Tecnopolítica
El Ejército de Lula. Tecnopolítica a la altura de los tiempos
La remontada histórica de Lula no se entiende sin la extraordinaria activación popular del segundo turno. La movilización juvenil y la estrategia digital de André Janones, con el ‘Ejército de Lula’, transformaron el miedo a la derrota en empoderamiento colectivo y en movilización masiva. El triunfo de Lula es una victoria frente a la extrema derecha bolsonarista y a las élites económicas que representa. También es una victoria frente a la injerencia de Trump en América Latina y al poder algorítmico de las Big Tech de Silicon Valley. Meta protagonizó graves irregularidades en la campaña, denunciadas y respondidas con protestas de miles de activistas frente a su sede de São Paulo. En definitiva, se trata de una victoria frente a las presiones de Estados Unidos y su renovada “doctrina Donroe”, con la que el pueblo brasileño ha dejado claro que no será el patio trasero de nadie y que se puede derrotar al fascismo. Estas son algunas de las enseñanzas de esta revolucionaria campaña.
Del mazazo de la primera vuelta a la remontada histórica
La segunda vuelta de la campaña brasileña, culminada con la victoria de Lula, merece ser estudiada como un referente global de la movilización política, tecnológica y electoral. En menos de tres semanas, el líder del PT sumó más de diez millones de votos a su resultado en la primera vuelta. Detrás de esa cifra hay algo más que una remontada electoral: hay un vasto proceso de movilización popular que conectó la calle con las redes digitales y devolvió la iniciativa política a una campaña que tuvo un mal desempeño en la primera vuelta.
El resultado del 4 de octubre cayó como un mazazo. Tras una primera vuelta que muchos vivieron como soporífera y mal organizada por parte del Partido de los Trabajadores, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% de Lula, una diferencia de 2.224.965 votos. El campo popular se encontró ante un abismo: la posibilidad de una nueva victoria del bolsonarismo.
Ese golpe fue también un disparador emocional: el miedo del momento no desembocó en desánimo, se convirtió en activación. La juventud fue su motor principal en la calle
Ese golpe fue también un disparador emocional: el miedo del momento no desembocó en desánimo, se convirtió en activación. La juventud fue su motor principal en la calle: el 7 de octubre, miles de estudiantes recorrieron el centro de Río de Janeiro. Defendían la educación pública, los derechos sociales, la democracia y el fin de la jornada de seis días de trabajo por uno de descanso, la llamada “escala 6x1”.
La reacción fue extendiéndose. Entre el 9 y el 14 de octubre se registraron actos de apoyo a Lula en al menos 37 ciudades de todo el país, con movilizaciones históricas en las principales capitales. Estudiantes, organizaciones populares, trabajadores, artistas, influencers y militantes de los colectivos sociales activaron sus propios circuitos de convocatoria y difusión. Esa actividad desbordó a la campaña oficial: la gente no esperó a recibir permiso para defender lo que consideraba amenazado.
Tras los resultados de la primera vuelta también hubo un giro de guión en la comunicación
Tras los resultados de la primera vuelta también hubo un giro de guión en la comunicación del PT. La derrota activó de inmediato a nuevas figuras con presencia digital, entre ellas Ana Elisa, diputada electa de 21 años, el diputado comunista Jones Manoel, Erika Hilton, una de las voces más fuertes del congreso brasileño, y otros líderes emergentes con gran impacto en redes. Así se logró una mayor apertura de la campaña. El objetivo era hacer una comunicación más directa, menos institucional, más cercana al lenguaje de la gente. En este contexto Lula estrenó su primer teléfono móvil y comenzó a aparecer en vídeos verticales, en formato selfie, hablando de manera directa a su base social.
La necesidad del cambio era muy evidente. Antes de la primera vuelta, Lula publicaba mucho más que Flávio Bolsonaro en Instagram, pero cada publicación de su adversario generaba 2,4 veces más interacciones, según DSC Lab. Publicar más no estaba resolviendo el problema del alcance comunicativo. Durante años, la extrema derecha había construido una red de influencers y una comunicación marcada por el conflicto, las fake news y el sensacionalismo. La síntesis de GoodPublics, recogida por El Observador, lo expresaba así: «Flávio tiene influencers. Lula tiene militancia». El desafío era activar, ampliar y organizar esa militancia.
El Ejército de Lula: de seguidores a ‘soldados’. La organización estratégica digital
En este punto entra en escena André Janones. El diputado por Minas Gerais y experto digital tomó un canal de WhatsApp al que bautizó como “Ejército de Lula”, que ya reunía alrededor de 50.000 miembros al comienzo de la segunda vuelta, y lo convirtio en un dispositivo de agregación y coordinación estratégica digital de masas. Su mensaje era de alarma, incluso estridente: empezaba los vídeos con un célebre y memorable “Pessoal, Urgente” (Gente, Urgente). También de determinación inquebrantable: la remontada era posible y el ejército de Lula era la forma de conseguirlo. Más allá de seguir a Lula se trataba organizarse de forma estratégica para actuar en la redes digitales a través de “misiones”. Estas misiones estaban orientadas a convencer a los indecisos, por eso los mensajes siempre acababan con la proclama “EXPLODE” (Explota el video, que llegue a todo Brasil). Cada misión daba respuesta a tres preguntas: qué hacer, dónde hacerlo y cuándo hacerlo. En cada mensaje Janones ejercía un rol pedagógico, explicando el sentido de la acción. La gente recibía algo más que una consigna electoral, recibía una tarea concreta y una explicación sencilla para ejecutarla desde su móvil. Esa era la pedagogía digital del Ejército.
El canal no funcionaba como un grupo en el que todo el mundo hablaba a la vez. Janones publicaba audios y vídeos con explicaciones e indicaciones precisas, acompañados de enlaces y hashtags para ser usados en distintas plataformas, los cuales llegaban al instante a los millones de ‘soldados’ del canal, que ejecutaban las acciones de manera disciplinada y eficaz. Las misiones consistían en una acción distribuida coordinada desde el canal. Se trataba de comentar y compartir, de producir interacción en publicaciones en Instagram, de participar en una etiqueta de X para hacer Trending Topic, de hacer búsquedas en Google para dirigir las tendencias en Google Trends, de invitar a nuevos voluntarios al “Ejército de Lula”, de sumarse a una emisión en directo o de evitar interactuar con el contenido del adversario, de salir a hacer una cacerolada a una hora, o de recuperar el símbolo de la bandera y la camiseta de la selección Brasileña (secuestrada en los últimos años por la extrema derecha). WhatsApp era el espacio de organización para incidir en las demás plataformas. Desde ahí desplazaron al bolsonarismo del liderazgo de las redes digitales.
Janones no esperaba a que un contenido se hiciera viral: organizaba la viralidad a través de millones de personas activas que seguían sus indicaciones
En síntesis, lo centralizado era la orientación estratégica y lo distribuido eran las cuentas, los contactos y las relaciones de quienes participaban. Janones no esperaba a que un contenido se hiciera viral: organizaba la viralidad a través de millones de personas activas que seguían sus indicaciones. La fuerza del ejército de Lula residía en conectar una dirección común con una enorme base de miembros, que podía intervenir de manera coordinada desde sus propias redes. Una vez acabada la misión, llegaba la devolución: una captura de tendencias, una nueva cifra de miembros en el canal, o el resultado de una convocatoria. Cada avance se presentaba como una conquista colectiva y se convertía en motivación para la siguiente acción. Convocatoria, explicación, acción, resultado y nueva convocatoria: esa era la dinámica virtuosa que mantenía al “Ejército” en movimiento.
El crecimiento fue extraordinario, algo insólito en una campaña política. El canal de whatssap pasó de alrededor de 50.000 seguidores a más de 10 millones entre el comienzo de la segunda vuelta y el 23 de octubre, lo que significó multiplicar su base por 200. Sólo entre el 17 y el 23 de octubre pasó de cinco a diez millones, un 100% de crecimiento en seis días, llegando a ser el canal de Whatsapp más seguido de Brasil en él ámbito político.
Con todo, Janones no era la totalidad de la campaña, su canal ni siquiera era un canal oficial del PT. Sin embargo, su papel político fue reconocible durante toda la campaña: catalizó y canalizó una estrategia digital de alcance masivo. El salto se reflejó en el desempeño de las cuentas oficiales de Lula. Según Bites, comparando el periodo del 16 de agosto al 4 de octubre con los días del 5 al 17 de octubre, la media diaria de interacciones creció aproximadamente un 408%, de 1,68 a 8,52 millones. Las de Flávio Bolsonaro aumentaron un 63%. En ese tramo de la segunda vuelta, Lula concentró el 78% de las interacciones totales de ambos candidatos (frente al 53% en el periodo anterior) en X, Instagram, Facebook, TikTok y YouTube.La conclusión es clara: lejos de ser un aumento en el volumen de publicaciones fue un salto de escala en la interacción y en la capacidad de movilización digital.
El 22 de octubre, una transmisión en directo de Lula y Janones en YouTube alcanzó un pico de 1,18 millones de dispositivos conectados simultáneamente. El último día de campaña, el viernes 24 de octubre, tras el último debate entre Lula y Bolsonaro, comenzó una segunda transmisión, titulada A maior live da história do Brasil. La emisión se prolongó durante 24 horas (Janones incluso durmió en el suelo del plató) y recopiló momentos relevantes del debate, así como las últimas movilizaciones de campaña. Contó también con figuras de la política y la cultura, conexiones en directo con las movilizaciones y apariciones del propio Lula. La transmisión obtuvo 2 millones de “me gusta” y 21 millones de visualizaciones.
El desenlace electoral da la medida de la remontada. Con el escrutinio concluido —el 99,99 % de las secciones totalizadas, según la actualización del TSE de la madrugada del 26 de octubre—, Lula sumó más de 64 millones de votos (una cifra nunca antes alcanzada por un candidato a la presidencia), el 51,78 % del total, frente a los 59 millones de Flávio Bolsonaro, que representaron un 48,22 %. La ventaja fue de más de 4 millones de votos, casi el doble de la diferencia que había separado a ambos candidatos en la primera vuelta. Entre ambas votaciones, Lula añadió más de 10 millones de votos, un 19,25 %, mientras que Flávio sumó más de 3 millones, un incremento del 6,63 %. La participación pasó del 78,92 % al 80,78 %, un aumento de 1,86 puntos porcentuales.
La victoria y la remontada deben atribuirse, ante todo, al pueblo brasileño, a la juventud, a las mujeres, a la clase trabajadora, a los sectores populares de las periferias
La victoria y la remontada deben atribuirse, ante todo, al pueblo brasileño, a la juventud, a las mujeres, a la clase trabajadora, a los sectores populares de las periferias, al Nordeste brasileño y a la propia fuerza y determinación de Lula a sus 80 años. Sin embargo, la estrategia de Janones y del Exército do Lula constituyó un elemento central de la remontada. Esta campaña será, probablemente, estudiada como un punto de inflexión en las estrategias de movilización política. En lo que sigue apuntamos algunas enseñanzas provisionales que pueden derivarse de ella.
Algunas lecciones provisionales: de la adhesión pasiva a la organización digital estratégica
La primera lección es que una campaña no puede desatender ni la movilización territorial ni la movilización digital. Es decir, no basta con convocar a la gente a las calles, ni con organizar una audiencia en las redes, es decisivo construir un circuito de retroalimentación estratégica entre ambas dimensiones. La movilización juvenil espontánea llevó a nuevos actores a las calles y expresó una iniciativa popular amplia, algo que conecta directamente con lo que estamos viendo en España, Francia, Italia, Bélgica, Portugal, Albania e India… en este otoño rojo de 2026. En esta experiencia, la presencia en la calle y la participación desde el teléfono fueron momentos sucesivos de una misma militancia. Una misma persona podía asistir a una manifestación y, más tarde, compartir videos, conversar con amistades o familiares, y amplificar las convocatorias en sus redes. La movilización digital, por supuesto, excedió a Janones. Sin embargo, su canal contribuyó de manera crucial a articular una parte significativa de esa actividad con rapidez, método y orientación estratégica. Por ejemplo, el canal impulsó una cacerolada nacional durante la entrevista de Flàvio Bolsonaro en TV Globo o la misión de conseguir 1 voto de personas mayores que no habían votado en la primera vuelta.
La segunda lección sugiere, precisamente, la importancia de una activación digital coordinada, sincronizada y centralizada. El Exército do Lula no fue simplemente un canal frío de spam. Contaba con una dirección que fijaba prioridades, distribuía tareas, comunicaba resultados y estimulaba de forma continua el reclutamiento de nuevos integrantes. De hecho, su eficacia y capacidad movilizadora asustó al adversario: el equipo de Bolsonaro denunció una presunta desinformación, lo que llevó al Tribunal Superior Electoral (TSE) a abrir diligencias para examinar la legalidad del canal. El área técnica del TSE lo cerró temporalmente y analizó la metodología de coordinación, buscando irregularidades sin encontrarlas, por lo que lo reabrió. Finalmente, el tribunal elaboró un informe donde acabó describiendo la estructura del canal, su orientación centralizada y su sincronización para amplificar contenidos. Lo centralizado era la orientación estratégica, mientras que la circulación de los contenidos se apoyaba en una base amplia y dispersa, que actuaba de forma distribuida. Esa combinación de inteligencia digital estratégica y movilización de masas hizo posible que millones de personas actuaran de forma simultánea y coordinada.
La tercera enseñanza apunta a la centralidad de la pedagogía digital. Janones ofrecía explicaciones sencillas sobre el funcionamiento de las plataformas y el sentido de cada acción, con el objetivo de ‘hackear el algoritmo’ sin recurrir a noticias falsas ni a bots. El Exército do Lula funcionaba como una metáfora organizativa destinada a contrarrestar la sobrerrepresentación de contenidos bolsonaristas, disputando diversos mecanismos de economía de la atención colectiva, y a amplificar el impacto de la campaña en distintas plataformas. Janones socializaba un conocimiento experto que suele quedar en manos de especialistas. La gente podía comprender la acción que se le proponía, entender el mecanismo, los algoritmos de las plataformas y cómo usarlos a favor de la campaña de Lula. Destacan lecciones como la de no comentar ni rebatir las publicaciones del contrario, aún si éstas eran falsas; y proceder de forma intensa, ordenada y sistemática a hacer búsquedas en Google de temas que interesa posicionar, difundir hashtags en los momentos justos, asistir a los videos hasta el final, compartir por mensaje directo, comentar para fomentar la conversación, reenviar, republicar, guardar, publicar historias y estados, todo ello de publicaciones que el canal quería impulsar.
La cuarta lección es la relevancia de la orientación en tiempo real. Las misiones estaban vinculadas con acontecimientos en curso: una publicación que estaba en tendencia, un debate televisivo, o una conversación dominante. El canal hacía circular publicaciones y convocatorias relacionadas con esos asuntos y las traducía en acciones concretas para cada plataforma: contenido en Instagram, etiquetas en X, búsquedas en Google, posts en Facebook, emisiones en vivo de Youtube y reclutamiento en Whatsapp. La estrategia no consistía únicamente en tener un calendario de publicaciones. Buscaba sostener la tensión de la campaña, intervenir en el momento oportuno y mantener una relación continua con quienes participaban. Janones no controlaba directamente las tendencias o los algoritmos, pero organizaba acciones para orientar todo un ecosistema digital hacia los objetivos de la campaña en cada momento, mostrando una enorme capacidad de adaptación y de eficacia colectiva.
La quinta enseñanza apunta a la importancia de trabajar con objetivos inmediatos, con resultados observables. La victoria final podía parecer lejana, pero alcanzar el siguiente umbral de ‘soldados’ (pasar de dos a tres millones, y después a cinco, seis o diez) o reunir a una audiencia masiva en una transmisión en directo eran metas concretas que permitían medir el avance y convertir el crecimiento del canal en un relato de capacidad colectiva. Lejos de sustituir el objetivo político final, estas metas ayudaban a hacerlo más tangible. En una transmisión seguida por cientos de miles de personas, Janones podía proponer etiquetas para X y mostrar cómo los participantes las convertían en Trending Topic en cuestión de minutos mediante publicaciones simultáneas. Una consigna clara y un momento común bastaban para que el ejército asumiera la tarea de amplificarla, maximizando el alcance y reduciendo la dispersión estratégica.
La sexta lección exige reducir la incertidumbre de los simpatizantes. Ante una amenaza política, muchas personas sienten que deben hacer algo, pero no saben qué hacer ni cómo contribuir más allá de ir a votar. Participar en una convocatoria o invitar a alguien al canal ofrecía una forma clara y reconocible de implicarse, porque especificaba qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. No todos debían producir contenido ni ser expertos digitales, bastaba con realizar una acción accesible desde el móvil. Durante el live de 24 horas, la misión fue aún más clara: cada integrante debía convencer a una persona adicional de votar por Lula. Janones presentaba ese objetivo como un cálculo sencillo, capaz de transformar la incertidumbre individual en una expectativa tangible de impacto colectivo.
La séptima lección consiste en tomar conciencia de la importancia de hablar un lenguaje popular. Janones no se dirigía a los miembros del canal con tecnicismos o palabras académicas. Hablaba con un lenguaje emocionalmente muy cargado, -de papo reto- claro y directo, con urgencia y determinación. Yendo al grano y sin rodeos. El cambio de estilo comunicativo de Lula apuntaba también hacia esa proximidad: vídeos breves, menos ceremonias y más conversación. Más que de cambiar el formato se trataba de cambiar la relación entre el emisor y el receptor del mensaje. “Pessoal, urgente”, una entradilla que la gente usaba para iniciar los videos, se convirtió en canciones y memes. La frase condensa de manera sencilla el riesgo de la vuelta del bolsonarismo al gobierno. Es el uso del lenguaje de calle para clarificar una amenaza inmediata que exige una respuesta colectiva.
La octava lecciones fue la de convertir el reclutamiento en una tarea permanente. El canal crecía mediante la incorporación de personas involucradas en las misiones, en lugar de hacerlo únicamente mediante la notoriedad de su administrador. En sus primeras acciones, Janones pidió que cada seguidor invitase a otras cuatro personas. El crecimiento y la participación se alimentaban mutuamente. Aunque las suscripciones no permiten saber cuántos seguidores cumplieron cada misión, se puede ver el efecto en los números de crecimiento del canal o interacción en las redes.
La novena es la identidad colectiva. El Ejército de Lula fue una metáfora poderosa de compromiso. Janones decía en uno de sus discurso virales: “Ah, pero tengo un compromiso...” Cancela”. “Ah, pero voy a salir a cenar con mi novio. Cancela”. Ah, pero tengo una cita. Cancela”. Ah, pero iba a ver... Cancela. Cancela”. No estamos decidiendo aquí quién va a ser el próximo presidente. Lo que está en juego es el futuro del país, es la democracia de nuestro país”. Este nivel de compromiso, de esfuerzo personal y colectivo funcionó eficazmente y se convirtió en memes y videos de humor que hicieron reconocibles como comunidad a los participantes del canal. La actitud de combate político y compromiso colectivo ayudó a expresar una salida del miedo y del amedrentamiento que había impuesto la extrema derecha los últimos años: la convicción de que era posible actuar juntos y vencer.
La décima es ampliar quién puede contribuir. La teoría 1-9-90, muestra una tendencia de muchas comunidades digitales: un grupo reducido concentra la producción de contenidos, una minoría algo mayor participa ocasionalmente y la mayoría observa pasivamente. Aunque no hay satos suficientes, nuestra sensación es que el “Ejército de Lula” invirtió esta lógica, 9% de simpatizantes desempeñaron funciones que normalmente asume el 1%. Militantes activos y organizados se echaron a la espalda la campaña, produciendo una ola imparable de propagación y acción distribuida que llevó a la victoria histórica del presidente Luis Ignacio Lula da Silva.
Experiencias como esta no se pueden trasladar mecánicamente a otros contextos, pero deben ser estudiadas, comprendidas y destiladas para extraer de ellas enseñanzas aplicables a otras situaciones
Experiencias como esta no se pueden trasladar mecánicamente a otros contextos, pero deben ser estudiadas, comprendidas y destiladas para extraer de ellas enseñanzas aplicables a otras situaciones, sin perder de vista la singularidad de cada lugar. Esta campaña demuestra que es posible construir nuevas formas de organización tecnopolítica poderosas y avanzadas. Situando la organización desde el punto de vista leninista, puede recordarse que Lenin entendía el periódico como algo más que un difusor de ideas: medios como el periódico pueden actuar como un instrumento de organización colectiva que centralice la estrategía y optimice los recursos disponibles. Si esto lo llevamos a la era digital, de las redes sociales y de los algoritmos, podríamos denominarlo ‘tecnobolchevismo’.
La izquierda internacional y los proyectos revolucionarios deberían tomarse muy en serio el aprendizaje que ofrece esta experiencia de vanguardia. Hay que comprender cómo se construyó, qué condiciones alimentaron su fuerza y convencerse de que es posible prender las calles y las redes para derrotar a la extrema derecha y al fascismo.
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