. Para mí, el traslado de un formato a otro es maravilloso para que la industria se fortalezca. En ese cómic también trabajé aunque no salga acreditada, por cierto. Me molestó un poco, pero ya no puedo hacer nada y es cierto que este tipo de casos te hace ver con quién quieres trabajar y con quién no.

Aquí mismo, en el Salón del Cómic de Alicante, he oído a un compañero tuyo decir que es común que quienes permanecemos ajenos a este mundo pensemos que os gusta consumir el tipo de cómic que hacéis.
Yo no consumo a El Rubius, pero sí siento que existe un cierto matiz elitista por parte de algunos fans de este arte. Me explico: me parece absurdo que existan consumidores del cómic que critiquen que a alguien compre la publicación de El Rubius. Cada uno tiene sus gustos y todos son perfectamente respetables, y todo aquello que anime a consumir productos culturales es positivo. Creo que en España leemos un montón pero solemos limitarnos a un tipo de literatura o formato. Vuelvo a que el hecho de que una persona que no leía el cómic compre uno porque es de El Rubius es positivo para mí, ya que me amplía el mercado como profesional.

En esta última edición del Salón del Cómic de Alicante, de 32 invitados sólo cuatro sois mujeres. ¿No se las invita o es que no las hay?
Yo soy colorista, no dibujante. A los coloristas a menudo no se nos invita a ningún sitio, y la mayoría de mujeres en el mundo del cómic son coloristas. Pero dejando eso de lado, pienso que generalmente la industria trata de manera igualitaria a hombres y mujeres dibujantes, son más los fans los que hacen la distinción, en el sentido de que a veces presuponen que el cómic tendrá ciertas características dependiendo de si lo ha hecho un hombre o una mujer.

“A los coloristas a menudo no se nos invita a ningún evento profesional, y la mayoría de mujeres en el mundo del cómic somos coloristas”

¿Qué se puede hacer para desmentir este pensamiento?
El hecho de que exista Internet ya es maravilloso porque te permite demostrar a la gente que estaba equivocada, y puedes hacerlo por el mero hecho de existir. Hay muchas personas que no tienen mala intención, sino ignorancia, y las redes sociales abren un mundo para dar a conocer tu trabajo, para enseñar que la mujer crea. Las redes sociales han hecho un gran favor a la visualización de la mujer como artista.

Entonces, ¿es una cuestión únicamente de tiempo que se vea más mujeres en el mundo del cómic?
Es complejo, porque comprendo que se lleven a cabo iniciativas para conseguir equiparar. El problema está en que percibo que algunas veces nos usan como instrumento político, en el sentido de invitarnos a proyectos por ser mujer. En mi opinión, entiendo que se debe ir engrasando la maquinaria, porque venimos de una situación en la que los artistas son mayoritariamente hombres y las grandes empresas son reacias a contratar nuevos perfiles, con lo que siguen predominando los artistas hombres. Pero una cosa es engrasar la rueda y otra es forzarla; primero porque puede generar rechazo, y segundo porque personalmente creo que a veces se hace de manera interesada, para dar buena imagen.

Quieres que te valoren por lo que haces y no por lo que eres.
Eso es. Yo soy Sandra, da igual que sea mujer u hombre; no creo que haya arte femenino o masculino, sino arte individual. Yo soy mis vivencias, mi forma de pensar y de ser, y mi arte es la expresión última de eso, y no de cualquier otro condicionante.

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