Cárceles
Expresas: una ventana sin barrotes en Picassent

Gracias al colectivo Impresas, un taller de periodismo en el Centro Penitenciario de Picassent da voz a las mujeres presas con la revista Expresas,  que se presentó el 8 de marzo.

Impresas
Tres de las redactoras de la revista impulsada por el colectivo Impresas. Estrella Jover

publicado
2019-03-23 07:00

Una revista hecha exclusivamente por mujeres presas. Es el objetivo con el que hace un año, seis profesionales del ámbito periodístico y social se unieron en el colectivo Impresas y se presentaron en el Centro Penitenciario de Picassent. En esta prisión, 15 de sus reclusas han tomado el testigo y se han lanzado a hacer una revista, decidiendo cada detalle, desde su nombre hasta su formato, y elaborando sus contenidos. Es la primera revista realizada por las reclusas de Picassent, y se presentó el 8 de marzo en Picassent, momento en que se desveló el nombre de la publicación: Expresas.

“Yo he hecho un artículo sobre vida sana, un dibujo de las ocho diferencias, adivinanzas y un cuento”, explica Eva, una de las reclusas de este centro penitenciario que han lanzado la revista, en la que también se pueden encontrar entrevistas, artículos de distintas temáticas, pasatiempos o literatura.

Pilar Almenar, impulsora y directora de Impresas y una de las tres periodistas participantes, recuerda el día en que hicieron, junto a una parte de la dirección del centro, la presentación del taller en el módulo 18. Acudieron unas 60 personas de forma voluntaria. “Fue entre solemne y efervescente, porque era muy importante para nosotras que el taller interesara, llevábamos ya mucho trabajo hecho durante mucho tiempo”, recuerda Almenar. La periodista presentó el proyecto: una revista escrita solo por mujeres, “porque nos hemos dado cuenta de que en las actividades mixtas parece que nuestra voz se oye menos, que tenemos que decir las cosas dos veces para que se nos oiga”. La respuesta fue la imagen de 60 mujeres diciendo que sí con la cabeza: “Mujeres africanas, latinoamericanas, gitanas, payas, mayores, jóvenes..., de todas las condiciones; se estableció de inmediato un vínculo que decía ‘entiendo de qué estás hablando, sé que esto es necesario y vamos a ello’”, relata Almenar. “Daba igual la clase social, la condición, el género, la identidad sexual, la religión… Todas entendíamos que el machismo existe y que tenemos que pelearnos por ser”, continúa.

Daba igual la clase social, la condición, el género, la identidad sexual, la religión… Todas entendíamos que el machismo existe y que tenemos que pelearnos por ser

Solo un 8% de la población reclusa en España son mujeres. En el Centro Penitenciario de Picassent, las mujeres son el 12%. “Todo el esfuerzo de reinserción tiene que dividirse entre un 92% y un 8%, por lo que estas tienen menos opciones de elección de todo: de cursos, oportunidades, tratamientos…”, apunta la periodista. Con este proyecto se pretende compensar esta desigualdad aportando a las asistentes herramientas para mejorar su capacidad de expresión y fomentar su empoderamiento personal.

Los talleres

Eva, una de las redactoras de la revista, ha quedado con El Salto País Valencià en uno de sus días de permiso para contar la experiencia en primera persona. Explica que el curso consistía en unos talleres en los que “nos han enseñado a diferenciar lo que es la revista, los periódicos, las diferentes secciones que hay, para que nosotras hiciéramos lo que quisiéramos hacer”. Les explicaban en qué consistía cada sección y cada formato periodístico, y cada una trabajaba en función de lo que sabía y le apetecía. Añade que lo que quieren demostrar es que ahí dentro hay cultura. “Los temas han salido de nuestras vivencias personales, una compañera estaba jugando al fútbol y ha hecho algo sobre esto, yo he trabajado en cocina y quería mostrar ese mundillo, así que hice una entrevista a la directora. Los hemos elegido de forma espontánea según lo que nos apetecía”. Además, Eva adelanta que “igual que la revista Pikara está en varios idiomas, aquí tenemos tres: el castellano, el caló y el valenciano”.

“Lo importante para elegir los contenidos es que fueran desde el respeto —explica Eva—. Si se pierde esa barrera, da igual de lo que hables, que se va a perder el mensaje”. Esto no ha impedido que en la revista haya entrevistas muy críticas, temas “con mucha caña” —apunta Eva— y otros temas delicados.

Durante los talleres, las facilitadoras se limitaban a apoyar las necesidades que iban surgiendo para mejorar los textos. Como cuenta Eva: “Escribíamos durante la semana y lo llevábamos hecho al taller. Ellas nos hacían notas al margen y nos mostraban herramientas para corregir los errores”. También suplían la carencia de información: “Eran nuestro puntal desde fuera, nuestro internet para tener datos exactos”, añade. Durante la semana, las redactoras manuscribían otra vez sus textos con las reflexiones que habían hecho de las sugerencias surgidas en el taller.

Colaboraron en la creación de la revista en todos los aspectos. La maquetación fue minuciosamente discutida: “Nos trajeron muestras para comparar las ediciones más comerciales con las más cuidadas: otro papel, otros formatos…, y en base a eso se fueron perfilando nuestra preferencias, con la ayuda de Álvaro, el maquetista”, explica Eva.

“Es una experiencia nueva que te demuestra a ti misma lo que eres capaz de hacer. Como nunca te han dicho cómo hacerlo, ni te han explicado ni te han enseñado, lo tienes ahí pero es una parte que la tienes dormida. Y cuando se despierta es un monstruo que crece y crece, ¡para bien!”.

La heterogeneidad del equipo ha sido crucial para que la experiencia cuidara tanto la parte transformadora como la parte creativo-periodística

Por el lado de las facilitadoras, la heterogeneidad del equipo ha sido crucial para que la experiencia cuidara tanto la parte transformadora como la parte creativo-periodística. Pilar explica que las tres compañeras de la parte social “han dado las herramientas que aportan solidez para conseguir un objetivo transformador”. “Nosotras habríamos sido capaces de generar un proceso de creación literaria, pero este proceso no habría sido igual de potente a nivel social”. Rus Martínez, de la rama social de Impresas, observa que desde su punto de vista ha sucedido lo contrario: “Estamos acostumbradas a utilizar la cultura como medio transformador, pero al no conocer tan a fondo el ámbito, el producto resultante pierde calidad”. Considera que sin las periodistas habrían hecho un taller transformador y de autoaprendizaje, pero “una revista estéticamente mucho peor y con menos calidad de contenido”.

La satisfacción y el empoderamiento son palpables por ambas partes: “Como acompañantes, nuestro proceso ha sido también muy intenso, pues hay partes de nosotras que también hemos desarrollado. Nos hemos descubierto no solo a nosotras mismas, sino a nivel grupal. Eso les ha pasado a las redactoras, pero a nosotras también. Y la simultaneidad de vivencias en ambos equipos ha supuesto una explosión emocional brutal”, dice Almenar.

Experiencia de Eva con la literatura

Eva empezó a trabajar en el mundo del mantenimiento dentro de la cárcel, donde son todo hombres: “Yo soy la primera mujer en casi treinta años que tiene el centro. Estoy de pintora y, quieras o no, ha sido un paso bastante fuerte de dar y lo expliqué en un relato muy breve —cuenta—. Un relato corto que es un cuento al revés, que ha tenido una repercusión especial en mí porque es una vivencia”.

Recuerda que, cuando entró en ese trabajo, le decían frases como “ya era hora, una mujer” o “no puede ser, no es posible”. Al ser un porcentaje muy bajo de la población reclusa, el machismo en la cárcel está por todas partes. Cuando intentó entrar en mantenimiento, le dijeron “que era muy grandota y ya mayor, por lo que no iba a poder con ciertos trabajos”. Eva respondió que se veía muy capaz y le respondieron que “iba a estar en el punto de mira, le iban a buscar las cosquillas y a ponérselo difícil”. Y cuenta que así fue, pero que, cuando tiempo después preguntó si había dado la talla, le respondieron que había superado con creces las expectativas.

El trabajo en mantenimiento ha sido simultáneo al proyecto de la revista, y dice Eva que “las reflexiones que hacíamos me han ayudado mucho a mantenerme fuerte en esta historia; otro curso que hice sobre ser mujer me ayudó muchísimo a entender el micromachismo, a ver las cosas claras y a cambiar mi vida profundamente. Pero este ha sido un paso más allá, aunque esta vez desde dentro hacia dentro”.

Resultados

El resultado ha sido un trabajo horizontal de colaboración entre todas a todos los niveles. Pilar explica que “se ayudaban unas a otras y compartían opiniones sobre sus trabajos, se echaban cables…”. Había un acompañamiento común que “propiciaba la efervescencia creativa”. Eva destaca que entre ellas no había competitividad: “En otros cursos ha habido rivalidades o envidias, en plan ‘mira esta, que lo sabe todo’, ‘mira la otra’... Podías cortar el aire con un cuchillo. En este no, cada una ha hecho lo suyo, se ha respetado lo que ha hecho la compañera, hemos estado apoyándonos unas a otras de verdad”.

Parte del proceso empoderador ha sido reconocer el valor cultural de los saberes que ya albergaban; se han puesto en valor cosas tan lejanas como adivinanzas, chistes, recetas familiares, el caló o dibujar

Según Almenar, el efecto transformador se instala desde el momento en que descubren que pueden hablar de lo que quieran. “Una de las mujeres estaba muy sorprendida de poder escribir sobre el tema que quisiera. Nunca nadie antes le había dado esta oportunidad”. Almenar explica que han vivido un proceso de reconocimiento de saberes que ya albergaban, de ahí que se hayan puesto en valor cosas tan lejanas como las adivinanzas, los chistes, las recetas familiares o hasta el caló o dibujar… “Parte del proceso empoderador ha sido reconocer el valor cultural de los saberes que ya se poseen, un redescubrimiento de la cultura propia que ha sido muy potente”, afirma la periodista.

Eva cuenta que, cuando vieron el borrador final, “por la noche no podía dormir, se me revolvía el estómago de pensar que lo habíamos hecho, que lo habíamos logrado. Y mis compañeras igual, estábamos todas como en un sueño”.

Burocracia

Una buena parte del trabajo del que se han ocupado las facilitadoras ha sido el proceso burocrático, lento y delicado, pero en este caso efectivo. Las redactoras saben de sobra lo que cuesta hacer las cosas porque viven allí. “Conseguir que personas de otros módulos, entre ellas madres, participen en el taller, lo que supone entrar a otro módulo que no es el suyo, es muy difícil y hemos tenido la suerte de tener dos madres en el taller”, añade.

Ha sido interesante ver cómo el sistema se pregunta cosas y cómo dialoga con nosotras

Durante el proceso, ha habido una serie de cuestiones que se han ido planteando a la administración del centro penitenciario, que ha flexibilizado los protocolos porque “han entendido que el proyecto valía la pena y que la propuesta que les hacíamos era razonable”, explica la directora del proyecto. Almenar afirma que no han tenido que enfrentarse a trabas y que han contado con el apoyo del Centro Penitenciario de Picassent e, incluso, de Instituciones Penitenciarias. “Esto no significa que otras entidades u otros proyectos no hayan tenido dificultades, pero en este caso la tarea ha sido sencilla. Ha sido interesante ver cómo el sistema se pregunta cosas y cómo reflexiona con nosotras”.

Las profesionales del área social saben por experiencia propia que normalmente no es así, que “está siendo especial para el propio sistema”, por eso consideran este proyecto como una pequeña joya que quieren cuidar. Ahora están trabajando para que la prensa vaya a la presentación, que será en el Centro Pentienciario de Picassent el 8 de marzo, día en que se revelará el nombre de la revista.

Necesidad de continuación

Eva tiene muy claro que es necesario que este proyecto continúe. ¿Por qué? “Para que la gente sea consciente de su valor, de su capacidad de creación”, responde. “Hay gente que piensa que no sirve para nada y es un diamante en bruto. Y es necesario que sepan lo que valen”, continúa. A ella le encantaría seguir en el proyecto, pero no quiere ser egoísta y va a recomendarlo a todo el mundo porque a ella le “abrió los ojos”. “Te toca mucho la fibra, te despierta cosas que has tenido pero que, por la vida que has tenido, los problemas, los errores, no lo has sabido apreciar y reflexionar, y hay mucho que pulir”.

Un espacio para que colectivos diversos a los que la sociedad ignora de manera deliberada digan lo que quieran sobre sí mismos

Desde el colectivo Impresas están extremadamente orgullosas de las redactoras porque participar en un proceso como este, a nivel personal, no es sencillo. “Escribir es un proceso por el cual tú te ves fuera de ti; leer desde fuera quién eres tú es un proceso muy complejo y no asustarse de lo que una encuentra, y querer continuar, me parece muy valiente”, explica Almenar, que remarca lo valioso de tener la oportunidad de ir acompañada en un momento así.

Almenar también afirma que vale la pena continuar con el proyecto porque es de justicia: “Porque el periodismo niega la palabra a un montón de colectivos y a un montón de personas a las que no mira de manera deliberada, y la sociedad en general”. Para ella es un compromiso social “seguir con esta revista que da un espacio para que colectivos diversos a los que la sociedad ignora de manera deliberada digan lo que quieran sobre sí mismos”, pues el periodismo tiene una deuda muy grande con esas voces.

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