12 jul 2026 02:30 | Actualizado: 12 jul 2026 03:18

En la literatura crítica con el trabajo asalariado, bien de fuentes anarquistas, bien marxistas e incluso en ciertas tendencias socialdemócratas, se tiene muy claro que el trabajo asalariado no es libre para una de las partes, es decir, las personas (la mayoría social de cualquier sociedad) tienen que “vender” en el mercado laboral que impuso el capitalismo[1] su fuerza de trabajo (sus saberes, sus emociones, su fuerza física), siendo obligados y obligadas a cooperar de manera no voluntaria, donde su voluntad (autonomía) queda subsumida en un entramado de normas organizativas y disciplinada desde la única autoridad, la empresarial, que no solo detenta la propiedad de todos los medios de producción y distribución, sino que también detenta la organización del trabajo, es decir, cómo se realiza el trabajo, con qué medio, con qué herramientas y el tiempo de ese trabajo.

En los campos de extermino del nazismo, a la entrada colgaba un letrero paradigmático de la esencia y filosofía del capitalismo: El trabajo os hará libres, algo que ha perdurado y se ha estructurado en todas las fases económicas y políticas del capitalismo, donde el trabajo asalariado se “vende” como forma de socialización y pertenencia.

La realidad, a lo largo de la historia, de la obligación del trabajo asalariado demuestra todo lo contrario: subsunción de la voluntad de la fuerza de trabajo al capital, donde las cooperaciones obligadas llegan a convertirse en inmensos sectores de las clases asalariadas (bajas, medias, altas), en consentimiento con la explotación y una entrega “voluntaria” de su libertad y autonomía.

Ejemplos paradigmáticos en la realidad del mercado de trabajo español nos muestran este consentimiento y colaboración por parte de las clases asalariadas: millones de horas de trabajo extra al año (horas extraordinarias) que realizamos y no se paga ningún precio (salarios, cotizaciones e IRPF)[2], por las mismas. ¿Cómo explicamos este “trabajar gratis” y consentir el fraude y el delito del contratista (empresario), cuando la abolición del trabajo esclavo es tan antigua, más allá de que “los migrantes sin papeles no tienen más remedio” o el miedo de los que son “legales” (nacionales y/o extranjeros) a “perder el puesto de trabajo” (la mayoría de mierda)? ¿Cómo explicamos que miles y miles de personas a lo largo de los años, se vean dañadas seriamente en su salud (accidentes laborales, les llaman), invalidadas de manera parcial o total o absoluta para cualquier puesto de trabajo y enfermadas con lesiones invalidantes y, además, muertes?[3]

Según el “capo de los capos” del PP (Feijóo + Ayuso)... el absentismo es un cáncer para España y advirtió de que con o sin consenso sindical impondrá una reforma para atajar este problema si se convierte en presidente del ejecutivo.

Estas palabras dichas en un ambiente de capos empresariales, en este caso vascos, no son producto de desconocimiento acerca de lo que jurídicamente es considerado absentismo en las relaciones laborales (que también), sino una convicción acerca de los derechos y prerrogativas de los de su clase (empresarios, poderosos, capos), que pueden dar una patada a los derechos fundamentales de la CE, como en este caso el Derecho a la Salud y el derecho a no ser discriminados (bajar salarios, prestaciones, despedir) por el hecho de enfermar durante la relación laboral y, más allá del ruido mediático, político y sindical, que dura un tiempo efímero, no sufren ninguna consecuencia práctica (sanciones, responsabilidades sociales y políticas, boicot, etc.), que les haga modificar este pensamiento.

El Sr. Garamendi (capo de capos de la CEOE), ya se había manifestado amplia y sobradamente en estos mismos ambientes de los de su clase. El jefe y capo de la banda empresarial CEOE, al rebufo de corrupciones varias (estructurales, todas) y el ambiente de odio y miedo que las derechas y extremas derechas han instalado con la mayor naturalidad, ya que ellos se mueven en el reino de la impunidad (pueden decir y hacer lo que se les antoja), ha reivindicado que los empresarios no deben asumir ningún coste[4] por una baja por enfermedad que conlleva una incapacidad temporal (IT), siempre que no sean IT por accidentes de trabajo y/o enfermedad profesional.

Vamos, que lo que vienen a plantear estos “capos de capos” de todos los empresarios, que la persona trabajadora trabaja por vicio y cuando se aburre, desmotiva o se estresa, pues se va a ver a sus colegas de la salud pública y les dice que le receten una cura de desintoxicación por una temporada.

Y “el capo de capos”, Garamendi, también ha propuesto que se adelanten los controles a las personas trabajadoras “viciosas” por parte de la Inspección Médica (convertir a esos profesionales públicos en su “policía mafiosa” al estilo de la policía ICE trumpiana), con una evaluación a los 3, 6 y 9 meses —ahora se realizan a partir del año—, y que la Seguridad Social asuma el control de las incapacidades temporales con una reiteración superior a la frecuencia habitual y que se exonere a las empresas de las cotizaciones en todos los procesos que duren más de un año.

Y como aquí nadie —de los empresarios, claro está— va a la cárcel por incitar a la violación de cualquier derecho fundamental de las personas trabajadoras, la vicepresidenta (“vice capo”) de la patronal madrileña CEIM, Laly Escudero, ha planteado recuperar el despido por causas objetivas en el caso de baja reiterada, prerrogativa que eliminó la vicepresidenta Yolanda Díaz nada más asumir su cargo en 2020 por violar el derecho fundamental a la salud.

La patronal ha planteado recuperar el despido por causas objetivas en el caso de baja reiterada

Escudero también ha propuesto que las empresas puedan conocer el motivo de la incapacidad y que se puedan suspender los complementos que perciben los empleados cuando la baja sea repetitiva, corta o cuando estos no colaboren[5]

Vamos, pa qué tener la salud y la privacidad de los datos médicos como derechos fundamentales e inviolables en la Ley, cuando no son sino meras referencias crematísticas, cuando en la práctica empresarial cotidiana esta clase, la empresarial y los poderosos, se mean en ellos día sí y día también.

Grave, muy grave es todo este planteamiento donde se eximen de su responsabilidad y culpabilidad en el hecho de que el trabajo asalariado enferma a las personas, incapacita a cientos de miles y causa la muerte de miles de ellas. Y eso se llama explotación, cooperación forzada y no libre, y encima, incumplen y tiran a las cloacas sociales su obligación de garantizar la salud y la vida que por ley les compete.

Personas trabajadoras que vendemos nuestra fuerza de trabajo a empresarios, los cuales, según la ley, son los garantes de nuestra vida y nuestra salud, durante todo el tiempo que media la relación laboral e incluso el tiempo antes de prestar la misma, así como el tiempo necesario para reincorporarnos a la “vida social”, cuando termina o finaliza la jornada laboral.

Las personas trabajadoras carecemos de opciones políticas e instrumentos suficientes frente a la precariedad laboral y el peligro real de ser enfermadas, accidentadas e inclusive morir, cuando trabajamos: cientos de miles de personas trabajadoras accidentadas, miles de personas incapacitadas y casi mil personas muertas, al año. Y la serie estadística se repite de manera persistente año tras año, así como los lamentos, los pésames y la hipocresía social, ante esta casuística del terror[6].

Fuera máscaras, ya sobra hasta la apariencia de ser “demócratas” y directamente “constitucionalicemos” que el “trabajo nos hará libres y felices” y a quien ose ponerlo en cuestión, a la cámara de gas o a los campos de Gaza, que viene a ser lo mismo.

Durante los años de mi niñez, escuchaba de los trabajadores del campo (temporeros de la patata, de la siega, etc.) algo que me ha impactado siempre en el mundo de las relaciones laborales y era...“el trabajo (asalariado) embrutece, envilece y ni dios te lo agradece” y qué razón tenían y tienen quienes esto sigan diciendo.

A lo mejor eso de considerar el trabajo asalariado como “sagrado”, es lo que se cuestiona con la desafección de este por parte de miles y miles de personas trabajadoras y “ausentarse de él y hacerlo masivamente” no es sino una buena terapia para reivindicar y poner la vida en el centro.

Pero como dice la canción...Se entera o no se entera la clase obrera... No se entera”.

Notas:

[1] Fueron privatizadas tierras, medios de producción, y despojados de cualquier medio comunal donde las personas se ganaban el sustento.

 [2] Estamos hablando de mucho tiempo de trabajo gratis, que, de convertirse en puestos de trabajo, rondarían entre los 350.000 a 450.000 al año.

[3]Me matan si no trabajo y si trabajo me matan… siempre me matan, me matan, ay, siempre me matan… Ayer vi a un niño jugando a que mataba a otro niño..., hay niños que se parecen a los hombres trabajando…” (Daniel Viglietti)

[4] 1,4 millones de personas no acudieron ningún día a su puesto de trabajo el año pasado, según datos de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). La CEOE pide que la Seguridad Social pague las bajas desde el primer día.

Actualmente, durante los tres primeros días de baja, si el convenio colectivo no lo establece, el trabajador no cobra ninguna prestación, hasta el día 15 las empresas cubren el 60% del salario y la cotización por enfermedad común, y a partir del día 16 corre a cargo de la Seguridad Social. 

El coste del absentismo por enfermedad certificada por la Seguridad Social y Mutuas en España en 2025 ascendió a 33.000 millones de euros, cifra que se ha triplicado en los últimos 10 años. Más de la mitad del total, 17.000 millones, fueron sufragados por las empresas, ya que la mayoría de las bajas no pasa de los 15 días.

[5] El presidente de la patronal de Castilla-La Mancha (capo de los capos empresariales manchegos), Ángel Nicolás, ha cuestionado la “fortaleza mental” de los jóvenes, a los que ha llamado “memos”. Es un problema de educación y de fortaleza mental. Ahora tenemos una baja no porque la empresa le haya maltratado, sino porque le ha dejado la novia. Tenemos una población joven que no es comparable a la nuestra. Sin ánimo de ofender, son unos memos.

[6] Las muertes en la construcción se disparan un 22%, pese a la mejora de la siniestralidad en 2025 y eso a pesar de contar con leyes específicas añadidas a la LPRL, que supuestamente tendrían que parar esta sangría humana.

 

 

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Alkimia es un espacio de reflexión donde miembros o personas afines al Anarcosindicalismo dan su punto de vista sobre temas de interés general. En una sociedad en la que los medios de desinformación moldean la realidad al antojo de los poderes económicos y políticos, cualquier nueva vía de contrainformación se hace necesaria para lograr que se pueda conocer la realidad de la vida cotidiana de las personas a la vez que pueda servir para su transformación.
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