Crónica: flores como almas sobre el Ebro

El pasado sábado tuvo lugar en Logroño una acción conmovedora, de las que dejan huella: el homenaje que organizó la Plataforma Bienvenidos Refugiados de La Rioja a las 40.000 personas ahogadas en el Mediterráneo en su intento de alcanzar tierra europea.

Manifestación refugiadas Logroño
Manifestación de la plataforma Bienvenidos Refugiados en Logroño Carlos González Manzanares

publicado
2018-06-24 18:00:00

A lo largo de las últimas semanas la Plataforma Bienvenidos Refugiados, con la colaboración del Ateneo Riojano, ha realizado diversos actos con motivo del día del refugiado, desde la presentación interdisciplinar y colaborativa de una treintena de mujeres artistas con el título de “miradas refugiadas” a los actos de la última semana, con proyecciones documentales, debates y charlas, que han culminado con el homenaje del pasado sábado en Logroño. Todos ellos se han caracterizado por su consciencia, sensibilidad, coherencia y calidad humana. Un rayo de esperanza necesario, que invita a la acción y al compromiso en estos tiempos oscuros.

¿Os habéis preguntado cuánto espacio ocupan 40.000 personas con sus nombres, o sin ellos, escritos en un rollo de papel? Muchos. Muchísimos metros. Mirar la larga lista que yacía sobre el suelo en el punto de salida de la manifestación y escrutar algún nombre hacía sentir un vacío, el peso de su ausencia.

El acto inició con la lectura de un comunicado desde el balcón del Ateneo Riojano en el que se expresaba la voluntad de reescribir “la historia de la insensibilidad de nuestros gobiernos ante las más de 40.000 personas muertas tratando de huir de la guerra, la persecución o una muerte segura”. Se alertaba frente a la deriva xenófoba y hacia la ultraderecha en Europa y se trasladaban demandas al gobierno entrante como el cumplimiento de los compromisos de acogida, la apertura de fronteras, el cierre de los CIES, la retirada de concertinas, o la incorporación de la obligatoriedad del respeto a los derechos humanos en la Carta Magna y la creación de un Observatorio de Derechos Humanos independiente.

La poeta Noemí Calvo acompañada de música cerró el momento: “Las flores que hoy recogeremos de este río que transita nuestra ciudad no son flores, son almas. Son almas de niños, de mujeres, de hombres ahogados por el cansancio y las aguas de un mar que ya no es de veranos en la playa, sino un cementerio de injusticias. Cerrad los ojos, abrid las almas. Cada flor es otro corazón hundido en las profundidades de un mar de los que no hicisteis nada […] Pero hoy quiero quedarme con los ojos que acogen, con las manos que alzan, con las mantas para ayudarnos, con los besos de las voluntarias a los hijos que nacen de mis entrañas. Quiero quedarme con las músicas diversas que suenan por igual. Quiero quedarme con las flores, con las risas, con las personas que no miran de dónde vengo, sino a dónde vamos”.

A continuación, la comitiva inició su marcha. Decenas de personas portaban la lista de nombres mientras otras llevaban pancartas y globos con mensajes al son de la gaita y los tambores. Una parada en el camino, otra lectura, y la manifestación se dirigió hacia el Puente de Hierro de Logroño. Un puente tendido que conecta dos orillas. Y un puente ausente, el de la política migratoria de la Unión Europea, que contribuye día a día a las muertes en el Mediterráneo y a las violaciones de derechos humanos fundamentales tanto en tránsito como en destino.

A lo largo del puente se apostaron decenas de personas sosteniendo al aire el listado de nombres. Otras avanzaron algo más con las pancartas para contemplar la escena desde la margen norte del río. Se extendió el silencio, ensordecedor, hasta que una artista hizo vibrar su violoncello tocando ‘El cant dels ocells’. Es sin duda difícil transmitir la emoción y belleza del momento. En unos instantes decenas de manos lanzaron flores para inundar las aguas del río. Flores como almas sobre el Ebro.

Minutos después, mientras continuaba la música, varias personas enmascaradas de blanco en piraguas fueron recogiendo las flores y trasladándolas a tierra firme, representando la solidaridad anónima que salva vidas ante la inacción de nuestros gobernantes. Solidaridad a la que se criminaliza, con juicios como los llevados a cabo contra Open Arms o contra los bomberos sevillanos, acusaciones a ONGs y propuestas de leyes xenofóbas como la del gobierno de Orban en Hungría que pretende castigar con penas de un año de cárcel a quienes se solidarizan con las personas migrantes.

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1 Comentario
Dolores Besga 10:58 25/6/2018

Me parece maravilloso que existamos personas que apoyemos a los refugiados.

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