Salburua y Plaiaundi, volver hacia lo natural

El humedal de Salburua, a diez minutos de Vitoria, y las marismas de Plaiaundi, en Irún, son dos espacios recuperados, pulmón y hogar de numerosas especies.

Salburua
Humedal de Salburua, en Vitoria. Iratxe Goikoetxea

publicado
2017-08-11 15:43:00
Es difícil explicar lo que supone vivir en una ciudad como Vitoria, pero basta un ligero vistazo de cualquiera a Google Maps para comprobar que es, desde el aire, una de las ciudades más verdes.

La cantidad de metros cuadrados de espacio verde que corresponden a cada habitante no es una casualidad, pero es solo un mero número si lo comparamos con la posibilidad de estar en Salburua, un parque natural protegido, a menos de diez minutos desde cualquier punto de la ciudad.

Sin embargo, cuando en los años 90 se inició el proceso de recuperación del humedal de Salburua, en la administración alavesa la gente hablaba con desdén de pájaros y flores. Hoy el todo el mundo mira al humedal como si fuera un milagro.

Algo similar nos cuenta Mikel Etxaniz, el encargado de la Ekoetxea de las Marismas de Txingudi: “Aquí desde la época de desarrollismo, en los años 50, hemos vivido de espaldas a la marisma, y es a partir de los 90 cuando se intenta dar valor a este ecosistema que tenemos”.

Es curioso cómo ambos espacios, Salburua y Plaiaundi, han tenido evoluciones muy paralelas. Según cuentan los responsables de Salburua, los humedales formados por las surgencias del acuífero cuaternario de Vitoria, una enorme bolsa de agua que se extiende bajo gran parte de la Llanada alavesa, habían sido durante siglos una zona de extraordinaria riqueza en pastos, caza y pesca.

En 1957 comenzó un proceso para desecar las lagunas y talar los bosques que los rodeaban. Fue progresivo. Había detrás un proyecto de la Diputación para construir la granja-modelo, con un canal de la balsa que pasaba por el eje de las lagunas. Les interesaba desecar por problemas de encharcamiento.

Para costear las obras, se permitió a los pueblos propietarios de los terrenos –Arkaute, Arkaia y Elorriaga–, que los vendieran y así es como empezó a cultivarse en esos suelos.

Si reflexionamos, observamos que lo que sucedió era una moda que existía en toda España y en Europa, ahí está el caso de Doñana. Tras los intentos por recuperarla iniciados en 1994, Salburua se ha convertido a día de hoy en el humedal continental más valioso de Euskadi. Asimismo, Plaiaundi fue restaurado en 1998 y supuso el primer paso en la conservación de Txingudi.

El enclave, una antigua marisma, fue degradado durante el siglo XX, soportando rellenos y usos marginales, llegó a ser el vertedero de Irún. Plaiaundi es un espacio natural de reconocido valor ecológico tanto por ser el mejor ejemplo de medio marismeño existente en Gipuzkoa, tras Urdaibai, como por su privilegiada situación para que diversas aves migratorias fijen ahí su zona de refugio. 

El enclave se encuentra situado en el área comprendida entre el río Bidasoa y la regata del Jaizubia, en un emplazamiento que permite avistar toda la Bahía de Txingudi, pero en contacto directo con la ciudad de Irún. Plaiaundi, al igual que Salburua, se encuentra próximo a núcleos urbanos. Si en Gasteiz hubo que luchar contra la ignorancia de los políticos para sacar adelante el proyecto de Salburua, en Plaiaundi la lucha es continua. Los procesos ecológicos que no conocen fronteras se dan de bruces contra la frontera política existente entre los dos estados, el español y el francés, haciendo casi imposible el articular una política ecológica común y continuada.

La importancia de Plaiaundi y Salburua como parques ecológicos protegidos, lindando ambos con núcleos urbanos, trasciende el ámbito local y regional. Ambos enclaves se erigen como potentes pulmones, depuradoras capaces de eliminar sustancias nocivas del agua. En Salburua, por ejemplo, hay que destacar la riqueza de la fauna acuática, y emergente, las formaciones de espadilla, son consideradas las mejor conservadas de la Península Ibérica. Además, destaca un robledal que pervive como el único de toda la Llanada Alavesa. 

A su vez, la importancia faunística de Plaiaundi es incuestionable, tanto por la diversidad, como por el grado de amenaza de muchas especies.

En Salburua, toda la fauna que habita es de origen silvestre, a excepción de una manada de ciervos que fue introducida en el parque para el control de la vegetación palustre.

En el caso de Plaiaundi sobresale la riqueza de las aves: en su pequeña extensión –tan solo 24 hectáreas– se han detectado más de 257 especies, reflejo de las características geográficas que conceden importancia a Euskadi en el contexto migratorio. Este pequeño embudo geográfico en el que nos encontramos canaliza el flujo de más de 90 millones de aves entre Europa occidental y África.

El parque de Plaiaundi recoge tanto los efectivos de aves continentales que evitan la cadena pirenaica en sus migraciones, como la corriente de aves marinas y acuáticas que viajan siguiendo la línea costera. Aves acuáticas como garzas y espátulas, además de anátidas limícolas y paseriformes de carrizal que utilizan el humedal como estación de parada.

Ambos parques garantizan actualmente la continuidad de algunos vertebrados amenazados que dependen de estos espacios. Y es que la conservación de los hábitats es la mejor forma de garantizar la protección de nuestra riqueza ecológica y también de las especies que albergan.

No es ninguna sorpresa decir que Vitoria es la mayor parte del año una ciudad gris, y que podemos pasarnos semanas sin ver un rayo de sol. Algo parecido sucede con Irún, una ciudad donde predomina el paisaje industrial. Pero espacios como Salburua o Plaiaundi nos reconcilian con lo natural.

Desde Salburua emociona ver cómo la pradera se conecta con los montes, mientras el corazón de la ciudad late al fondo tranquilo, sabiendo que aquí se esconde una especie de fuente de la vida.

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