Alicante
Cine de animación para reflejar el sufrimiento y la lucha del pueblo palestino
Las tres organizaciones de solidaridad con Palestina de la ciudad de Alacant(Asamblea Universitaria por Palestina, En Pie por Palestina y BDS País Valencià) han organizado para este viernes 18 y sábado 19 de septiembre el Festival Palestina Animada. La programación, junto a películas realizadas por cineastas profesionales, incluye también audiovisuales realizados en talleres con niños, niñas y jóvenes que residen tanto en Gaza como en Cisjordania. Las sesiones tendrán lugar en el salón de actos del MACA (Museo de Arte Contemporáneo de Alicante), e incluyen una charla coloquio con Rami Abbas y Samira Badran, cineastas palestinos que forman parte del colectivo que agrupa a los artistas y cineastas cuyos trabajos serán proyectados.
Samira Badran cuenta que impulsaron el colectivo Palestina Animada “como reacción al genocidio de Gaza, sentíamos urgencia de hacer algo, de actuar”. Comenzaron a trabajar con directores y directoras palestinas, también con Ángeles Cabria, activista por los derechos humanos que participará también en la edición alicantina del festival, así como con el cineasta noruego Mats Grorud, cuyo film animado “The Tower” será proyectado en la sesión inaugural, para tratar de difundir las obras de creadores palestinos. Badran explica que el objetivo es “contar historias para luchar contra la deshumanización de nuestro pueblo, con un enfoque artístico y que sirva para difundir el amor que tenemos las palestinas y palestinos hacia nuestra tierra”.
Badran es una artista visual, que nació en Libia aunque su infancia transcurrió en Cisjordania. “Mi padre era un artista especialista en arte islámico y vivía en Jerusalén, pero tras la Nakba de 1948 ocuparon la escuela superior donde enseñaba, y la casa donde vivían en Ramalá fue bombardeada y quedó medio destruida”. Sus padres tuvieron que salir de su tierra, primero hacia Jordania, después a Siria, y de ahí a Libia, donde la UNESCO empleó a su padre. Pero en el 1962 volvió con su familia a Ramallah, donde vivió la ocupación y la guerra de 1967. “Marcó mi vida realmente, porque la existencia cambió por completo, las ciudades se llenaron de puntos de control, de patrullas de soldados, de toques de queda, se cerraron las escuelas”.
A través del grabado, la pintura y los dibujos, trabaja sobre la memoria colectiva de su pueblo. “En la década del 2000, empecé a ir a Ramala a dar clases de dibujo. Y experimenté el cambio de la geografía palestina después del desastre de los acuerdos de Oslo, empezó a fragmentarse aún más”. En su cortometraje de animación, Memoria de la tierra, aborda precisamente “la dificultad del movimiento, los espacios de control, he tratado de mezclar tres geografías: la geografía del territorio o la tierra fragmentada, la geografía del cuerpo y la geografía de la memoria”.
Marcadas las tres por “la ocupación colonial por esta superposición de tantos estratos de violencia que se aplican en la vida diaria palestina”. A través de unas piernas mutiladas que, pese a todo, siguen caminando, intenta representar como una expresión de libertad, las violencias que padecen bajo la ocupación colonial. “En Palestina hay miles de cuerpos mutilados, y quería expresar con estas piernas que atraviesan obstaculos, dificultades, pero siguen vivas”. El escenario, el cruce de un check point, “un lugar donde suceden muchas violencias juntas, donde se materializa el pensamiento colonial que nos deshumaniza, que interroga, que controla, que te puede detener y te puede torturar”.
“Están haciendo cortos de animación desde dentro del genocidio, reflejando sus ganas de ser libres, de salir, de jugar, incluso a través del humor”
Badran señala que otro objetivo importante de Palestina Animada es “crear vínculos entre nosotras, colaborar, ayudarnos, porque todo el dinero que recaudemos de estas proyecciones van para los artistas que siguen viviendo en Gaza, para ayudarlos a ellos y a sus familias, que aún están allí, viviendo y creando en las circunstancias terribles”.
Uno de estos casos es el de la creadora Haneen Koraz. Badran cuenta que antes de la ofensiva actual, Koraz daba clases a niñas y niños de animación, y que fueron quienes, en medio de la destrucción y viviendo desplazados en tiendas de campañas, le animaron para que volviera a darles clases. “Están haciendo cortos de animación desde dentro del genocidio, reflejando sus ganas de ser libres, de salir, de jugar, incluso a través del humor, ese es el espíritu, intentar tirar para adelante pese a todo el horror que están viviendo”, relata Badran.
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