Colombia
Colombia: el difícil camino hacia una paz duradera

Una líder indígena del Cauca, una representante de las comunidades negras del Chocó, una exguerrillera de las FARC y una asesora en temas de género en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), tribunales creados para tratar los temas relacionados con el conflicto... Todas ellas coincidieron en Madrid para hablar sobre la marcha de los acuerdos de paz.

Movilización Minga Indígena Cauca
Desde principios de noviembre, miles de indígenas se movilizan en el Cauca para exigir respeto por sus territorios y el cumplimiento de los acuerdos.

publicado
2017-11-22 10:36

A pocos días de cumplirse un año del Acuerdo de Paz firmado entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC), el Senado colombiano ha excluido del ámbito de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) los casos de quienes hayan cometido “cualquier tipo de delito sexual grave contra niños, niñas o adolescentes”, declarándolo competencia de la Justicia ordinaria.

“Esto es terrible, una cachetada muy fuerte para las víctimas de la violencia sexual que se pelearon porque ésta quedara como un delito explícito, con sus mecanismos de investigación. Es impedir a las víctimas que conozcan la verdad, que sus victimarios sean sancionados y que además se las pueda reparar”, denunció la asesora en Género e Infancia de las JEP y consultora de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Pilar Rueda, en el marco de las jornadas “El territorio como espacio de paz en Colombia”, organizadas por la ONG Alianza por la Solidaridad.

Al respecto valoró como “fuertísima” la impunidad en la Justicia ordinaria con estos temas. “Las JEP iban a ser un espacio para trabajarlo, aspirábamos a generar procedimientos y mecanismos para empezar un debate de por qué en Colombia se viola a las mujeres y a las niñas en las proporciones de las que hablamos”, lamentó.

El problema no es menor: cada año cerca de 22.000 niñas recurren a medicina legal tras ser víctimas de abuso sexual –“las que van”, aclaró–, y los principales agresores son sus padres, sus hermanos y sus padrastros, es decir,  en el ámbito familiar. En los propios informes del Estado, solo el 0,08% de la violencia corresponde a actores del conflicto armado. “Es el único delito que no se ha reducido desde que se firmó el acuerdo. El año pasado aumentó el 8,2%”, sentenció.

La Jurisdicción Especial para la Paz es el instrumento judicial del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, acordado entre el Gobierno y las FARC. Quitar de su competencia la investigación de los casos de violencia de género es un nuevo varapalo a un proceso que se vislumbra lento y con preocupantes atrasos.

"Para que haya una paz estable y continuada, necesitamos garantías de no impunidad", resumió Camila Cienfuegos, exguerrillera de las FARC

En tal sentido, la exguerrillera de las FARC e integrante de la Subcomisión de Género en los diálogos de Paz en La Habana, Camila Cienfuegos, recordó que “incorporar el enfoque de género fue muy duro, por eso es necesario pelear por esos derechos que están ahí. Necesitamos de toda la convergencia ciudadana y del apoyo internacional para poder aplicar estos acuerdos. Para que haya una paz estable y continuada, necesitamos garantías de no impunidad”, resumió.

Nadie pensó que la construcción de la paz fuera fácil. Y no lo está siendo. También es difícil contar el conflicto, comunicarlo. Mucho más entender su complejidad histórica.

“Nosotras, las mujeres, somos el referente de la madre tierra, y al violentar a las mujeres, también se violenta el territorio. Somos víctimas milenarias, la guerra no fue en los últimos 50 años, sino cuando comenzó a violentarse nuestro territorio, desde 1492”, destacó la consejera de Derechos Humanos y Paz de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), Aída Quilcué.

En el mismo sentido se pronunció la Coordinadora del Proceso de Comunidades Negras (PCN), Charo Mina Rojas, para quien la guerra “es la negación de ser en el territorio, la negación del otro, de la posibilidad de la palabra, de una oportunidad para construir conjuntamente, la negación de vivir colectivamente, de crear y sostener comunidad”.

Acontecer de un inicio complicado

Las novedades que llegan desde Colombia no son las mejores para celebrar el Primer Aniversario del Acuerdo de Paz. Lo saben ellas que han sido partícipes indispensables para que el enfoque de género estuviera presente en el mismo.

Pero estos inconvenientes no son nuevos, costó ya en los inicios que se entendiera la necesidad de incluirlo en el Acuerdo de Paz.

“El enfoque de género es una oportunidad para profundizar en las raíces de lo que ha sido la violencia contra las mujeres en nuestro país, entre otras está el patriarcado, el sexismo, pero también políticas económicas que continúan siendo severamente violentas contra lo que somos, contra lo que creemos y hacemos”, remarcó Rojas.

Para Rueda incorporar el enfoque de género significó poder reconocer que hubo ataques que afectaban de manera particular a mujeres y niñas, “desproporcionadamente”, como dijo la Corte en el auto 092, que reconoció con claridad cómo, en este caso el desplazamiento forzado, está afectando a las mujeres”.

El proceso de paz se organizó bajo un modelo formal, con reglas estrictas avaladas por la comunidad internacional y que no contemplaba un diálogo ni participación directa de la sociedad civil

“Las víctimas y las mujeres cuando llegan a La Habana a contar su historia, cuando hablan a las dos partes le ponen rostro a cifras que ya estaban circulando en la mesa. Esto confirma efectivamente hay un grave problema en la victimización contra las mujeres, y se ve importante incorporar el enfoque”, recordó.

El proceso de paz se organizó bajo un modelo formal, con reglas estrictas avaladas por la comunidad internacional y que no contemplaba un diálogo ni participación directa de la sociedad civil. No obstante, se crearon mecanismos para sumar esas voces: por internet o a través de los foros regionales que antecedieron la comisión de Paz del Congreso.

“Recién en el punto quinto se abre el espacio para que haya un diálogo entre organizaciones y representantes de víctimas y la mesa, por ello es allí cuando se incorpora el enfoque de género”, contó Rueda, y agregó que “se crea la subcomisión de género con la que se formaliza la interlocución con las asociaciones de mujeres y las víctimas, y un acuerdo sobre los diez principios o estándares por los que las dos partes acuerdan negociar el tema de las víctimas”.

No escapa a su visión que la cuestión de género puso el proceso en la mira de los sectores más reaccionarios de Colombia, que centraron su campaña en contra del acuerdo en puntos que, precisamente, tenían que ver con este enfoque.

“Argumentaron dos cosas profundamente mentirosas pero que no supimos enfrentar, y que resultaron claves para perderlo: que el enfoque de género promueve el homosexualismo y que destruye la familia tradicional. Recuerdo al expresidente Uribe cuando ganó el "no": uno de sus párrafos fue 'salvamos la familia tradicional que la Iglesia nos ha prometido'. Eso es muy grave en un Estado”, cuestionó.

Una violencia estructural

A la luz de todos los informes y experiencias recogidas, está claro que la violencia sexual contra las mujeres no comenzó con la guerra. Incluso según la perspectiva desde la que se haga el análisis político, rara vez el pueblo colombiano pudo vivir en paz.

“Colombia nunca ha sabido lo que es la paz, porque antes de ser guerrillera, fue esa guerra, esa violencia, la que me llevó a ingresar a las FARC para poder construir un país en donde no fueran violentados mis derechos como mujer”, relató Cienfuegos.

En tal sentido, la asesora de infancia y mujer para la OIM reiteró que “la guerra no inventó la violencia contra las mujeres”, pero admitió que “la hizo más cruel, la volvió un instrumento que se usa, que hace que se normalice mucho más. Pero las mujeres siguen siendo víctimas hoy. No hay mujer en Colombia que no esté en riesgo”, aclaró.

Quilcué los pueblos originarios vienen construyendo paz hace mucho tiempo, “desde el ejercicio organizativo, de las alianzas, cómo nos encontramos para seguir caminando juntos”

Sin embargo, para Quilcué los pueblos originarios vienen construyendo paz hace mucho tiempo, “desde el ejercicio organizativo, de las alianzas, cómo nos encontramos para seguir caminando juntos”. Para Charo Minas,  los pueblos étnicos sí han tenido la oportunidad de vivir en paz. “Podemos ayudar a entender qué significa efectivamente la paz. Para nosotros es que teníamos ese espacio, ese territorio, con nuestras condiciones, donde podíamos vivir, salir a la calle, jugar, disfrutar y que ahora esperamos se pueda reconstruir”, añoró.

No obstante, coincide en la idea de que la guerra potenció las violencias ya existentes. “Ha promovido unos patrones de violencia contra las mujeres que en el contexto de la violencia intrafamiliar no eran tan prominentes. Nunca se había visto que en comunidades un tipo a la compañera le metiera 80 puñaladas, que le cortara la lengua, la empalara. “El Estado no solo no ha tenido capacidad para atender estos casos, sino que no le interesa desarrollar una capacidad”, acusó.

Los obstáculos no borran los deseos de paz

Resulta admirable escuchar la convicción por la paz que mueve a estas mujeres. Ni siquiera el reciente hallazgo de la que sería la mayor fosa común de América Latina, 2.000 cadáveres sepultados en el municipio oriental de La Macarena, parece hacer sombra sobre el empeño de construir un mañana diferente.

“El problema es que [el presidente] Santos está preparado para firmar muchos acuerdos. Con los pueblos indígenas ha firmado 1.200 en su primer período, pero ninguno los ha cumplido. Él firma, pero no cumple”, culpó Quilcué al presidente colombiano.

Para Charo el reto mayor es mantenerse vivas en esos territorios. "Es mantenernos sin jóvenes entre 14 y 17 años violadas y asesinadas, mantenernos con niños de ocho años sin armas en las manos en Buenaventura"

“Nosotros queremos la paz desde el territorio, desde los planes de vida, armonía. Pero el gobierno quiere una paz neoliberal. Ha empezado la remilitarización de los territorios para coparlos e iniciar toda su práctica de la economía neoliberal”, advirtió.

Para Charo el reto mayor es mantenerse vivas en esos territorios. “Es mantenernos sin jóvenes entre 14 y 17 años violadas y asesinadas, mantenernos con niños de ocho años sin armas en las manos en Buenaventura. Sin enfrentar las raíces profundas de lo que ha generado la violencia, solo estaremos poniendo paños calientes aquí y allá”, aseguró.

Para Cienfuegos, en tanto, es clave que “no se sigan asesinando” lideresas y líderes campesinos, afros, y la insurgencia, todo aquel que quiera un cambio estructural. “Mientras que no se cumplan los acuerdos, que la gente exiliada pueda volver a su territorio, no estamos avanzando en la paz. Necesitamos saber la verdad”, aseguró.

Pilar Rueda, más optimista, expresó que a su entender en este año “ha habido muchos intentos de buscar la paz”.

“Poder pensar que hay menos personas en armas. Que el hospital no está lleno de gente y de heridos del conflicto. Pensar que cada vez hay menos minas antipersona. Hay desplazamientos, sí, pero no en las dimensiones que había. La crisis que ha vivido Colombia es una crisis desproporcionada. Claro que hay paramilitares y bandas armadas, pero no en las proporciones que había. No se ha resuelto todo, pero es muy importante hacer esas valoraciones. Nos falta mucho, es necesario cambiar el modelo económico en América Latina y enfrentar a las trasnacionales, pero eso va a ser mucho mejor sin balas y con democracia”, concluyó.

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1 Comentario
matriouska 25:00 23/11/2017

Buen artículo. Nadie pensó que la Paz iba a ser un camino fácil, pero ese concepto de "paz neoliberal" - que me parece muy inteligente y acertado - no paermite augurar nada bueno para los que pierden siempre en Colombia (mujeres, campesinos, comunidades indígenas y pobres en general)

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