Chalecos amarillos
Chalecos amarillos: ¿pueblo o proletariado?

Los chalecos amarillos están desarrollando reivindicaciones que focalizan en la reproducción de la fuerza de trabajo, a diferencia de una opción obrera que ponga el foco en el salario directo y la condiciones de explotación de la fuerza de trabajo en el seno de la empresa 

Gilets jaunes
Una de las manifestantes de los Chalecos amarillos en las protestas del 17 de noviembre.
13 abr 2019 05:00
La movilización de carácter espontáneo de los chalecos amarillos está en su semana vigésimo primera y cubre el conjunto del territorio francés. Se organiza esencialmente alrededor de rotondas y procede al bloqueo de las vías de comunicación. A diferencia de las manifestaciones tradicionales, organizadas por los sindicatos, este movimiento se lanzó inicialmente y se desarrolla principalmente a través de Internet y de las redes sociales.Cada sábado se suceden manifestaciones nacionales en numerosas ciudades desde el 17 de noviembre de 2018. Los chalecos amarillos encuentran un eco importante tanto en las zonas periurbanas como en las mismas ciudades. Dada la informalidad de la organización, así como el desarrollo de diferentes acciones, es difícil calcular el número de participantes con precisión. Para el sindicato Policiers en colère [Policías en Ira], el número de manifestantes varía, según las semanas, entre 90.000 y 1.300.000. Estas cifras contrastan con las del ministerio de Interior, que habla de 30.000 a 280.000 manifestantes. Este último número está enormemente infradimensionado pues a menudo ya solo el número de policías movilizados es superior a esas cifras.

Una movilización sobre el territorio 

Los chalecos amarillos se caracterizan por la entrada en la lucha de capas periféricas al proletariado. Ya no son los trabajadores que disfrutan de una relación de fuerza importante que, en esta ocasión, constituyen el desencadenante y punta de lanza del movimiento, sino esencialmente obreros y empleados de las periferias urbanas y las zonas rurales, que trabajan en la pequeña empresa. Se trata de un movimiento proletario que está desarrollando reivindicaciones que focalizan en la reproducción de la fuerza de trabajo y no de una opción obrera que ponga el foco en el salario directo y la condiciones de explotación de la fuerza de trabajo en el seno de la empresa.La movilización no se organiza en los centros de producción sino que se desarrolla fuera de la empresa y del horario laboral. Como no tienen la capacidad de bloquear, ni siquiera parcialmente, la producción, el movimiento se arma en torno a las rotondas, organizando barricadas, filtrando y frenando la circulación de bienes y personas. La estructura de la lucha se desplaza así del lugar de la producción al lugar de la circulación. Una segunda característica es que los trabajadores en lucha no se dirigen a la patronal, que puede de esta forma quedarse al margen, sino directamente al Estado. Se trata justamente de su único interlocutor al que proponen sus reivindicaciones salariales. Estas no van dirigidas al salario directo remunerado por la empresa, sino al salario reglamentado por el Estado y el salario indirecto gestionado por los poderes públicos.

Lucha de clases

El carácter proletario del movimiento, el hecho de que se trate de capas sociales que cuentan con una posición relativamente débil en las relaciones de fuerza, que se organizan en el territorio y no en las empresas, tiene como efecto que los chalecos amarillos se expongan a acciones contundentes por parte las fuerzas del orden. Vehículos blindados de la gendarmería están presentes en sus movilizaciones, una medida excepcional en la Francia urbana. La represión es importante. Según las cifras del gobierno, al 24 de marzo de 2019, entre todos los manifestantes detenidos, más de 8.700 fueron puestos bajo custodia policial, 2.000 han sido condenados, 1.400 están en espera de juicio y 390 están en prisión.Las violencias contra los manifestantes y los periodistas son de un nivel inédito en las últimas cinco décadas. Sufren heridas ocasionadas por el uso de armas que están proscritas en el resto de Europa: balas defensivas, Flash-Ball y granadas de aturdimiento. Desde noviembre del 2018 hasta el principio de marzo de 2019, el periodista David Dufresne ha contabilizado 483 casos de violencias policiales graves. Ha relevado también 202 heridas en la cabeza, 21 personas que perdieron un ojo, y cinco manos arrancadas.

Disolver el proletariado en el pueblo

Como se renuncia al sustantivo proletariado por parte de los medios y de los manifestantes mismos, usándose preferencialmente el término “pueblo”, el lugar de la confrontación política se ha desplazado. La lucha contra el Estado, como capitalista colectivo, puede subvertirse en una demanda de democratización de las instituciones, especialmente para la adopción de un mecanismo de referéndum popular. Se niega el carácter de clase del Estado, aún actuando éste en la primera línea en la disminución del salario y la transferencia de riqueza a las empresas. Si las clases sociales existen en función de sus relaciones de lucha, la noción de pueblo neutraliza toda oposición de clase, es una representación que suprime la diferencia rechazando toda separación con los poderes constituidos.

La disolución de las reivindicaciones propias en una demanda abstracta de democratización del Estado puede fácilmente transformarse en su contrario, en un refuerzo del poder ejecutivo. El referéndum de iniciativa ciudadana, una reforma que podría establecer una “relación” directa entre el presidente y el “pueblo”, podría favorecer una presidentalización creciente del régimen político, una concentración de poderes todavía más radical en las manos del ejecutivo.

Negación del carácter político de la lucha salarial

Todo esto nos lleva también a una negación del carácter directamente político de la lucha salarial, que en el contexto actual, afronta globalmente una acumulación del capital basado, ya no principalmente en el aumento de la producción de plusvalía relativa, sino de un nuevo crecimiento de la plusvalía absoluta.
En Occidente, y por tanto en Francia, en una estructura de muy débil crecimiento, el aumento de la productividad del trabajo no es el vector principal del aumento de la explotación, sino que lo son la bajada de los salarios directos e indirectos así como el aumento de las jornadas laborales o su flexibilidad. La lucha por el salario mínimo se vuelve directamente política, porque toda valorización de la fuerza de trabajo pone directamente en causa un sistema de explotación basado esencialmente en la caída del valor absoluto de la fuerza de trabajo. La función del Estado como capitalista colectivo es hoy central en el desmantelamiento de las garantías que permiten a los trabajadores defender sus salarios y sus condiciones de trabajo. Toda lucha por el salario deviene en una lucha directamente política.

Relacionadas

Chalecos amarillos
El legado imborrable de los chalecos amarillos

Un año después de la irrupción explosiva del malestar, el número de manifestantes ha decaído de forma significativa en Francia. Pero la solidaridad y la construcción de lo común persisten como herencia de las protestas.

Francia
Chalecos negros: los migrantes apuestan por la acción directa para recuperar su dignidad en Francia

Tras haber ocupado el Panteón en París, este colectivo de extranjeros pide reunirse
con el jefe del gobierno francés para exigir la regularización de los sin papeles.

Francia
La mano dura de Macron, el príncipe progresista

Decenas de manifestantes han sido mutilados o heridos: cinco perdieron una mano, cuatro sufrieron contusiones en las partes genitales. Una represión inédita en Francia desde mayo del 68 que daña la imagen del presidente Macron

3 Comentarios
#33092 10:28 16/4/2019

Un ejemplo, a pesar de la desproporcionada represión del liberalismo autoritario de Macron.

Responder
1
0
#32963 22:33 13/4/2019

Tened en cuenta que los chalecos amarillos están en contra de la subida de impuestos. En España estarían directamente en contra del PSOE y sobre todo de Podemos.

Responder
2
5
#32987 15:13 14/4/2019

Me parece que estás en un error. A lo que tengo entendido que se oponen los chalecos amarillos es precisamente a la bajada de impuestos a las grandes fortunas por parte de Macron, que fue seguida por un aumento de la presión fiscal sobre la clase obrera, justificada como un "impuesto verde". Se quiso recaudar lo perdido por la bajada de impuestos a los ricos con impuestos sobre el transporte que usan los trabajadores y trabajadoras de las zonas periurbanas. Los chalecos amarillos quieren impuestos progresivos, no empobrecimiento de la clase obrera y evasión fiscal de la burguesía.

Responder
8
0

Destacadas

Laboral
La marcha de Nissan, una estrategia previa que la pandemia aceleró

La multinacional japonesa automovilística anunció el pasado jueves 28 de mayo el cierre de su principal planta en España. Dejarán en la calle a más de 20.000 personas para continuar así un camino que estaba ya marcado antes de la llegada del virus.

Educación
Monitores de educación especial denuncian que llevan dos meses sin cobrar

El personal técnico de integración social (PTIS) de Andalucía lleva reclamando la mejora de sus condiciones laborales desde que parte del servicio fuera externalizado. Ahora, además, han tenido que reclamar el cobro de sus nóminas. 

Coronavirus
Pastora Filigrana: “El cambio de modelo tras el coronavirus no va a ser una elección sino una necesidad”

Pastora Filigrana es abogada, feminista y sindicalista gitana, aunque lo que funciona ahí como un adjetivo para ella es lo sustancial. Aprendió qué es la conciencia de clase de sus abuelas y derecho laboral en el SAT. La crisis dejó en cola de impresión un libro en el que sostiene que las prácticas anticapitalistas del pueblo gitano le han costado su persecución.


Cine
Más allá de ‘La comuna’: Peter Watkins, maestro del audiovisual político cuya obra no verás en un cine multisalas

El realizador británico Peter Watkins representa prácticamente una tradición en sí mismo, mediante una impresionante filmografía compuesta por trepidantes y energéticos falsos documentales sobre la bomba atómica o sobre la represión de las luchas por los derechos civiles y por peculiares miradas a varios artistas y su tiempo histórico.

Abusos a la infancia
Catalunya pone en marcha el modelo nórdico de atención a los abusos contra la infancia

El modelo “bajo el mismo techo”, que reúne en un mismo lugar a todos los especialistas necesarios para detectar y denunciar abusos sexuales contra la infancia, echa a andar con un proyecto piloto en Tarragona. La Comunidad de Madrid y el País Valencià estudian implantar este tipo de atención que evita la revictimización de los menores.

Últimas

Comunicación
La pandemia de los globos sonda

Ante la necesidad de tomar decisiones rápidas y el miedo de que sean polémicas o impopulares, en la prensa proliferan encabezados del tipo “el Gobierno se plantea”, una técnica de comunicación política que recibe el nombre de “globo sonda”. ¿Qué son, hacia dónde vuelan y cómo pueden explotar?

Tecnopolítica
Zoombificados
La extensión de la actividad docente on line al próximo curso ha generado un debate, que puede servir de coartada para ocultar los acuciantes problemas a los que debemos hacer frente
Residencias de mayores
No tenemos perdón (ni vergüenza)
Se preparan protocolos para abrir comercios o terrazas pero, ¿para cuándo un protocolo para visitar a nuestros familiares en las residencias?
Cine
Ejercicios espirituales en una pandemia
Tres destacadas obras de creadores vascos han especulado recientemente sobre ciertas virtudes del confinamiento.