Arte
Tres Tetuanes para desmontar el relato colonial
Los nombres de calles, plazas y barrios no constituyen únicamente un sistema de organización del espacio urbano, sino que, en numerosos casos, se convierten en escenarios de disputa simbólica en torno a la identidad colectiva y la construcción de la memoria histórica. Como señalaba el historiador francés Pierre Nora, estos espacios funcionan como lugares de memoria, concebidos para legitimar, preservar y transmitir determinadas narrativas del pasado.
Un ejemplo lo encontramos en Madrid, concretamente en el distrito de Tetuán, cuyo origen se remonta al antiguo barrio de Tetuán de las Victorias. Su nombre recuerda el lugar donde se asentaron las tropas españolas a su regreso triunfal de la Guerra de África en 1860. Fue tras la victoria española en la batalla de Tetuán, liderada por O'Donnell y Prim, cuando la ciudad marroquí pasó temporalmente a formar parte del Reino de Isabel II. Décadas más tarde, en 1912, la firma del Tratado de Fez y el posterior acuerdo hispano-francés dio lugar al establecimiento del protectorado español en Marruecos, cuya capital quedó fijada precisamente en Tetuán.
La campaña militar de 1860 fue inmortalizada por Mariano Fortuny en un monumental lienzo, realizado entre 1862 y 1866, que actualmente conserva el Museu Nacional d’Art de Catalunya, obra que recrea este enfrentamiento bélico y que constituye el punto de partida de la primera parte de la trilogía que constituye la exposición Tetuan, Tetuán, ت طوان de Adrian Schindler. El cuadro sirve para iniciar la reflexión sobre la construcción del mito orientalista, que fuera descrito por Edward W. Said como una visión reduccionista de Oriente, concebido por Occidente como un espacio exótico, atrasado e infantilizado con el fin de legitimar su propia misión civilizadora. Asimismo, la obra, permite poner de relieve las violencias coloniales que, aún hoy, continúan reproduciéndose desde los museos.
Dispuesta en doble pantalla, esta primera película se construye a partir de las experiencias personales de una serie de colaboradores provenientes de distintos ámbitos, como la investigación, la música y la interpretación. A través de sus testimonios, cuestionan los estereotipos iconográficos que siguen condicionando la construcción audiovisual de la identidad árabe y reflexionan sobre cómo estos imaginarios continúan marcando su experiencia cotidiana.
Paralelamente, el equipo de rodaje se reúne en la Plaça de Tetuan de Barcelona, formando un círculo en torno a un hlaiqui —narrador tradicional— que relata las hazañas de dos mujeres marroquíes que se enfrentaron a los colonizadores desafiando las narrativas hegemónicas. La presencia del equipo de la película frente a la cámara será una constante a lo largo del proyecto, haciendo visible la complicidad entre sus integrantes y difuminando las fronteras entre la obra y el propio proceso de creación. Al mismo tiempo, esta decisión otorga el mismo protagonismo a todos los colaboradores, desplazando la figura del artista como autor único para convertir la creación en una práctica compartida, no jerarquizada.
El segundo capítulo de Tetuan, Tetuán, ت طوان fue rodado en Madrid y está dedicado a la música, a través de un grupo de jóvenes que se reúnen en un bar para compartir canciones, mientras un dúo de Dj pinchan música de la región del Rif. En particular, la obra explora el modo en que determinadas canciones de carácter histórico han sido utilizadas como herramientas de protesta en las luchas anticoloniales, convirtiéndose en vehículos de memoria y resistencia. A lo largo del tiempo, estas composiciones han buscado dar voz a acontecimientos y experiencias silenciadas, luchas y resistencias marginadas, funcionando, al mismo tiempo, como una forma de investigación capaz de generar conocimiento allí donde el archivo oficial resulta insuficiente.
Frente al carácter más crítico del primer episodio, esta segunda película adopta un tono más celebrativo y la gente reunida en el bar conversa distendidamente intercambiando experiencias sobre su herencia marroquí. A lo largo del metraje, varias canciones son interpretadas en distintos puntos de la ciudad, activando nuevas lecturas del espacio urbano al resignificar monumentos y hacer visibles restos de la cultura islámica que aún subsisten del viejo Mayrit (nombre árabe con el que se conocía al primer Madrid entre los siglos IX-XI), como los restos de la atalaya del siglo XI, ocultos en un aparcamiento de la Plaza de Oriente.
Las tres películas que conforman este proyecto, realizadas entre 2021 y 2025, se despliegan a lo largo del espacio expositivo mediante una disposición escenográfica que conecta directamente con la tercera de las obras, rodada en el Teatro Cine Español de Tetuán. En la sala se reúnen una serie de los telones utilizados en esta última película, junto a diversos textos que forman parte del proceso de investigación, collages elaborados a partir de documentos gráficos relacionados con Marruecos y dos pancartas que reproducen poemas de El cantar del Monte Abarrán. Compuesto por diversas tribus rifeñas en 1921 y transmitido oralmente, este poema colectivo rememora la resistencia frente al colonialismo español durante la Guerra del Rif. La exposición se completa con una selección de la correspondencia intercambiada entre los comisarios, Nouha Ben Yebdri y Jesús Alcaide.
El último capítulo de la trilogía se sitúa en la propia ciudad de Tetuán y toma como escenario uno de los vestigios más significativos del imaginario colonial: el Teatro Cine Español. En este espacio, Schindler reúne a diversos agentes culturales locales para abrir un diálogo que pone en perspectiva las problemáticas planteadas en el proyecto desde el contexto marroquí, incorporando nuevas lecturas sobre la memoria, la representación, la diáspora y los legados del pasado colonial. Frente a la tradición occidental del conocimiento, en la que Europa explica al resto del mundo, aquí el relato se construye desde la colaboración, el diálogo y la multiplicidad de voces, otorgando a la palabra y la conversación entre iguales un valor fundamental en la transmisión de la memoria histórica.
En un momento en que las derechas y ultraderechas europeas recuperan discursos nostálgicos sobre el imperio, endurecen las políticas migratorias, externalizan los controles fronterizos y presentan la diversidad cultural como una amenaza, una exposición como esta, que puede visitarse en la tercera planta del Museo CA2M hasta el 10 de enero de 2027, adquiere una dimensión que trasciende inevitablemente el espacio del museo.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!