Lo llaman democracia y no lo es

La actual democracia parlamentaria podría calificarse bien de un aborto de una democracia real o incluso de dictaduras elegibles cada 4 años.
20 ene 2026 12:33

A quienes siempre han dirigido los destinos de los mortales, otrora dioses, después caudillos por la “gracia de los dioses”, nunca les ha convenido que las gentes, sobre las que mandaban y siguen mandando, tengan algo que decir en esto de tomar decisiones que a ellas les afecten. Contemplar el modo de conducirse Trump, es recibir una lección en vivo de cómo actúa un dictador nato. Es de agradecer que el presidente de EEUU, a pecho descubierto, se manifieste como el emperador del imperio. Dice lo que piensa y hace lo que dice. Porque cree que puede. Y aunque se hable mucho ahora de Trump, este sería una mera anécdota, si no fuera porque maneja un poder que asusta.

Los sistemas llamados “democráticos”, desde que nacieron han ido “pariendo”, pero muy, pero muy lentamente, leyes raquíticas para ir creando el espejismo en el pueblo de que el “pueblo es soberano”. ¿A quién no le gusta sentirse soberano? Dueño de decidir por sí sobre cualquier asunto que afecte a sus vidas. Aunque hay quienes además anhelan decidir sobre las vidas y haciendas de los demás. Estos son los que asumen el poder por “delegación” que otorgan las urnas. El proceso que lleva desde las monarquías absolutas hasta los sistemas parlamentarios actuales se ha ido diseñando por las élites políticas de cada momento. Al principio, y siempre a “Golpes de Estado”, se crearon los parlamentos. Para que el populacho estuviera conforme, se celebraron elecciones. El censo electoral era reducido. Eso de una persona, un voto, iba a ser que no. Y de ese censo electoral solo un puñado de personas podrían presentarse para poder ser elegidos como representantes. Se decía y se sigue diciendo que representan al “pueblo”, al menos a los votantes de cada momento. Pero en realidad siempre, siempre, aunque la afirmación parezca radical (que lo es) al colectivo que lo apadrinaba. Un grupo, partido, facción, club, que pretendía, una vez obtuviera suficientes escaños,  intervenir en los negocios del Estado. De momento solo podían participar en las elecciones varones. Y al principio estos debían ser propietarios con un mínimo de rentas. Progresivamente, los requisitos para poder votar fueron disminuyendo, reduciéndose progresivamente el nivel de renta y la edad para poder ejercer el derecho a voto. El censo electoral se ampliaba. Más tarde, surgieron los ejércitos populares que puso en marcha la burguesía francesa para, según ellos, la defensa de la república naciente -1790-. Como al pueblo se le pedía el sacrificio de mandar a sus hijos a las guerras, el voto se amplió a muchos más varones. Algo más tarde la mujer, a fuerza de briega y lucha, consiguió entrar en el censo. Ante la avalancha de personas que podían participar en los procesos electorales, las élites no se inquietaron, ya que aunque millones tuvieran derecho a elegir, solo un reducidísimo grupo de personas podían ser elegidas. Y estas, solo estas, eran las que podían participar en las decisiones importantes para la marcha de la economía de los Estados. No contento, el poder real redujo aún más el círculo de personas a las que debía controlar para que las decisiones del Estado fueran siempre las adecuadas a sus intereses. Para ello se crearon los partidos políticos y las elecciones políticas en listas cerradas. Al fin y al cabo, entre uno o dos partidos se suelen articular los gobiernos. El espejismo de la democracia, del poder del pueblo, se anula totalmente, ya que el pueblo no puede nunca decidir sobre los asuntos que le afectan.

Pudiera ser que alguien pensara que esta reflexión rema en contra de la democracia. Nada más lejos. La propuesta pudiera identificarse, conectándola a un planteamiento radical (por lo de ir al fondo), como antiautoritaria. La actual democracia parlamentaria podría calificarse bien de un aborto de una democracia real o incluso de dictaduras elegibles cada 4 años.

Cualquier democracia debe permitir la participación directa, de quienes forman el “pueblo”, en las decisiones que les afecten.

Cualquier democracia debe permitir la participación directa, de quienes forman el “pueblo”, en las decisiones que les afecten. Listas abiertas. Circunscripciones pequeñas, donde las gentes se conozcan. Electores, pasada la infancia, todos. Elegibles quienes tengan un historial de vida laboral efectiva, y ello supone una edad suficiente para tener algo de experiencia vital y profesional. Y sobre todo que quienes manden en el país, prodigaran los referéndums. Que necesariamente deberían ser vinculantes, no meras consultas populares, y las decisiones que se adoptaran fueran claras y definitivas. Alguien se preguntará: visto lo expuesto, ¿para qué los partidos políticos? El que las personas puedan libremente asociarse por afinidad política es muy positivo. Los peros surgen cuando estas asociaciones dejan de ser democráticas en su seno y pretenden imponer sus postulados al conjunto de la población. Los partidos políticos son, sin duda, piezas claves para facilitar análisis, propuestas, al conjunto de la población para que se fundamente mejor el voto, cuando todo el censo electoral vote directamente en referéndum la mejor opción posible. Dejarían de ser grupos de poder para funcionar como asociaciones que hacen pedagogía política para que las gentes tengan buena información y criterios para ejercer su soberana voluntad en cada referéndum.

Las implicaciones consecuentes para que cada persona pueda ejercer su soberanía en cada referéndum son evidentes: acceso a la información, análisis y valoración de la misma y formación de la voluntad para ejercer el voto. La clave está en el tiempo disponible para ello y de la facilidad de acceso (transparencia) para acceder a la información.  Una sociedad conformada por productores que tiene hipotecado su tiempo vital por el sistema productivo y la reposición de la fuerza de trabajo no es compatible con el ejercicio soberano que supone la participación directa en la política. La gran reforma democrática que permitiría el ejercicio real de la voluntad individual, que conformaría sumándose la voluntad popular, pasa necesariamente por reducir el tiempo de trabajo de forma significativa. Quienes controlan el sistema productivo sí tienen tiempo para definir las políticas que les benefician. ¿Por qué el pueblo no?

Sobre este blog
Alkimia es un espacio de reflexión donde miembros o personas afines al Anarcosindicalismo dan su punto de vista sobre temas de interés general. En una sociedad en la que los medios de desinformación moldean la realidad al antojo de los poderes económicos y políticos, cualquier nueva vía de contrainformación se hace necesaria para lograr que se pueda conocer la realidad de la vida cotidiana de las personas a la vez que pueda servir para su transformación.
Ver listado completo

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Sobre este blog
Alkimia es un espacio de reflexión donde miembros o personas afines al Anarcosindicalismo dan su punto de vista sobre temas de interés general. En una sociedad en la que los medios de desinformación moldean la realidad al antojo de los poderes económicos y políticos, cualquier nueva vía de contrainformación se hace necesaria para lograr que se pueda conocer la realidad de la vida cotidiana de las personas a la vez que pueda servir para su transformación.
Ver listado completo
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...