Opinión
Mientras Trump bombardea Irán, debemos enfrentarnos a la maquinaria de guerra estadounidense

No podemos permitirnos caer en la desesperación. Debemos oponernos al militarismo en todas partes, a cada paso.
El presidente de EEUU, Donald Trump, sube al Air Force One.
El presidente de EEUU, Donald Trump, sube al Air Force One.

Editora jefe de Truthout . Periodista galardonada, trabajó anteriormente en The Take, el podcast de noticias diarias estrella de Al Jazeera

3 mar 2026 12:13

Al conocerse la noticia de que Estados Unidos e Israel habían declarado la guerra a Irán, dos publicaciones aparecieron una y otra vez en mis redes sociales. Una era de la cuenta oficial del ejército israelí, que repetía incesantemente: “Israel tiene derecho a defenderse”.

La otra era un vídeo de la ciudad iraní de Minab, donde aparecían las primeras informaciones sobre las víctimas. El ataque conjunto estadounidense-israelí había alcanzado una escuela de niñas; el número de muertos seguía aumentando. En el momento de la publicación, las autoridades iraníes informaron de que 108 personas, en su mayoría escolares, habían muerto en el ataque, muchas otras resultaron heridas.

En Estados Unidos debemos reconocer que gran parte de nuestra riqueza, capacidad y tecnología estatales se destina a enterrar niños bajo escombros

Se ha escrito mucho, en Truthout y en otros medios, sobre las justificaciones totalmente incoherentes de esta guerra, su ilegalidad, el potencial desastre regional y la burla que ha hecho de la idea misma de la diplomacia. Todo esto sigue siendo cierto, y es importante plantearlo. Sin embargo, y sobre todo, en Estados Unidos debemos reconocer que gran parte de nuestra riqueza, capacidad y tecnología estatales se destina a enterrar niños bajo escombros.

La ausencia de rendición de cuentas

Hace menos de un año, cuando Israel y Estados Unidos lanzaron los ataques que precedieron a este, escribí que ambos países estaban “deshaciéndose incluso de la apariencia y la fachada de los principios de un orden internacional basado en normas que ya les había funcionado a su favor”. Tras esos ataques, y una vez finalizada la violencia inmediata, los legisladores estadounidenses apenas dieron explicaciones. Esto, a pesar de que aquellos ataques, al igual que estos, eran ilegales según el derecho estadounidense e internacional. No podemos permitir que persista esta falta de rendición de cuentas. Si lo hacemos, ¿qué ocurrirá después?

Con el paso de los años, los líderes estadounidenses e israelíes han expresado cada vez más su deseo de un “Gran Israel”: la expansión ilimitada de un Estado de apartheid. Antes del inicio del actual ataque contra Irán, el ex primer ministro israelí Naftali Bennett, uno de los favoritos de cara a las próximas elecciones del país, acusó a Turquía de ser el centro de un eje amenazante “similar al iraní”. Esta guerra, sin embargo, nada tiene que ver con el programa nuclear iraní. Tampoco es una guerra para liberar a los iraníes de un régimen represivo. Es una guerra para preservar el poder y la hegemonía de Estados Unidos en toda la región.

 Me repugna saber que mis impuestos se gastan en bombardear mi patria ancestral

Por otra parte, tampoco es exacto decir que Israel está arrastrando a Estados Unidos a una guerra contra su voluntad. Los informes han demostrado que estas dos potencias nucleares estaban coordinadas en la planificación de este ataque. Para detener esta violencia, debemos abordar realmente cómo comenzó. Estados Unidos no es precisamente una víctima en este caso.

Esta situación es intolerable. Me repugna saber que mis impuestos se gastan en bombardear mi patria ancestral. Me dio asco despertar con mensajes de familiares diciéndome que la ciudad donde viven estaba siendo atacada por el país donde vivo. Me aterra que el Gobierno iraní haya cortado el acceso a internet una vez más, dejándonos desconectados de nuestros seres queridos. Ningún miedo, por supuesto, se compara con el terror de estar en el punto de mira de misiles o armas de fuego, ya sean de una potencia extranjera o del propio Gobierno; los iraníes han muerto a causa de ambos en cantidades aterradoras durante el último año. Pero para quienes vivimos en la diáspora, el hecho de que ahora se haya vuelto rutinario contactar con familiares y amigos que viven una violencia indescriptible no lo hace menos traumático.

Herramientas a favor de la paz y exigir explicaciones

A pesar del horror abyecto de este momento, no podemos permitirnos caer en la desesperación. Aún hay margen para que la situación empeore, y mucho; pero, lo que es más importante: aún queda mucho que debemos proteger. Nadie puede predecir qué ocurrirá en los próximos días y semanas, pero sabemos que probablemente estarán llenos de más violencia e incertidumbre. Necesitamos usar todas las herramientas a nuestra disposición para debilitar los sistemas de guerra que infligen este horror, tan arraigados en el corazón de Estados Unidos.

Podemos empezar, por supuesto, exigiendo que el Congreso estadounidense apruebe de inmediato una resolución sobre poderes de guerra para poner fin a este ataque destructivo. Además, podemos apoyar el llamado de grupos como Defending Rights & Dissent para que el Congreso proceda no solo a un juicio político contra Donald Trump, sino también a todos los miembros de su gabinete que contribuyeron a hacer posible esta guerra injusta e ilegal.

Pero no deberíamos detenernos ahí. Nuestros funcionarios electos deben explicar públicamente por qué dudaron sobre una resolución sobre poderes de guerra antes de que ocurrieran estos ataques.

Debemos exigir que cada miembro del Congreso que votó para aumentar nuestro presupuesto militar a casi un billón de dólares rinda cuentas por sus decisiones. Debemos presionar aún más a aquellos miembros que tienen inversiones personales en la maquinaria militar —que ascienden a decenas de millones de dólares— . Deben explicar sus conflictos de intereses y por qué siguen lucrando con esta muerte y destrucción. Los legisladores que reciben dinero de grupos como AIPAC, que disfrutan de esta guerra, especialmente, deben responder por sus votos.

También es imperativo no ver esta guerra de manera aislada, sino como parte del mismo proyecto violento y hegemónico que ha estado perpetrando el genocidio y propagando la violencia en Palestina, Líbano, Yemen, Siria y otros lugares. Debemos exigir responsabilidades a los funcionarios electos por no respetar el derecho estadounidense e internacional al seguir apoyando la transferencia de armas a Israel mientras este comete un genocidio contra el pueblo palestino. Debemos hacer que sea políticamente tóxico para los legisladores no apoyar leyes como la Ley de Bloqueo de Bombas, que busca detener dichas transferencias.

No obstante, tampoco podemos esperar que los funcionarios electos hagan más solo porque se lo pedimos. Necesitamos fortalecer nuestro poder. Debemos apoyar movimientos de base como el del BDS, que buscan hacer que la guerra, el apartheid y el genocidio sean demasiado costosos de librar. Debemos respaldar campañas como la de Contribuyentes Contra el Genocidio, que buscan vías legales para evitar que los fondos federales se utilicen para violar los derechos humanos.

Podemos emprender campañas contra las corporaciones que se aprovechan de la muerte y asegurarnos de que la especulación con la guerra quede expuesta y sea objeto de indignación pública. El movimiento No Tech for Apartheid lleva mucho tiempo organizándose para presionar a Silicon Valley para que deje de suministrar capacidad informática al ejército israelí, y ya ha obtenido cierto éxito. El uso de inteligencia artificial (IA) por parte del ejército israelí en Gaza ha recibido mucha atención; ahora que OpenAI ha anunciado un acuerdo para permitir que el Pentágono utilice sus modelos en sus redes clasificadas, la lucha contra la IA ha cobrado una renovada urgencia. Las campañas en todo el país contra los centros de datos también constituyen un nexo crucial de resistencia contra el militarismo.

También lo son las campañas por los derechos de los inmigrantes y contra las deportaciones. Tras los ataques estadounidenses contra Irán en junio pasado, la administración Trump detuvo a inmigrantes iraníes para deportarlos. Estas deportaciones continuaron este año, incluso mientras el gobierno iraní reprimía brutalmente a los y las manifestantes. Mientras nos preparamos para la guerra que se desata en la región, podemos exigir que Estados Unidos y Europa abran sus fronteras a quienes huyen de la violencia y la desesperación. Podemos seguir mostrando los vínculos entre la ocupación de ciudades por agentes federales de inmigración en nuestro país y las guerras imperialistas que se libran en el extranjero. Los enemigos de la democracia aquí también son enemigos de la democracia en el extranjero.

¿Estaríamos aquí si hubiera repercusiones reales por la invasión de Irak de 2003 o el contínuo genocidio en Palestina? Necesitamos una verdadera rendición de cuentas por estos crímenes

Construir un poder popular

Algunas de estas demandas pueden parecer fútiles bajo este presidente asesino, respaldado por un Congreso obediente y con una Corte Suprema que ha ofrecido comparativamente poca moderación. Pero esta burocracia irresponsable hace aún más esencial que construyamos un poder popular para formular estas demandas y obligar a quienes ostentan el poder a atenderlas.

Las encuestas muestran que esta guerra es impopular. Trump puede ser autoritario, pero no es completamente invulnerable, ni tampoco lo son los funcionarios electos que le han dado vía libre una y otra vez. No podemos permitir que crea ni por un segundo más que puede salirse con la suya con algo tan descaradamente ilegal e imprudentemente peligroso sin rendir cuentas. Y no podemos permitir que los líderes que lo siguen crean que ellos también pueden desatar tal violencia sin consecuencias. Después de todo, ¿estaríamos aquí si hubiera repercusiones reales por la invasión de Irak de 2003 o el contínuo genocidio en Palestina? Necesitamos una verdadera rendición de cuentas por estos crímenes. Y la única manera de conseguirla es librar una lucha contra el militarismo todos los días, no solo en momentos de crisis, sino cuando y dondequiera que asome su fea cabeza.

*Artículo publicado originalmente en Truthout.
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