Caso Samba Martine: dos de los tres imputados están desaparecidos

El martes 19 de diciembre se cumplen seis años del fallecimiento de Samba Martine, tras cuarenta días retenida en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche. 

CIE Aluche 2
Agentes de la Policía Nacional en las inmediaciones del CIE de Aluche. Bárbara Boyero

publicado
2017-12-19 10:26:00

A seis años del fallecimiento de Samba Martine, ocurrido el 19 de diciembre de 2011 tras cuarenta días retenida en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche, dos de los tres imputados en la causa se encuentran evadidos de la justicia, uno de ellos con orden judicial de detención. Este martes, a las 12h en el cementerio Sur de Madrid, se hace un homenaje en su memoria.

El Juzgado de Instrucción número 38 de Madrid acordó el pasado 13 de marzo la apertura de Juicio Oral por “delito de imprudencia” contra el doctor Fernando Hernández Valencia y la enfermera Yordanka García Casanova. Para esta última desde el último 3 de octubre hay cursada una orden de detención, al ser imposible dar con su paradero.

El juez también ha establecido para los imputados una fianza de 80.000 euros para hacer frente a la responsabilidad civil. Y aparecen como responsables subsidiarios la empresa que por entonces tenía la concesión del servicio médico del CIE, Sermedes S.L., y el Estado español.

La apertura de juicio oral por un delito de imprudencia (homicidio imprudente) no ha convencido ni a la acusación popular ni a la particular y ambas han solicitado que el juicio se siga también por el delito de “omisión del deber de socorro y de asistencia médica”, un extremo que se acentuó a partir de conocerse un informe de Cruz Roja que relata pormenorizadamente cómo fueron las últimas 48 horas de Samba.

Sumada a la desaparición de Yordanka García Casanova, el principal obstáculo con el que se encuentra la Justicia en este momento es que el doctor Jaime Evaristo Ojeda, uno de los profesionales que más contacto tuvo con Samba y a quien las acusaciones también señalan, también está siendo ilocalizable, por cuanto el juzgado ha abierto “pieza separada”, y ha pedido que “se efectúen cuantos trámites sean oportunos para proceder a la notificación”. Es reveladora la “desaparición” de Ojeda, máxime si se tiene en cuenta que en un primer momento se encontraba en su país de origen, Paraguay, donde incluso prestó declaración en torno a la causa.

También llama especialmente la atención que el Ministerio Fiscal no solo no ha solicitado una sola diligencia tendiente a buscar un esclarecimiento de los hechos sino que, según las fuentes consultadas, ha sido “un verdadero obstáculo” para los intereses que representan a la víctima. “Se ha opuesto a todo lo pedido por ambas acusaciones y no ha dudado en solicitar el sobreseimiento del caso”, explican.

Un largo penar terminado en muerte

Samba Martine ingresó al CIE de Aluche el 11 de noviembre de 2011, procedente del Centro de Estancia Temporal de Melilla (CETI). Le asignaron el número de interna 3.106. En sus 39 días encerrada solicitó al menos en diez oportunidades asistencia médica, hasta fallecer en el Hospital 12 de Octubre.

El día siguiente a su ingreso, el doctor Ojeda Rojas le practicó el reconocimiento médico inicial. No consta que se hubiera interesado por su estanciaen el CETI, de haber indagado, hubiera sabido que en el Hospital de Melilla le habían realizado dos analíticas con resultado positivo en VIH.

Durante su internamiento, Samba había reclamado asistencia médica de manera reiterada, en todos los casos se la sometió a un tratamiento por candidiasis. Jamás, ante la continuidad del malestar, se le hizo una analítica ni prueba alguna de una mayor profundidad. Fuentes médicas refieren que la sola vinculación de la candidiasis con la procedencia de origen de Samba debió hacer sospechar de la infección de VIH como enfermedad subyacente.

El informe elaborado por Cruz Roja, organización que tiene la concesión del servicio privado de atención social en el CIE de Aluche y otros centros de similares características, es tan lapidario como indignante respecto a su agonía.

El sábado 17 de diciembre por la mañana Samba refiere “no haber dormido en toda la noche, fuerte dolor de cabeza y nuca, y dificultad para la movilidad en cuello y brazos” y se queja de que “únicamente le proporcionaban paracetamol, lo que no le calmaba los dolores…”.

En la mañana del 18 dos compañeras la ayudan a subir las escaleras del servicio médico. “Apenas podía tenerse en pie. El doctor aún no había llegado a la consulta y la enfermera le suministró un ansiolítico... Nuevamente fue ayudada por las mujeres para bajar hasta la sala, donde se tumbó en el suelo. No la vio el médico”. Esa misma tarde, Samba había empeorado. “Estaba tumbada en el suelo, con mantas y quejándose del humo de la sala que le impedía respirar”. Esta vez la enfermera, Yordanka García Casanova, le respondió a la trabajadora de Cruz Roja que “no podía hacer nada más”, y le indicó que al día siguiente sería atendida por un doctor. Pasaron 48 horas sin que ningún médico la viera. “Su estado de salud se había visto notablemente empeorado en los últimos días”, afirma el informe de la organización. Samba se estaba muriendo.

Cuando la trabajadora social de la organización regresa el lunes, encuentra a Samba “tumbada” en la camilla del servicio médico. “Estaba nerviosa, con comportamientos similares a un ataque de ansiedad (agitación, sensación de ahogamiento, malestar), por lo que se le indica que realice ejercicios de respiración… Se pudo observar que su estado era cada vez peor, por lo que la enfermera le suministró medicación”, destaca el informe y agrega que la trabajadora vio “cuando le inyectaban Diazepam 10 mg”, lo que provocó que se durmiera, aunque seguía hiperventilando.

Dada la gravedad de su estado, determinaron el traslado urgente al hospital en una patrulla de Policía. “Se encontraba desorientada, casi sin poder hablar y descalza”. Se pidió al director del Centro que le facilitara unas zapatillas. Según el informe de Cruz Roja, una de las agentes le espetó que “por qué no iba descalza, si daba igual” y aclaró que su función “no era bajar internas por la escalera”. Tuvieron que ser las otras dos compañeras y la asistenta social las que la ayudaran. “En varias ocasiones estuvo a punto de caer, puesto que le fallaban las piernas y se sentaba en los escalones”. Yordanka García Casanova entregó la documentación de Samba a los policías y los tranquilizó: que “no se preocuparan, que no le pasaría nada. Que había subido a la consulta andando”. Samba agonizaba y moría horas después en el Hospital 12 de Octubre.

Clementine Nijba, la madre de Samba, que reside en Canadá, conmovió con sus gritos de dolor el día del entierro del cuerpo de su hija, cuando abrazada al féretro y arropada por un puñado de familiares y militantes gritaba entre lágrimas “yo que te di la vida, que te vi crecer y ahora ni siquiera me dejan despedirte”. Por ahora, tampoco la dejan tener Justicia por la muerte de su hija. 

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