Bestiario
Paco de la Torre: la ciudad es él

Quizá la etiqueta que mejor defina a Francisco de la Torre sea la de liberal, con un punto de populismo elegante. Nada que ver con las Nuevas Huestes Populares.

Francisco de la Torre
Francisco de la Torre, es alcalde de Málaga desde el año 2000.

publicado
2019-05-21 06:34

El renacido lema del PP para las elecciones municipales después de la torta en las generales —Centrados en el futuro— sienta como un guante a Francisco de la Torre Prados, alcalde de Málaga que, tras dos décadas sosteniendo el bastón de mando de la ciudad, quiere revalidar el cargo por quinta vez consecutiva. La trayectoria del político, ingeniero agrónomo y sociólogo de formación, empezó en los estertores del franquismo y se vio impulsada por la derecha más centrista. La enésima vindicación del centro le vendría en principio bien, aunque por encima de todo está su propia marca personal, que no pocos consideran imbatible. La ciudad es él.

Recuerde o no a la cita atribuida a Luis XIV, lo cierto es que el alcalde de Málaga se mimetiza con su ciudad, a estas alturas, como nadie; de hecho, tanto partidarios como detractores reconocen que Francisco de la Torre (Málaga, 1942) conoce la ciudad palmo a palmo. De ahí que no tenga inconveniente en ir andando a la Casona del Parque, la sede del Ayuntamiento de Málaga que preside desde que Celia Villalobos ascendiera a ministra de Sanidad con Aznar en 2000, ni en atender a la vecina de turno que le para por la calle o en cualquier barrio para realizarle alguna petición informal.

Paco de la Torre —así es como correligionarios, vecinas, rivales, aduladores y críticas le conocen— asumió hace cerca de 20 años una alcaldía en la que fue desarrollando ese municipalismo del que siempre se ha mostrado convencido. Eso sí, alejado de las asunciones del municipalismo democrático reciente; su modelo de ciudad encaja mal cualquier tipo de cuestionamiento y participación real por parte de la sociedad civil. Aunque muestre ese perfil cortés y educado que a tanta gente seduce, es implacable en sus decisiones.

La animalidad política del regidor malagueño es harto conocida: “su cara B es fuerte, podrá ser exquisito en la formas, pero también es astuto y calculador”, me cuenta una compañera que lo tilda de intérprete estelar (“es el que mejor sabe actuar, desde luego”). Tantos años en la brecha se explican de esta manera, pero no solo. De la Torre lleva tiempo vendiéndose como “alcalde 24 horas”, y en verdad lo cumple. Ubicuo como nadie, su dedicación pública sobrepasa los límites de lo personal. Diríase que, tras su larguísimo período de mandato, el alcalde malagueño parece haber nacido para eso mismo: para serlo. Pero no siempre lo fue y, al igual que otras personalidades políticas españolas, atesora su currículum de bandazos correspondiente.

Años centristas, verso suelto

Joven presidente de la Diputación de Málaga franquista de 1971 a 1975, participó en la Junta Preautonómica de Andalucía como consejero de Economía, Hacienda y Turismo entre mayo de 1978 y junio de 1979. Los años centristas incluyeron la fundación de un partido propio, de corta vida, bajo la nomenclatura de Partido Andaluz Socialdemócrata. Absorbido por la UCD —fue diputado por Málaga con el partido de Suárez entre 1977 y 1982— posteriormente colaboraría con el CDS, así como con el Partido Reformista de Miquel Roca (asumió la rama malagueña del proyecto político liderado por el catalán).

Como pareciera que el centrismo se iba a acabar, y después de un lapso en el que ejerció como ingeniero agrónomo en la Delegación de Agricultura de Málaga, De la Torre recaló en un Partido Popular refundado —Alianza Popular y el tufo a fraguismo franquista habían quedado atrás—, gozando de un magnífico puesto como segundo de a bordo junto a Villalobos en su etapa como alcaldesa de Málaga (1995-2000). Que ingresase en el partido no le impedía hacer gala de su espíritu independiente. La última ocasión ocurrió cuando tiró los tejos al alcalde popular de la vecina Estepona —sí, la de la chorraera* fallida—, para darle la oportunidad de sucederle en el Ayuntamiento de Málaga si las fuerzas le fallaban. La operación no salió, pero demostró que si había que puentear direcciones provinciales y regionales a la hora de imponer su voluntad (en este caso, colocar a un delfín tecnócrata)... se hacía.

De la Torre se ha ganado a pulso el mote de “Demolition Man” a causa, precisamente, de dolorosos derribos como el de la pensión La Mundial. Que además han generado un numeroso movimiento de defensa del patrimonio urbano, superando la antigua desidia

La memoria personalizada que dedica a la ciudadanía, que le convierte en un regidor-tipo-cercano, no desdibuja un perfil tan político como tecnócrata. Digamos que la suma entre las dos disciplinas que estudió integran la actitud del ingeniero pragmático que bebe de la sociología para buscar la palabra adecuada (“a cada uno le dice lo que quiere oír”, es un dicho común sobre él), mientras pergeña sus planes con un sentido de la negociación escaso. Tampoco es que sea un conservador recalcitrante ni de talante autoritario. Quizá la etiqueta que mejor le defina sea la de liberal, con un punto de populismo elegante. Nada que ver con las Nuevas Huestes Populares, representadas por figuras como la aristocrática Cayetana Álvarez de Toledo, que han hecho del faltonismo y la agresividad su razón de ser.

Málaga, Ciudad Gentrificada”

La marca de “Málaga Ciudad Genial” ha sido un concepto clave en la evolución del Centro Histórico en la era De la Torre. Desde 2005 a 2015, el número de visitantes en la capital malagueña se incrementó un 127%. Ello ha generado una gentrificación de la ciudad en tiempo récord, extendida a los distritos periféricos a causa de la proliferación de un turismo alojado en viviendas particulares; en el que la voracidad inmobiliaria de los fondos de inversión, facilitada por la modificación de la Ley de Arriendamientos Urbanos (LAU) estatal realizada por el PP en 2013, ha sido la puntilla. Entretanto, el alcalde apenas se inmuta, habida cuenta de que el parque de viviendas público, además de las medidas para resolver la emergencia habitacional del inquilinato, siguen siendo prácticamente inexistentes.

Su concepto del progreso es el suyo. Es cierto que la capital era un erial en lo que a turismo se refería en los años noventa, cuando nuestros visitantes marchaban a la Costa del Sol por lo general. Pero el modelo de ciudad impuesto pasa por hordas de turistas que desplazan a los habitantes, y genera una economía donde priman la precariedad de la hostelería y los servicios, mientras el patrimonio es derruido sin piedad. De hecho, De la Torre se ha ganado a pulso el mote de “Demolition Man” a causa, precisamente, de dolorosos derribos como el de la pensión La Mundial. Que además han generado un numeroso movimiento de defensa del patrimonio urbano, superando la antigua desidia.

Que una ciudad protagonice, por el empeño municipal en gastarse un pastizal en museos, artículos en The New York Times y The Guardian, puede ser desde luego el sueño húmedo de cualquier regidor o alcaldesa. Sin embargo, desde que Málaga fuera puesta en ese mapa, allá por 2016, la convivencia y la habitabilidad se han convertido en una pesadilla para malagueños de toda procedencia y condición.

Aspirante a pentaalcalde, Paco de la Torre afronta así unas nuevas elecciones haciendo como si nada pasase. Ni sus dos concejales investigados, ni la “fuga” malaguita a la nueva Junta, ni la fragmentación de la derecha (a nivel local, regional y nacional, respectivamente). Perseverante hasta el final, como el fenomenal animal político que es. 



*(Malagueñismo) Tobogán.

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