Industria alimentaria
La huelga de las mujeres de la conserva y las listas de antigüedad

El pasado 28 de junio se realizó una jornada de huelga con motivo de la negociación del convenio estatal de conservas vegetales.

Temporeras andaluzas Navarra
Varias cestas en uno de los terrenos de Mendavia, en la Ribera Alta navarra, donde termina en junio la temporada de espárragos. Jone Arzoz

publicado
2018-07-10 10:33:00

El pasado 28 de junio se realizó una jornada de huelga con motivo de la negociación del convenio estatal de conservas vegetales. Un sector con mayoría de mujeres trabajadoras y que tiene su epicentro en La Rioja, Navarra, Valencia, Extremadura y sobre todo en la Región de Murcia, donde trabajan más de 8.000 trabajadoras y trabajadores.

En la industria de la conserva, a diferencia de otros sectores agroalimentarios como almacenes de manipulado y campo, hay unos derechos adquiridos, unos convenios y un sistema especial de la seguridad social conseguido tras décadas de conflictos que en general se cumplen, o dicho de otra manera, las trabajadoras lo hacen cumplir, aunque no siempre fue así. También la diferencia la marca la existencia de un movimiento sindical aglutinado en torno a secciones sindicales y comités de empresa muy consolidados. Pero repito, no siempre fue así.

En los años 80 el motor y protagonismo de estas huelgas correspondió a las mujeres mayores del sector que, después de toda una vida trabajando en las fábricas de la conserva --incluso en muchos casos desde edades infantiles-- no podían ni jubilarse, por no haber cotizado todos los días trabajados, ni acceder a pensión alguna al final de su vida laboral.

Pero la huelga del pasado 28 de junio tiene otro cariz dado que el motor decisivo y protagonismo ha sido llevado a cabo por jóvenes mujeres trabajadoras.

El escollo principal en las negociaciones es la pretensión, por parte de la patronal, de cargarse las listas de antigüedad que son la regulación ordenada del llamamiento para trabajar en las campañas. Estas campañas son estacionales y con una relación laboral regulada en torno a los contratos Fijos-discontinuos y las listas de antigüedad.

Las listas de antigüedad se consiguieron en su momento con la presión sindical como forma y garantía para proteger a las mayores respecto a las jóvenes, o también a las trabajadoras que se organizaban frente a las que no. También se conquistaron cuando en otros tiempos no tan lejanos, al inicio de una campaña, cientos, y en algunos casos, miles de mujeres se agolpaban en las puertas de las fábricas a espera de que el encargado de turno dijera: “tú si, tú no”.

Cuando las empresas llaman a las trabajadoras se les llama por orden de antigüedad. Si a una trabajadora no le llaman y sin embargo están llamando en otro orden distinto al de la lista de antigüedad, la trabajadora puede considerarse despedida y ejercer unos derechos.

Pero ahora, las empresas quieren empezar a eliminar las listas y desregular el orden de llamamiento. Quieren hacerlo de golpe pero no pueden, ya que las listas de antigüedad están tan implantadas en la cabeza de la gente y su memoria colectiva que tienen que ir desmantelándolas poco a poco, apoyándose en algunos casos incluso de sentencias judiciales que abran el camino para su no aplicación, en lo que las empresas llaman “creación de nuevos productos y secciones”.

Esa es la vía para demoler las listas de antigüedad y sustituir una plantilla unida y con sentimiento colectivo de pertenencia y fuerza, por plantillas divididas en secciones e intereses distintos, imponiéndose la ley de la selva que ya existe en otros sectores agroalimentarios. Lo más vergonzoso es que en el campo, un sector donde había un convenio único regional, que daba una fortaleza excepcional al movimiento jornalero de los años 80, se dividió, con la complicidad en su momento de la federación de la tierra de UGT, en 4 convenios. Actualmente si recoges lechugas, es un convenio, y si recoges cítricos, otro, aun siendo del mismo pueblo. Eso rompió el sector.

Después vinieron las ETTs y tras ello, como digo, la ley de la selva. Ya se sabe que la tendencia los últimos años es precarizar, desregular, flexibilizar, externalizar e individualizar lo máximo las relaciones laborales, dicho de otra manera, volver a los tiempos oscuros donde todos los derechos adquiridos tras grandes e históricas movilizaciones e hitos se vulneran y se pierdan.

No sería extraño este objetivo en el sector conservero, porque estas patronales contras las que actualmente se hace huelga, son las mismas a las que plantamos cara antaño otras generaciones. Prácticamente las mismas familias que a bases de huelgas las trabajadoras consiguieron domar, para que asumieran los derechos laborales en el sector, entre ellos las cotizaciones sociales, los cumplimientos del convenio colectivo, el hecho sindical y los comités de empresa.

Esto último costó mucha lucha y sufrimiento para que fuera asumido por unos empresarios que eran también caciques locales con mucho poder. De hecho no fue hasta los años 80, con la extensión masiva de las elecciones sindicales reales, fábrica a fábrica y pueblo a pueblo, cuando se consiguió. La democracia aún tardó más de 15 años en entrar de forma normalizada en la industria conservera. Y ahora, en un sector de más de 8.000 trabajadoras y trabajadores en la región de Murcia con empresas muy rentables y con gran nombre internacional, con comités de empresa y sindicatos muy consolidados, algún viejo asesor de mente calenturienta o algunos empresarios, viejos conocidos desde el inicio del sindicalismo en alimentación, posiblemente están soñando con volver a tiempos pasados e imponer lo que ya han logrado en otros sectores del agro, una desregulación extrema. Parece, por el apoyo masivo a la huelga del 28 de junio que las empresas y sus viejos asesores lo van a tener muy difícil, si las movilizaciones continúan con más fuerza aún de forma potente y continuada.

Ya digo, ahora casi nada en el sector es como antes. También hubo un tiempo que existían “la pasarela” o “la chorrá”. La pasarela consistía en una estructura metálica donde había un encargado paseando por encima de las cintas, de las líneas de trabajo, y con una megafonía gritaba “tú, puta, trabaja más rápido”, “marrana, no hables tanto” y más escarnios que no se pueden reproducir aquí. Luego estaban “las chorrás”, que consistían en entrar 15 minutos antes del horario establecido y salir 15 minutos después. Esos 30 minutos no se cobraban y era producción coste laboral cero para el empresario.

En definitiva algunos empresarios que tienen capitales en la industria, pero también en el campo y en los almacenes, sueñan con hacer con las trabajadoras y trabajadoras de la industria conservera lo mismo que hicieron en otros tiempos y, que actualmente se está haciendo con las jornaleras y jornaleros del campo.

Eso parece, pero ya digo que les va a resultar muy difícil porque con las mujeres de la conserva al frente, les va a ser muy difícil en las fábricas volver a los viejos abusos y la ya conocida explotación.

Puede, como ya he dicho, que nada es en el sector sea como antes, pero en los rostros de las mujeres jóvenes que protagonizaron la huelga del 28 de julio sí hay algo que se perpetúa a través de las generaciones, el mismo orgullo y la misma fuerza que tuvieron y tienen sus madres y abuelas en los años 80 para defender sus derechos laborales. Hay mucha memoria y dignidad.

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3 Comentarios
#20150 7:31 11/7/2018

Esté artículo plasma la pura realidad y el que tenga dudas que pregunte a las trabajadoras del sector. No perderán sus derechos sin lucha.

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#20141 24:31 10/7/2018

Entiendo que desde El Salto se desconoce la realidad de los MMSS murcianos, pero preguntad por la persona que escribe esto y habrá sorpresas.

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#20149 7:23 11/7/2018

Igual preguntamos por quien eres tú, nos llevaríamos una sorpresa?? Da igual quién haya escrito el artículo. Plasma la pura realidad, la de antaño y la actual

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